—Solo dilo —le dije. —Bueno… Damian está evolucionando bien y tú ya estás casi en término. Creo que es hora de que te traslades a la ciudad —sugirió, sin que quedara claro si lo decía como recomendación o como orden. Me giré hacia él y dejé el plato con el pastel sobre la cama. —No voy a dejar a Damian —respondí con firmeza. —Valeria, le prometí a Damian que darías a luz en un hospital de verdad. Este no es un lugar adecuado para que nazca un bebé —replicó. —Entonces trae todo aquí: comadronas, médicos, lo que haga falta. O el doctor Wilson asistirá el parto de mi bebé —dije, volviendo a comer el pastel. No tenía intención de seguir discutiendo el asunto. Acababa de arruinar un día perfecto y, para colmo, el pastel ya no me sabía a nada. Él estaba distraído con el último escándalo, p

