Sí, lo era. Él sostuvo su mirada mientras intentaba luchar contra el creciente placer. Ella lo observaba a los ojos. Sabía lo que le gustaba: el sudor, sus largas y profundas miradas, los sonidos de su pasión, la sensación de su cuerpo apretado contra el suyo mientras lo envolvía y lo abrazaba con fuerza, sobre todo apretándolo. Esta noche, lo tenía todo. Mientras movía las caderas, hundió la cara en su cuello, su aliento caliente mientras jadeaba y jadeaba. La abrazó. Ella empezó a embestir con más fuerza mientras él intentaba contener el orgasmo, sin querer que este momento perfecto terminara. —Resiste —susurró—. No quiero dejar de follarte nunca. "Joder", gruñó él, y sus palabras sembraron la semilla de su orgasmo. Era una bruja y estaba hechizándolo. "No vengas, sigue follándome, s

