La bala rebotó en la pared detrás de él, Kaiser había golpeado mi mano para que no lo matara. —¡No le hagas daño! —suplicó ella con lágrimas en los ojos. —¿Qué no le haga daño? ¡Pero si él te lastimó! —Sí, es verdad, él me lastimó —apenas podía hablar a causa del llanto— pero también me defendió de las cochinadas de sus amigos —hundí mis cejas y miré a Tom, él servía la comida como si nada sucediera. —¿Te volviste loca o qué? —espeté molesto— ¿Por qué lo defiendes si te hizo… esto? —señalé su cuerpo. —No fue él quien me hizo esto —aclaró entre lágrimas— fueron sus amigos y él me ha dado la oportunidad de decidir sobre sus vida. —Explícate, Kaiser —exigí. —Es fácil, Hans —dijo Tom mientras caminaba con tres platos hacia el comedor— yo la lastimé, es cierto, pero comparado con lo que

