Capítulo 1

3032 Palabras
—¡MIERDA!—es lo primero que salió de mi boca al sentir él impacto. No podía pasarme esto hoy, me lamente mientras observaba a mi alrededor. ¿Por qué a mí? Malditos informes, maldito trabajo de mierda que me cargaba para mantener ocupada la cabeza. Malditas personas que no iban atentas cuando conducían. —¡Hoy no me puede estar pasando!—golpeé, mientras gritaba, el volante de mi auto con fuerza como si ayudará a solucionar algún problema. Me desabroché el cinturón de seguridad velozmente, mis manos temblaban con ansias ante lo que podría llegar a encontrar, una parte de mi solamente quería ignorar aquello para llegar trabajo a tiempo. La otra no quería ver que tanto habían dañado a mi bebé. ¿Que tan malo pudo ser un golpe en la parte trasera del auto? —¡Carajo! El baúl estaba totalmente hundido, la cerradura aparentemente dañada ya que la puerta no cerraba y las luces destruidas. Sentí que mi pecho se oprimía, llevaría mucho tiempo arreglarlo. Busque en mis bolsillos los cigarrillos, necesitaba uno con urgencia, suspire cuando me di cuenta que los tenía en mi cartera, junto a los informes. Malditos informes, no llegaría más. Hamb va a matarme. En dos años jamás había llegado tarde, tampoco había faltado y hoy no tendría que ser la excepción, justamente hoy. Un nuevo producto se largaria al mercado y el dueño de la otra firma vendría en persona a la empresa, algo que no había sucedido en ninguna reunión anterior, solo sus representantes habían participado. Y yo tenia los contratos y las estadísticas en el asiento delantero de mi auto. ¡Bien hecho Liz! —¿Estas bien?—preguntó una voz masculina detrás de mi. —Yo si, pero mi auto no—intente hablar tranquila—¿No vio que estaba parada? ¡¿No vio el puto semaforo en rojo?! Tome aire intentando calmetme pero era inútil. —Yo lo... Lo siento. —¡Sentirlo no soluciona nada! ¡Estoy llegando tarde... Él aire abandonó mis pulmones cuando el telefono empezo a sonar. Ahora no por favor. —Señor Hamb. —¿Se puede saber dónde está?—su voz fría hizo que los pelos se me pusieran de punta. —Señor disculpe, tuve un accidente pero ya... —No me importan sus excusas, tenemos una reunión importante para mi empresa y si no esta aqui en diez minutos con los informes considérese despedida—finalizó la llamada sin siquiera dejar explicar la situación. —¡IMBECIL!—grité al telefono. Necesitaba pensar pero el ruido, junto a los bocinazos y los insultos que nos daban, no me ayudaban. Tenía que encontrar la forma de ir. —¿Necesita algo? —Si, mi puto auto intacto y el tiempo que perdí aca debido a ti. Mire la hora, solo faltaban siete minutos para mi horario de entrada, caminando nunca llegaría y tomar un taxi no era la mejor opción. Necesitaba algo que pueda meterse entre los autos, algo rápido. —Rama—susurré para mi. Sin perder tiempo llame a mi amigo. —Liz. —Dime que estas en la escuela. —Si, pero no tengo clase hasta dentro de una hora ¿Sucedio algo? —Rama estoy a dos cuadras y tuve un accidente con el auto. ¿Será que puedes venir y llevarme a mi trabajo en menos de cinco minutos? —Estamos en dos—dijo y finalizo la llamada. Sentí mi cuerpo relajarse, un problema menos pero no podía dejar mi auto aquí solo. Era el momento ideal para llamar a Matias. —Liz—respondió mientras bostezaba. —¿Estas ocupado? —No ¿Qué paso? —Un idiota me choco y necesito que vengas a llevarte el auto y ver lo del seguro y esas cosas. —Dime la dirección que salgo para alla. Después de pasarle la dirección finalicé la llamada y camine hasta él auto para tomar mi cartera junto a los informes y dejar lo necesario para Matias. Una bocina sonó y al girar vi a Rama en la moto. Esto no podía ser, miré mi vestimenta y negué con la cabeza. No había pensado bien todo. —¡Sube o no llegaremos! Mierda no tenía otra opción. —Tu—dije mientras señalaba al hombre—quedate aquí ya viene alguien para solucionar esto. Si algo aprendí en este viaje es que las faldas y motos no combinan. Había viajado de lo mas incomoda con Rama pero la moto era él método más eficaz para viajar rápido. —¡Grácias!