Prefacio.
Orlando es un hombre de una familia de la más acaudalada de la capital de México. Es hijo único y su padre espera que él con el tiempo pueda cambiar porque es un mujeriego empedernido, derrochador por excelencia, no hace más que ir de antro en antro cada noche sin excepción. Se pasa los días durmiendo; no le gusta trabajar ni hacer nada productivo, pero todo eso se debe a la crianza que le dio su madre.
Cansado y sin saber que hacer su padre lo amenazó con enviarlo a los estados unidos a estudiar nuevamente otra profesión aparte de la que ya tiene, sin embargo, ese mismo día él conoció a una mujer que le pareció hermosa, ella estaba vendiendo flores, parada en un semáforo a él le gusto la chica, pero nada fuera de lo normal. Debía buscar un nuevo motivo para que su padre lo dejara en paz o encontrar a una persona a quien molestar, la muchacha de familia humilde cuando vio que ese hombre de otra clase social muy diferente a la suya la visitó en tres ocasiones a su puesto de flores se enamoró perdidamente de él o bueno, en realidad de su dinero, en cambio, él no se interesó, sino que vio en ella la facilidad de molestar a su padre.
Se casó con la muchacha usando un simple contrato que se rompería en cuanto él así lo quisiera, y sin cambiar la ropa toda descolorida de su nueva esposa se presentó ante su padre quien le lanzó el primer cenicero que encontró y le dijo — desde hoy ya no eres mi hijo y al menos que vengas dispuesto a seguir mi regla no obtendrás un solo peso de mi parte—, hizo que sacaran a su hijo junto a su nueva esposa quien no le agrado la situación, mientras él sonrió pensando que eso era rabieta de su padre y que se le pasara muy rápido.
—Vamos a un hotel, mañana él enviará a uno de sus empleados por mí—, la muchacha sonrió y siguió a su esposo.
—Señor, su tarjeta fue cancelada- le dijo el recepcionista del costoso hotel cinco estrellas.
—Qué demonios dice prueba otra vez, o si no mira con estas— reclamo furioso mientras sacaba de su cartera ocho tarjetas las cuales tiró sobre el mostrador. El recepcionista negó devolviéndolas todas porque estaban canceladas, sin dinero acudió a un amigo quien le dio alojamiento por tres días y el padre de Orlando no se molestó en llamarlo.
Caprichoso y muy soberbio se propuso que no iría a pedirle perdón a su padre y luego de buscar trabajo por más de un mes en ninguna empresa lo aceptaron porque no tenía experiencia laboral, solo un título universitario que era necesario, pero como nunca en su vida ha trabajado ellos no les prestaron atención a sus estudios académicos sumándole a eso que su padre también era culpable de que lo desaprobaran en cada empleo que buscaba.
—Tengo a un conocido que tiene una hacienda muy hermosa haya en Tijuana y él necesita a un capataz, la paga no será mala aparte de que te dan casa y comida; también tómalo como un respiro lejos de la ciudad a si tu padre se calma en lo que está por allá—, le recomendó su amigo después de mantenerlo a él y a esa mujer por dos largos y fastidiosos meses.
Orlando no sabía cuál era la función de un capataz, pero los problemas que se le estaban sumando, más las discusiones con la esposa que no se quería apartar de su lado a pesar de haber eliminado el contrato; debía ir a vivir a una jungla como a si él le llamaba para hacer que esa mujer lo dejara en paz y se marchara de su lado.
—Dile a tu amigo que acepto—, accedió gustoso, puesto que nada es peor que estar al lado de esa mujer que después que se convirtió en su esposa ya no quería vender flores porque le avergonzaba.