NARRA MICHAEL HIDALGO Estaba aterrado. Mis manos temblaban y trataba de mantener compostura. Ella a mi lado intentando calmarme y mi respiración subiendo y bajando con fuerza. Era mi bebé el que iba en ese vientre. Y era mi esposa quien sentís dolor. Me moría en vida y quería acabar con todo lo más rápido posible. Al llegar a la clínica sentí la paz que necesitaba. Sabía que ya finalmente todo acabaría. Fui en busca de una enfermera para bajar a Mía de automóvil. Varias vinieron y subieron su pesado cuerpo en una silla de ruedas. De ese modo sería más fácil llevarla hasta la sala de emergencia y hacer la cesaría. Nunca solté su mano. Ella sonreía y trataba de calmarme. Mientras tomaba su vientre con fuerza y trataba de no quejarse. —Estoy bien.—Repetía tomando mi mano.—Puedes re

