CAPÍTULO DIEZ Avery llamó al 911 con el arma apuntando a George. Usó su walkie-talkie para pedir refuerzos. Ramírez no podía creer lo estúpido que había sido, ni cuánto le dolía la herida. Cada tanto, sacudía la cabeza y murmuraba para sí mismo. "No puedo creer que este mocoso se me adelantó." "Es rápido," dijo Avery. "¿Has estado entrenando, George? ¿En el ejército? ¿En la naval? ¿Así fue que pudiste s********r a Cindy?" George estaba sentado de piernas cruzadas y en silencio, con la cabeza baja. "¿Cómo está la herida?" preguntó Avery a Ramírez. "No lo sé. Puedo respirar, así que le erró al pulmón. Pero la hija de perra duele." Luego se detuvo y la miró con asombro. "Gracias, Black. Me protegiste. Te debo una." Cuando llegó la ambulancia, el equipo de emergencias le aplicó pres

