PRIMER DÍA
CAPÍTULO 1
CAMILE
Daban las cinco de la mañana cuando mi pie derecho pisó el aeropuerto. Estaban por publicarse las listas con los pilotos asignados de cada sobrecargo y me encontraba ansiosa por saber quién sería mi siguiente piloto, a quién le adjudicaría mi próxima aventura. El Sr. McAllen había sido extraordinario, y rogaba por ser parte de su equipo nuevamente.
─ ¿Brian... Mouque?─La confusión en mi rostro era gigantesca. No tenía la más mínima idea de quién pudiera ser él, pues era prácticamente nueva en el lugar, seis meses se tomaban como nada.
Tina, mi buena amiga y compañera. Acababa de llegar y sólo miré cómo corría ansiosa hacía las listas. Su rostro mostraba desespero, si no veía ya las listas, quizá estallaría.
No pude evitar sonreír burlesca desde mi posición, viéndola señalar con su dedo, hasta que por fin, encontró su nombre.
─Me tocó con McAllen ─dijo, al tenerme a su lado.
─Vaya suerte, es un piloto encantador ─comenté─. Me tocó con él la ronda pasada. En navidad me obsequió unos chocolates exquisitos, y su esposa cocina de maravilla, tuve la dicha de conocerla cuando viajamos a España.
Y a ella pareció importarle un carajo lo que pude decir. Su curiosidad era mayor.
─ ¿Con quién volarás esta ronda?
─No lo sé, no lo conozco. Su nombre es Mouque, Brian Mouque.
Tina guardó silencio un par de segundos, su boca formó una gran línea recta.
─ ¿Bromeas?, ¿Y yo soy la de la suerte? ─Fue en ese momento, cuando la emoción brotó como cascada desde su más íntimo ser.
─ ¿También tiene una esposa con sazón único? ─No pude evitar burlarme, ¿es que acaso había algo más importante?
Iniciamos camino hacia nuestros nuevos puestos, era hora de comenzar a trabajar.
─No, pero... ─Hizo una pausa, quizá imaginando al hombre─ Es el piloto más ardiente del país, y por supuesto, un rompe corazones ─aclaró.
─Golpéame, porque sigo votando a favor del sazón de la Sra. McAllen.
Bufó en rotunda desaprobación a mi comentario anterior. Ella no me comprendía.
─ Estás loca, Camile. Cuando lo veas, querrás morir y te arrepentirás de pensar que la comida de la Sra. McAllen es mejor.
─Tina... ─No pude evitar reír, y es que a veces ella olvidaba un pequeño detalle─ Tengo novio.
─Oh, cierto. Lo había olvidado. ─Su sarcasmo fue casi palpable─ Con eso de que es un patán.
Tan sólo le ignoré, negando sonriente. De cierto tiempo para acá, ella había decidido detestarlo sin importar gritarlo a los cuatro vientos. Por suerte, nuestros vuelos aún demorarían. Llegar a esas tantas de la madrugada sólo se debió a la curiosidad de la publicación de las listas. Decidimos que un buen desayuno era aquello que nos merecíamos, lo que nos hacía falta para comenzar bien esta bella mañana de trabajo.
─¿Ya viste el humor con el que llegó René? ─Preguntó Tina con desagrado.
─Sabes que no me gusta siquiera mirarlas. Siento que me comen con la mirada ─respondí, refiriéndome a un grupo especial de sobrecargos. Altaneras y mimadas.
─Las odio ─gruñó Tina, tomando un sorbo de su café.
─Yo odio la comida de aquí .─Mis hombros se encogieron─ Pero, ni modo.
Llegó la hora de regresar a la aerolínea, ambas caminábamos con nuestro café en mano.
─Oh, ¡Santo Cielo! ─Exclamó Tina en secreto y quedando petrificada, tal cual estatua─ Detenme la quijada que se cae hasta el suelo.
No pude evitar reír, ella siempre con sus ridiculeces.
─ ¿Qué acabas de decir?
─Tu nuevo piloto se ve de maravilla el día de hoy. Dichosa tú que lo tendrás tan cerca seis maravillosos meses. Oficialmente, te odio.
Negué divertida, Tina a veces podía exagerar las cosas. Sin embargo, decidí dirigir la mirada hacía el lugar en el que susodicho se encontraba. Lo que mis ojos toparon, no tiene explicación─ ¿Es él? ─Solté, y mi café estuvo a punto de resbalar por mis manos debido a la impresión que ese sujeto causó en mi interior.
Tina soltó un ruidoso y enamoradizo suspiro.
─ Te dije que era un bombón.
