Escuché el bufido del otro lado de la línea, sabía lo que se venía.
—Liz tú y tu boca—reí mientras escuchaba como me retaba—¿Cuándo vas aprender?
—Abby en serio no lo pensé. Solo me salió, no me di cuenta de lo que dije hasta que lo dije.
—¡Deja de reírte Miller! Y asi te costó el puesto, igual tu sabes que si quieras podrías estar en un mejor puesto y cobrarías mucho mejor—suspire.
Ya estábamos con lo mismo, de nuevo.
—Abby, en verdad no quiero hablar de eso.
Sentí un brazo que pasaba por mis hombros, me di vuelta y me encontré con Rama. Mi cuerpo se tenso y me quede sin hablar. Odiaba estos momentos.
—Hola mujer casi desempleada—me dijo mientras besaba mi mejilla.
—Oh estas con él—dijo Abby con la voz apagada. Senti la tristeza invadirme nuestra charla había terminado de forma repentina—Liz hablamos despues, te quiero.
—Te quiero—respondí suspirando y finalicé la llamada.
Los dos nos quedamos en silencio mirando las flores de mi patio que se extendían delante de nosotros.
Saqué del bolsillo de mi campera mis cigarrillos y prendí uno. El gusto a tabaco y menta invadió mi cuerpo, era extraño cómo ya desde la primer pitada la nicotina que corría por mi cuerpo calmaba mi ansiedad.
—Era ella—dijo Rama rompiendo el silencio.
No respondí, solo exhalé el humo mientras miraba alzaba mi cabeza y miraba hacía el cielo azul.
Rama y Abby, eran toda una historia digna de cualquier melodrama televisivo.
Ella siempre lo amo y él siempre fue ¿Como denominarlo?¿Un alma libre? No, no era una definición correcta, mujeriego diría mi madre, una persona que durante toda su adolescencia cambiaba más rápido de mujer que de calzoncillo, así lo definía ella.
A pesar de sus andanzas con varias mujeres Abby siempre fue la única constante, siempre volvía a ella.
Pero Rama era un idiota y terminó por cagarla dando el punto de quiebre para que mi mejor amiga tome una drástica decisión.
El día del cumpleaños, número diecinueve de ella, el decidió arruinar todo diciendo que corten lo poco que estaban teniendo, Abby se entristeció tanto que se mudo con su padre a otra ciudad, a tres putas horas de aca. Ya hace casi cinco años pasó todo esto.
—¿Liz?
Quité mi cigarro de la boca y lo miré cansada, él esperaba una respuesta a algo que no había preguntado o yo no había escuchado.
—¿Que va a cambiar si te digo que si?—dije mientras exhalaba el humo.
Casi olvidaba de contar la mejor parte, después de eso Rama se dio cuenta de que amaba a Abby. Lo dije melodrama de telenovela.
Aún recuerdo como lo sacudí al grito de "¡Era obvio que la amas estas desde los quince con ella!"
Cuatro años juntos, y ella se quedaba a su lado a pesar de todo, y él podía ser un idiota pero hacía todo para verla feliz, conocía cada detalle de ella y siempre buscaba la forma de verla sonreír.
Nunca hicieron oficial su relación y cuando Rama le dijo que ya no quería seguir lastimandola en vez de ponerse los pantalones y asumir lo que sentía opto por dejarla y salir corriendo. Abby solo sufrió, se sintió una más del montón además de una idiota por haber permanecido a su lado con la esperanza de que algún día ella sea la única para él.
Era un idiota, si no lo amara tanto le pegaría un golpe en el rostro.
—¡Solo quiero saber como esta! ¡Si, es feliz! ¡Si tiene ganas de verme! ¡Si todavía me ama! ¡Mierda Liz! Tu no sabes lo que es no saber nada de la mujer que amas, y peor que tus amigos si sepan de ella, la vean y no te digan nada.
Abby tomo medidas drásticas, para protegerse según ella. Nos pidió a Matias, a sus padres, y a mi, que nunca le digamos a Rama donde estaba, ni le diéramos su numero de teléfono y que sobre todo jamás le hablemos de él.
Nosotros complimos con eso, habíamos visto a lo largo de los años su relación las esperanzas que Rama le había dado y como después sufrió por culpa de su rechazo.
Tanto Matias como yo estamos en una situación de mierda, pasamos de ser cuatro amigos inseparables a estar en el medio de una relación complicada y luego de una ruptura.