—le grité cuando baje y entre corriendo al edificio. —¡Manda a la mierda a tu jefe! Al llegar al piso doce salí corriendo del ascensor hasta la oficina del idiota de Hamb. Toque la puerta y mientras esperaba ser atendida me acomode la ropa, el cabello e intente calmar mi respiración. —Llegas...—miró su reloj—a tiempo ¡Felicitaciones! Pero la reunión se paso para después del medio día. —¿Qué?—pregunté sin disimular mi mal estar. —Lo que has escuchado, el inversionista llamo diciendo que podía luego del mediodía y accedí al cambio de horario. —Pero... ¿Por qué no me avisó? ¡Dejé mi auto solo con un desconocido hasta que llegue alguien que se ocupe de él! —No le tengo que dar explicaciones, usted tiene que cumplir su horario de trabajo el cuál ya comenzó, asi que vaya y traigame un café y pongase a trabajar—dicho esto se dio la vuelta y me cerró la puerta en la cara. Hoy va ser un día largo. Recibir la llamada de Matias diciéndome que el auto estaba en su casa me había tranquilizado. Amaba a mis amigos, siempre podía contar con ellos. —En diez minutos tienes que estar preparada con los informes—la voz de Hamb sonó por el telefono exclusivo que teníamos. —Entendido. Tome mi cartera y me dirigí al baño, retoque mi maquillaje, ya que se había corrido un poco debajo de los ojos y aplique un poco de lápiz labial. Solo un poco, no quería exagerar después de todo era mediodía. Decidí atar mi cabello en una cola de caballo alta, el poco escote que tenía mi remera lucia mucho mejor así, más fresco. Al regresar a mi escritorio me encontré con mi jefe, Ian Hamb, apoyado sobre el. No pude evitartar mirarlo, ese hombre era un modelo. Para sus treinta y cuatro años estaba increíblemente fantástico, su cabello castaño siempre estaba perfectamente arreglado, las arrugas en sus rostro eran prácticamente inexistentes, no era una persona musculosa, pero tampoco flaca. Estaba en un punto medio, ideal. Me tome la libertad de mirarlo, desde los pies a la cabeza, y cuando llegue a su rostro me encontré con una sonrisa de lado y sus ojos marrones mirándome finamente. —¿Ya observo todo o la espero un poco más? Sentí la cara arder de la vergüenza mientras en sus labios se formaba una pequeña sonrisa. Tenía que admitirlo, cuando había llegado a esta empresa, había tenido fantasías con aquel hombre pero con el tiempo se fueron perdiendo. Eso no impedía que admire su belleza. Ian Hamb era hermoso, nadie podía negar aquello. Ignorando su pregunta camine hacía allí, su perfume invadió mis sentidos, me encantaba aquel olor. Tome mi cartera junto a los informes y contratos, siendo totalmente conscientes de mis actos, no quería que el viese lo nerviosa que estaba por su cercanía. —¿Vamos?—pregunté una vez que tenía todo, y sin mirarlo caminé hacía la sala de reuniones. —No lo haremos allí—me dijo mientras me tomaba del brazo, sentí como mi cuerpo se paralizaba con ese toque inocente, sentí como mi piel se calentaba bajo su mano—iremos a un restaurante. —Genial—conteste mientras alejaba mi brazo de su toque y caminaba hacia el ascensor. —No respondió mi pregunta—dijo mientras me alcanzaba. Para nuestra suerte Ian contaba con su propio ascensor, no debíamos esperar. —No lo estaba "observando"—respondí con la voz más fría que pude mientras observaba como se cerraban las puertas. Bajamos en silencio, para mantener ocupada mi cabeza, e ignorar la tensión del ambiente, comencé a leer en contrato final, a pesar que me lo sabía de memoria. Una vez que el ascensor freno, respire tranquila. —Sabes una cosa Miller, si he aprendido algo de ti estos dos años es cuando mientes. Sentí que mi respiración se detenía. —Es una pésima mentirosa—susurro en mi oído. Un escalofrío recorrió mi cuerpo y sentí el rubor en mi cara. ¡Mierda! ¿Me puse colorada? El ascensor abrió sus puertas y el salió con una increible sonrisa, complacido con él mismo. Parecía que había descubierto una gran verdad. Tendría que aprender a mentir mejor. El viaje había transcurrido en silencio, Hamb se había dedicado a bufar mientras veía su móvil. Aquello era extraño, él no solía ser el tipo de jefe malhumorado. Era exigente, pero ¿Cómo no ser así cuando