🖤
El camino es silencioso.
Pero dentro de mi cabeza… no hay silencio.
Hay ruido.
Imágenes. Fragmentos.
Su cuerpo debajo de él. Su rostro, recién despierta, despeinada. Sus ojos chiquitos. Esa mirada que era solo para mí… y que ahora alguien más tendría en su memoria.
Porque aunque no estuve ahí… en mi mente puedo ver exactamente lo que pasó. Y eso es algo que me va a atormentar por mucho tiempo.
Aprieto los puños con más fuerza de la necesaria.
Porque si aflojo… si me permito pensar un segundo más… voy a regresar.
Y esta vez no voy a detenerme hasta matarlo.
O hasta matarme yo.
El chofer detiene el auto cuando llegamos. Me bajo con él, de la mano, y lo llevo hasta la entrada.
—Te recojo yo mismo. Si viene alguien más por ti, no vayas, ¿está bien? —le digo a Patricio cuando nos detenemos.
Mi voz suena normal.
Eso es lo peor.
Él asiente. Se inclina hacia mí y deja un beso en mi mejilla.
—Te quiero mucho, Eros.
Algo se aprieta en mi pecho.
—Estaba triste cuando Vicky dijo que nos iríamos lejos… —dice en voz baja—. No quiero irme. No quiero dejarte… papá.
Esa palabra.
Otra vez.
Siempre me la dice en los peores momentos… como si supiera que estoy peleando conmigo mismo por dentro.
Cierro los ojos un segundo.
Papá.
Porque no sé si merezco escucharla.
No sé si tengo derecho a quedarme con algo así… después de lo que hice.
Después de lo que ella hizo. Sobre todo sin saber lo que pasará.
Lo abrazo. Fuerte. Más de lo que debería.nComo si al soltarlo… algo definitivo se fuera a romper. No debería. Pero quiero aferrarme a este momento más de lo que debo.
No digo nada. No tengo respuestas.
No sé si cuando vuelva a casa… ella va a seguir siendo mía. O si ya la perdí. Y lo peor… es que no sé si puedo perdonarla.
El camino a casa se hace demasiado rápido. Tanto que no puedo ni pensar.
Cuando llego… ella está ahí. Como si nada. Con una bata. El cabello húmedo. Y eso me enferma.
Porque yo… yo no estoy bien.
—Un familiar mío tuvo un accidente y no me dijeron en qué hospital está. Quisiera saber si lo llevaron al suyo —dice sosteniendo el teléfono en su mano—. Sí, claro… el nombre. Andrew Winchester.
Aprieto los puños.
Ella debería estar pensando en lo que pasará ahora. No buscándolo a él. Como si nada de lo que pasó importara.
Y eso… me quema.
—Lo llevaron a MedStar —respondo—. No lo iba a dejar morir… aunque lo mereciera.
Ella corta la llamada. No sé si tuvo respuesta. No me importa.
—¿Por qué?
La miro.
Y la respuesta sale sola.
—Porque tocó lo que es mío.
—No soy tuya…
Esa frase. Ese maldito susurro.
Me parte.
Pero no lo dejo ver.
No puedo.
Porque si acepto eso… si la dejo ir… me quedo sin nada.
—Andrew sabía perfectamente lo que significas para mí —digo, más bajo.
—¿Y qué significó para ti? —pregunta.
No respondo.
Porque la respuesta existe. Y ella lo sabe. Todos lo saben.
Le quito la toalla del cabello. Su pelo cae húmedo sobre su rostro.
La imagen me golpea. Fuerte.
—Así es como te conocí…
La levanto en brazos. No porque quiera.
Porque necesito sentir que todavía puedo tocarla… sin imaginarlo a él en mi lugar.
La llevo a la habitación. La dejo frente al espejo.
Nos miro. A los dos. Juntos. Yo detrás de ella.
—Desde el primer momento en que te vi… —susurro, mi aliento bajando por su oído, su cuello, su maldita piel— supe que te quería para mí.
Silencio.
—Fue como un maldito cortocircuito… como si algo se hubiera encendido dentro de mí.
Trago saliva.
—He hecho más de lo que te imaginas por ti… he vivido para ti estos años.
Y eso es verdad. Demasiado verdad.
—¿Eso no te dice nada?
—No.
Una sola palabra. Y es suficiente.
Suficiente para destruir todo lo que creí que éramos.
—Todo lo que he hecho no significa nada. ¿Por qué una simple palabra significa tanto para ti?
—No lo hacía… no la necesitaba —dice, y su voz tiembla—. Confiaba en ti… hasta que me enteré que había otra mujer.
Levanta la mirada. Sus ojos se llenan de lágrimas. Y no puedo verla llorar.
—O mejor dicho… que yo era la otra.
Cierro los ojos un segundo.
No por culpa. Por rabia. Porque no hubo tiempo. Porque no me dio ni siquiera el beneficio de la duda.
—No llores —digo frío—. No tienes derecho.
Porque si ella llora… yo voy a sentir algo. Y ahora mismo… no puedo permitírmelo.
—No después de lo que hiciste.
La miro. Y lo digo. Porque es verdad.
—Quiero matarlo.
Mi voz no tiembla.
—Pero también quiero matarte a ti.
Silencio.
—Hazlo. Por qué ya no hay manera de que pueda ser feliz a tu lado.
Y ahí está.
La Victoria que conozco.
Sin miedo. Sin retroceder. Como si supiera… que no puedo.
Y la odio por eso. Por conocerme más de lo que me conozco a mí mismo.
La giro. Mis ojos se pierden en los suyos.
La beso. No es deseo. No es amor. Es desesperación.
Es una maldita necesidad de borrar todo lo que mi mente me muestra una y otra vez.
Su cuerpo tiembla. Sus manos se sujetan de mis brazos. Quiero seguir. Borrar cada rastro de Andrew. Pero no puedo… cierro los ojos
La veo con él.
La veo perdiéndose en él.
La veo dándole lo que era mío.
Me separo de golpe. No puedo respirar.
—No… —murmuro—. No va a funcionar.
Paso una mano por mi rostro. Siento que me estoy rompiendo. Y no hay forma de detenerlo.
—No puedo… Recoge tus cosas… y vete.
Silencio.
Ella se levanta. Se cubre. No dice nada.
—Patricio… —susurra.
Esa palabra me golpea distinto.
Más profundo. Más real.
Y ahí… es donde tomo la decisión más egoísta de todas.
—Él se quedará conmigo.
Porque aunque la pierda a ella… no pienso perderlo a él también.