—¿Ya terminaste de quejarte?
—Lo digo en verdad Liz.
Apagué mi cigarrillo y voltee hasta quedar frente a él, íbamos a tener esta conversación, otra vez.
—Rama tu solo te pusiste en esta posición.
—Ya lo se, pero quiero verla, quiero volver a tenerla en mis brazos, volver a besarla, poder decirle que la amo...
Su voz se fue apagando, casi cinco años que Rama no está con ninguna otra mujer espendo por ella, él estaba seguro que ella iba a volver.
Lo que él no sabe es que Abby logró superar su dolor y se pudo abrir a volver amar.
Hoy ella se encontraba felizmente en pareja con José, un chico muy bueno, la amaba y velaba por su felicidad. Funcionaban bien, pero a mi vista le faltaba chispa a su relación.
Incluso después de años de ralacion, jamás le había dicho "te amo" solo un "te quiero" ocasionalmente.
Más de una vez le intentamos decir a Rama de alguna manera que ya la perdió, que él debía hacer su vida, después de todo el tambien es nuestro amigo y no queremos verlo sufrir, pero el cabeza dura insiste en esperarla.
—Dejemos de hablar de esto—dije apagando el cigarrillo—¿Y Matías?
—Está adentro con tu mamá.
Me levante del sillon que estaba en el patio, tire la colilla del cigarro y le hice un gesto con la cabeza para que entremos, se levanto y me siguió.Entramos y vi a mi mamá sentada en el linving, Matías a su lado, ambos comiendo frutillas.
—¡Hola mi amor!—exclamé y me acerque a Matias.
Lo tomé de ambas mejillas y lo acerque a mi para darle un beso, cuando se dio cuenta de lo que iba hacer me empujo lejos de él.
Solo pude reír de su cara de sorpresa.
—¿Qué te pasa loca?—preguntó sorprendido.
—¿Esa es la forma de saludar a tu novia?
—¡¿QUE?!—exclamaron los tres al mismo tiempo.
Yo me reí de las expresiones de sus rostros.
–Oh, ya se—río Matías—¿Se puso en contacto contigo?
—No, mejor aún—suspire al recordar la situación—era el nuevo inversionista de la empresa, nos cruzamos en el almuerzo para cerrar los tratos. Menuda suerte la mía.
Mirando a mi madre le dije:—recuerdame conseguir sahumerios para limpiar la mala energía.
—Liz tú eres la mala energía—respondió ella mientras comía una frutilla con una sonrisa.
—Traicionada por mi madre...—exclame mientras fingía que me apuñalaba el corazón.
—Mierda ¿Suspendió el trato cuando te vio?—preguntó Matias volviendo al tema principal.
—No, después de todo él se merecía cada insulto, la culpa fue de él—dije encogiendome de hombros.
—¿Como es que entras de novio de Liz?—preguntó mi madre.
—Como Liz no llegaba al trabajo me llamo para que busque el auto, sin embargo aquel hombre no me quería dar los datos—se encontró de hombros– así que le dije que era el novio.
—Eso no es todo—procedí a seguir contando las buenas noticias—cuando volviamos Hamb me dijo que quería hablar con mi novio para ver si era fría con él, a lo que le conteste que solo era así con idiotas.
—¡Oh Liz! ¡Tu y tu boca!—exclamó mi madre.
—Lo mismo dijo Abb...Mierda.
—No importa—dijo Rama con una sonrisa triste.
—Bueno, ahora estan mirando a la nueva secretaria de Diseño.
—Agradece que no te hecho—dijo mi madre.
—Si, lo se—contesté suspirando—aunque si somos realistas su comentario no fue muy afortunado.
Al día siguente me miré al espejo, mi pollera tubo gris plata, mi camisa azul marino y mis zapatos de igual color me daban la suficiente confianza como para afrontar mi día. Me solte el pelo, dejando que caiga en ondas, agarre mi bolso n***o y me puse rimel. Ya esta lista para mi nuevo trabajo.
Baje y escuche la bocina del auto Matías.
—¡Me voy!
—¡Chau hija! ¡Piensa lo que vas a decir!
Salí riendo, subí al auto y salude a Matias.
—Si que te ves horrible hoy.
—Justo en el ego—dije mientras tocaba el centro de mi pecho haciendo que el ría.