manejaba un imperio que brindaba millones al mes? Era líder en tecnología ¿Qué más se podía esperar de él? Mi smartphone sonó y sonreí al ver la imagen que me mandaba Abby. En ella se veía a los niños realizando un juego de dados, el mismo que la había ayudado hacer dos fin de semanas atrás. "Espero que tu día este yendo tan bien como el mio" Negué con la cabeza mientras respondía. "Mi día fue un desastre desde las 8 de la mañana, creo que hoy no debí salir de casa" Suspire mientras guardaba el smartphone, no importaba cuanto tiempo había pasado, la extrañaba y necesitaba en partes iguales. Pronto la idea de visitarla no parecía tan mala, también necesitaba alejarme de aquí y respirar otros aires para afrontar lo que quedaba del año. El auto freno y me quede sorprendida al ver el lugar. El restaurante elegido era un pequeño lugar elegante y bastante exclusivo, y con eso si me refiero a caro, era famoso por sus precios elevados. Dos meses de mi salario era el valor de una de sus comidas. Nunca entendería porque las personas iban a aquellos lugares dispuestos a gastar miles y miles de pesos. Sin embargo el que plata tiene de las delicias de carritos callejeros no entiende. —Vamos—me indicó mientras bajaba del auto. Le brinde una sonrisa de agradecimiento a Jordán cuando abrió mi puerta. Era un hombre lo suficientemente grande como para ser mi abuelo, y tenía en sus ojos una calidez que me transmitía confianza. —Puedes ir a comer, yo te llamaré no te preocupes. El tono de voz de Hamb era mucho más suave, tambien lo apreciaba. No me sorprendió al entrar que todo fuera en tonos marfil con pequeños detalles en dorado y plateados. Todo tan pulcro, tan delicado. La duda llegó a mi cabeza ¿Como había conseguido lugar para almorzar? Este lugar solía tener mucha demanda. Me sentí anonadada cuando vi los grandes candelabro de cristal sobre cada mesa. ¿En verdad eran necesarios? ¿O solo estaban puestos para demostrar el maldito estatus social de la gente que acudía ahí? —¿Quieres pedir algo?—preguntó Hamb cuando tomamos asiento. —Sería mejor que esperemos al cliente—el asintió y se quedo en silencio mirando detrás de mi. Mi atención, por otro lado se centro en las flores ubicadas en la mesa. Eran unas rosas blancas en perfecto estado, transmitían una elegancia sin igual con su tallo largo verde, amaba que tenga las espinas eran parte de ellas, no debían porqué sacarselas. La increíble bellaza y rudeza de las rosas me encantaban. Estire mi mano para comprobar si eran de fantasía, la suavidad de aquellos petalos me confirmo que eran verdaderas y tuve que obligarme a mantenerme sentada y no acercar mi nariz para oler su fragancia. Las flores eran mi debilidad. Mi patio estaba cubierta con ellas de todos colores, de todas formas, muchas horas de mi vida estaban dedicadas a ellas, eran mi terapia. Sin duda me había costado aprender a cuidarlas, me llevó más de dos años poder tener una flor viva durante más de tres meses, la alegría que sentí al comenzar a ver como florecían y mi patio de llevaba de vida era única. Pero las rosas tocaban cada fibra de mi ser. Levante la mirada y Hamb la desvío rápidamente, sentí enrojecer me había olvidado por completo que estaba él frente a mi. Mire a todos lados y suspiré al ver a las personas comiendo alegremente, odiaba las reuniones de trabajo en el almuerzo. No podía comer, ni tomar, nada de todo lo que me gustaba, y para variar, tenía que ser delicada y educada manteniéndome al margen de las charlas que transcurrían a menos que Hamb me pregunte algo. Era una mierda. Mire la carta sin ganas, ya sabiendo que iba a ordenar, intenté ignorar los precios pero me era imposible, a medida que iba bajando iban en aumento. Aunque una parte de mi quería ordenar lo más caro solo por el momento de mierda que Hamb me había hecho pasar hoy. Si tal vez haría eso, total para su empresa unos miles de pesos no serían nada. Los minutos seguían pasando y me aburría fácilmente, el silencio de Hamb no me ayudaba. Miré nuevamente a mi alrededor sin ganas, mi jefe estaba por hablar cuando fue interrumpido. —Disculpen el cambio de horario es que tuve un problema que tarde en resolver. Aquella voz me sonaba familiar, levante la cabeza y no podía creer lo que veía. Aquel hombre, de ojos grises y su pelo castaño con algunas canas marcando su edad, me miraba con sorprendido. ¿Creen en las casualidades? ¿O el destino? ¿O capaz simples coincidencias? Llámenlo como quieran, para mi era mi puta mala suerte. En verdad no tuve que salir de la cama esta mañana. —¿Usted?