Eva se quedó ahí sentada, sin moverse, impactada. Se sentía mareada, como si estuviera perdiendo el control. Había confiado en sus jefes, que le habían hecho grandes promesas. Les había entregado su tiempo, había trabajado cumpliendo unos horarios espantosos y había puesto su futuro en sus manos para ahora verse así. Se sentía como un juguete usado que ya nadie quería. Les miró con atención a los ojos mientras una pequeña llama de odio se prendía en ella. Ellos no conocían nada de su vida. No sabían si podía compartir la tutela de sus hijos, ni siquiera se molestaron en preguntar antes de descartarla, por lo que, dijera lo que dijera, daban por sentado que no era válida y todo lo que había demostrado hasta la fecha quedaba ensombrecido por... ―¿cómo lo habían llamado? ¡Ah, sí!― "la carga