Debo admitir, Tina no estaba exagerando esta vez. Veía a un piloto de gran porte, único, serio, recatado, atractivo...-Entre muchos otros adjetivos calificativos positivos- atravesar los pasillos. Pasó por un lado de nosotras, y ni siquiera nos miró.
─¿Te has dado cuenta de lo altanero que parece?
─¿Eso interesa? Es un cuerpo listo para Playboy ─Tina se encontraba embobada sobre su paso.
Tan solo pude poner mis ojos en blanco.
─ Te avisaré qué tal.
─Te odio amiga, te odio. Si no lo haces tuyo, ¡Te asesino! ─Musitó, retrocediendo lentamente.
─Mi mejor amiga me asesinará entonces, porque... tengo novio ─aclaré de nuevo con una amplia sonrisa.
Atravesaba los pasillos, lista para abordar nuestro avión, pero al pasar por una de las oficinas de coordinación, escuché cómo Bettany rogaba al gerente un cambio de piloto.
─Vamos, Tomás. ¡No te cuesta nada!, sólo cambia mi nombre.
─Lo siento Bett, pero las cosas ya están hechas, y las listas ya pasaron a los técnicos administrativos. Prometo acomodarte donde quieras el próximo semestre.
─¡Quiero viajar con Mouque! ─Chilló.
─Que no, Bettany ─dijo con determinación, iniciando su viaje hacia lo que sus responsabilidades le deparaban, dejando a la pobre y mimada Bettany, ahí sola.
Ella se giró con molestia. Su mirada se topó con la mía y mostró odio puro, celos, coraje. Yo no hice nada, tan solo le miré a un par de metros de distancia. Soltó una bocanada de aire y se fue. Fantástico, otro motivo más para que ese trío de brujas me detestara sin siquiera pedirlo.
Entré al avión, mis compañeros sobrecargos ya estaban ahí: Oscar y Melissa. Prácticamente, apenas nos conoceríamos. Me gustaban esos comienzos, en los que todo era nuevo, 'empezar de cero'. Conocer nuevas personas siempre lo era, en especial para mí. Lidiar con la gente de siempre en ocasiones hacía de tu vida una rutina.
Después de comprobar los procedimientos de emergencia, acomodábamos las bebidas en el carrito de los alimentos, cuando el piloto y el copiloto hicieron su entrada triunfal al avión. Mi mirada se topó con la de él, haciéndome sentir escalofríos instantáneos, mi cuerpo tenso.
¿Qué fue eso, Camile?
─Buenos días .─Su voz era imponente, y estoy segura de que Tina se hubiese desmayado al momento, o... abalanzado sobre él.
─Buenos días, colegas ─saludó el copiloto, con una alegre sonrisa.
Después de nuestra amable respuesta entraron a la cabina. Mi mirada quedó estancada en aquella puerta blanca. No podía dejar de observarla, aunque estuviese sellada.
─¿No ayudarás? ─Preguntó Oscar entre risas. Era un amable y divertido sujeto, su cabello n***o y esos ojos verdes danzantes lo respaldaban.
─Ah, yo... claro.
Continuamos verificando el perfecto estado del avión para brindar el mejor servicio a nuestros pasajeros. Todo transcurría normal, tranquilo y divertido entre nosotros, hasta que nuestro piloto decidió salir de la cabina un momento. Para mi suerte, Oscar y Melissa se encontraban en la parte trasera del avión.
─Disculpa, ¿podrías hacerme un importante favor? ─La gran formalidad en el tono de voz me erizó la piel. Se escuchaba bastante profesional.
─Por supuesto. ─ Las palabras parecieron salir tan sencillo de mi boca, pero antes hubo una gran guerra interna de nerviosismo.
─El asiento 5 A en la primera clase estará ocupado por una mujer .─Hizo una corta pausa─ ¿Podrías entregarle esto? ─terminó extendiéndome un sobre blanco.
─Sí, yo... se lo daré. ─No pude evitar morder mi labio inferior. Tomé el sobre al instante.
─Gracias .─Sus ojos se clavaron sobre los míos al pronunciar esa corta palabra. Intenté mantener la mirada, pero me fue imposible. Sentí una gran presión. ¿Por qué? Misterio de la vida.
Él estaba decidido a entrar nuevamente en la cabina, pero interrumpí sus planes.
─ Mi nombre es Camile, Camile Ferrer.
Lo hice detener. Giró un poco, mirándome por el rabillo de su ojo, había confusión y extrañeza en él. Decidió girar por completo y su seria mirada me observó.
─ Un gusto, Camile. Brian Mouque. ─Asintió, y ahora sí, nada lo detuvo para entrar al lugar en el que su magia cobraría vida.