—un leve enrojecimiento se apoderó de sus mejillas. —¿Se conocen?—pregunto Hamb confundido. —No. —Si—respondí yo a la vez que el negaba—bueno, no precisamente. ¿Se acuerda que le conte del accidente?—mi jefe asintió lentamente, intentando entender donde iba con aquello—bueno el me chocó. Un silencio bastante incomodo se extendió en el ambiente. Hamb río para romper la tensión pero solo logro que la situación se ponga más rara ¿Qué podría causarle gracia? —Bueno, seguramente que fue la causante, ya sabemos que niguna mujer conduce bien. Siéntese. ¿En serio el idiota había dicho eso? Sentí mi cuerpo hervir de ira y tuve que morder mi labio para no contestar. Era una lástima que la paga fuera tan buena, sino ya tendría el florero en la cabeza. Maldito desgraciado. —Disculpeme señor pero debo reconocer que el error fue mio, aunque ya esta todo solucionado, mis datos lo tiene su novio. Esperen... ¿Novio? Voy a matar a Matias. Mire a Hamb quién me miraba sorprendido. Como si no pudiera creer aquella información. Aquello me sorprendió, yo me consideraba una persona linda, no era una modelo de Víctoria podía tener tener novio, si en algún momento tomara era decisión. Aunque era algo que estaba fuera de mi vida por ahora, me encontra bien sola y no necesita a ningún hombre que venga a molestar. El sexo por otra parte era diferente. Tenía ¿Cómo llamarlos? ¿Amigos seguros? Aquellos con los que hablaba y veía solo cuando tenía el deseo. Solo sexo, sin nada más por medio. —Gracias—le respondí intentado sonreír—seguro hoy lo veo y me los da. El almuerzo transcurrió bien, me comí una bendita ensalada y tomé agua sin gas. No veía la hora de llegar a casa y así poder comer una pizza, o una milanesa o algo realizado por mi madre, mientras tomaba una cerveza, estaba muerta de hambre. En cuanto a la reunión, fue un exito, teníamos un inversionista nuevo. Aunque no me sorprende Hamb era un excelente negociador. Siempre sabía como transmitir un lado confiable, seguro y ganador a cada uno de los que hacían negocios con él. La mejor parte cumplía y sobrepasaba cada una las expectativas. Para la edad que tenía ya había formado un negocio seguro, rentable y era de los mejores en su ámbito. Tecnología. Volvimos a la empresa en silencio, él se dedicaba a estar con su celular y yo miraba por la ventana. Mi celular sonó y sonreí al ver el mensaje de Rama. "Necesitas relajarte, ven a casa iremos a bailar" "Lo pensaré" Llegamos y baje rápidamente entré a la empresa sin esperarlo, pero me alcanzó ya que el ascensor común no bajaba más. —Ven conmigo—lo seguí, quería llegar rápido para terminar de ordenar los archivos y poder largarme a mi casa. Subimos y un incómodo silencio se instaló. —No sabía que tenías novio—parecía divertido con el asunto. —No tiene porqué saber de mi vida privada—le dije cortante. —Deberías dejarme hablar con tu novio, me encantaría saber si eres así de fría todo el tiempo o lo eres solo aquí conmigo. ¿Pero qué carajo? ¿Quién le había dado la libertad de tutearme? Y dentro de mi sabía que esta conversación estaba pasando los limites de una relación jefe/empleada —En realidad—conteste sin pensar—soy así con los idiotas únicamente—eso salió tan rápido de mi boca que cuando me di cuenta de lo que dije hasta que ya era muy tarde—disculpe yo no quise... no me di cuenta... —No se preocupe—dijo Hamb impidiendo que siga hablando y luego me sonrió—A partir de mañana es secretaria de Cesar en el departamento de diseño, fue un gusto trabajar con usted. Y dicho esto salió del ascensor y se encerró en su oficina dando un fuerte golpe con la puerta. ¡Mierda ahora si la cague!
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