La música de rock invadió el auto, Cerati cantaba con su increíble voz.
—No cambiarás nunca—dijo mientras negaba con la cabeza—se viene el cumpleaños de Abby—me recordó.
—Si en dos semanas, iremos otra vez para allá—dije suspirando.
—Seguro que si—estacionó el auto y se dio vuelta hacía donde estaba—después tenemos que hablar, necesito tu opinión en algo.
—Cuando salgo podemos ir a tomar algo.
—Claro, vendré a buscarte—miró sobre mi hombro—ahí esta Hamb, no saca la mirada.
—Debe querer saber si es verdad que tengo novio, debe querer saber si eres tu—dije riendo.
—¿Que te parece si lo hacemos dejar de dudar?
–¿Que....
No pude terminar de hablar que ya tenía sus labios sobre los mios.
Lo corrí de a poco y miro sobre mi hombro.
—Ya se fue.
—Eso fue...
—¿Como besar a Di caprio?—preguntó subiendo y bajando las cejas.
—Iba a decir que me senti besando a Lito mi perro cuando era chica—dije fingiendo escalofríos.
—Si, yo tambien senti que besaba a Lito—los dos reimos—fue asqueroso.
Me pareció increíble no sentir absolutamente nada en un beso, quizás esa es la fuerza de nuestra verdadera amistad. Nunca pasarías aquel límite y lo sabíamos.
—Me tengo que ir.
—¡Adios cariño qué tengas un buen día!—grito mientras bajaba del auto.
Subí al quinto piso y me encontré con un gran mural lleno de colores, dándole vida al lugar. Le di mi nombre a una chica de recepción muy simpatíca y me guió hasta la oficina de César mi nuevo Jefe.
Toque la puerta y un "Adelante" se oyó.
Entré y vi que todo era blanco con diferentes tonos de azul.
—Supongo que eres Liz Miller.
Un hombre de unos veintisiete años, aproximadamente, estaba parado frente a mi.Sus ojos negros tenían una mirada profunda, tranquilizadora y sobre todo amigable.
—Si, señor.
—Clara te va a mostrar tu nueva oficina. Bienvenida al departamento de diseño.
Yo solo me limite a sonreir.
Era oficial, ya no era secretaria del idiota de Hamb.
Sin embargo muy pronto me sentí cómoda en aquel puesto.
Mi nuevo trabajo duro dos días.
Dos simples y lindos días. Dos días en la que fui yo sin miedo a equivocarme, dos días en donde valoraron mi trabajo.
Dos días en los que Hamb tuvo cuatro asistentes. Al parecer nadie cumplía sus expectativas, incluso había escuchado rumores acerca de llantos y amenazas de demandas por maltrato.
No lo niego me sentí importante cuando Sofia, la gerente del departamento de Recursos Humanos, vino a buscarme con cara de susto.
Y sentí mi ego crecer, aún más, cuando me dijieron "El señor Hamb solicita que vuelvas urgente a tu antiguo puesto de trabajo, al parecer eres la única buena para él"
También me sentí tentada a negarme y quedarme en mi puesto actual.
Pero no pude.
Y aca estoy con mi vestido y cartera color n***o, mis zapatos rojos y mi mejor sonrisa altanera, para hacerlo sentir peor, llegando al despacho del idiota de Hamb.
—Adelante—su voz suena del otro lado de la puerta ni bien la golpeó.
—¿Solicito verme señor?—mi voz sonaba suave aunque hasta para mi sonaba un poco burlona, claramente me estába comiendo de decirle "sabía que ibas a venir rogándome grandisimo idiota"
Por alguna razón su mirada me puso nerviosa, me inspeccionó de arriba abajo y cuando llego a mi cara se tomó el tiempo de mirarme en detalle, como si fuera la primera que lo hacía.
¿Qué tanto podía cambiar en dos días?
Pronto recuperó la compostura y volvió su mirada a los papeles que tenía en su mano.
—Si, hoy vuelves a trabajar aquí.
—¡Que lástima! Miré no voy a poder porque me encanta mi actual puesto. Asi que muchas gracias por la oferta pero no.
Mi decisión estaba tomada, iba a volver pero quería ver hasta donde iba a ir él.
Por un momento la confusión fue evidente en su rostro pero luego sonrió.
