Devon llevaba un vestido de un intenso color amatista, cuyo color contrastaba a la perfección con su cabello. El vestido, de manga larga, le llegaba justo por debajo de las rodillas y tenía un conjunto decorativo de fruncidos en la cintura. Un bolero a juego le rodeaba la nuca y le acariciaba los costados del pecho al desaparecer tras ella de una forma que le provocó envidia. El colgante que llevaba en el cuello era pesado y tosco, hecho de cadena, con una gran flor plateada brillante que se ajustaba a la V del vestido y atraía su mirada. El colgante era, obviamente, un disfraz, pero ¡caramba !, funcionaba. —Dios mío —susurró. Hasta Heather lo miraba fijamente. Devon pasó las manos por el vestido. "¿Qué? ¿No te gusta?", bromeó. "No. Yo...", se mordió la lengua para cortar la palabra "jo