—Púes mire que lástima para usted que yo sea el dueño de todo esto y eliga donde usted trabaja. Y la quiero junto a mi.
¡Carajo! Ahí tenía razon.
—Si mal no recuerdo—le dije intentando estar tranquila—el contrato de trabajo dice que uno puede rechazar un puesto mientras en su actual sea eficaz y/o necesitado.
—Tienes razón—dijo para mi sorpresa.
Se levantó y se dirigió hasta el teléfono, marco una serie de numeros y espero.
—Hola pasenme con Luxe.... Cesar ¿Cómo estas?... Si...ya veo... No, no era por eso.. Si.. Perfecto... Claro con gusto—finalizó la llamada y camino hasta quedar delante de mi con una gran sonrisa—ya no te necesitan más en el Departamento de Diseño, una nueva secretaría fue contratada y ya esta trabajando en tu anterior puesto de trabajo.
Me quede helada, eso no lo esperaba.
Lo quede mirando, su sonrisa reflejaba cuan orgulloso estaba e en este momento, esa cara tuviera cualquier persona si sacará la lotería.
—¿Bueno va a decir algo?
—Yo... Em..—mierda me costaba hablar—voy a mi puesto de trabajo—respondí y salí corriendo.
Estaba enloqueciendo, las cosas no estaban organizadas como siempre las tuve, las reuniones se amontonaban y Hamb no estaba enterado que hoy tenía dos.
¡Que descuido de su parte no dar siquiera una ojeda a su agenda!
Después de reprogramar y lograr poner las cosas en su orden llego mi precioda hora del almuerzo llego. Todavía me quedaban cuatro horas y estaba cansada.
Las personas que estuvieron intentado ocupar mi lugar habían realizado un desastre con los archivos. Pero era entendible habían intentado hacer de ese espacio un lugar cómodo para ellos.
Agarre mi cartera y me dirigí a comprar algo, necesitaba comer.
Subway, era la mejor opción hoy. Un sandwich de pollo con algunas verduras y una coca fue mi elección.
Ya de vuelta con mi orden decidí ir a la terraza del edificio. No mucho empleados tenían acceso a ella y ninguno de los que tenían acceso la usaban.
Era un lugar relajante amaba comer bajo el sol.
Al llegar no encontré a nadie.
Me aceque a la única mesa que había dejando mi cartera y mi comida sobre ella y me sente.
Disfrute cada bocado, había descansado y otra vez tenía energía para continuar mi día, sin embargo todavía faltaban quince minutos para volver.
Cerré los ojos intentando relajarme mientras llevaba a los labios mi cigarrillo mentolado para encenderlo. Mientras le daba una calada me recoste sobre la silla y permití relajarme bajo el sol.
Un ruido me sobresaltó, al abrir los ojos pude ver a Hamb parado como estatua.
—Pense que no había nadie.
—No importa yo ya tengo que volver al trabajo.
Apague rápidamente el cigarro y junte las cosas.
Tomé la cartera, junto a la poca basura que había hecho y empecé a caminar.
—Quedate—su susurro me detuvo.
Me di vuelta y lo vi apoyado sobre el pequeño muro que rodeaba la terraza, su mirada se encontraba perdida sobre la gran ciudad.
Se dio vuelta y me miro mientras sacaba un cigarrillo.
—No sabía que fumaba—le dije sin esconder mi asombro.
—Ustede no sabe mucho de mi señorita—respondio a la vez que le pegaba una calada.
Y en ese momento me pareció un chico malo, con su pelo alborotado y sin el saco. El típico chico malo que se escondía detrás de la fachada de empresario.
Aunque Hamb no era muy chico.
Una risa salió de mi y el me miro con curiosidad.
—Entonces ¿Se va a que dar conmigo?
—Yo.. Em.. Yo debo volver tengo mucho trabajo—le respondí y salí rápidamente.
Baje la escalarera a la máxima velocidad que me permitían mis tacos y entre en el baño.
Cerré la puerta y me apoye en ella intentando calmar mi respiración y sin motivo alguno comencé a reír.
Levante la mirada y me encontre con el espejo. Al mirarme sonreí, tenía la cara sonrojada, la respiracion agitada y varios mechones habían salido de mi colo de caballo.
Acomode mi pelo y tome una respiración profunda intentando calmar mi respiracion.
En este año que llevaba trabajando para Hamb jamás me había pedido que me quede con él, jamás me había sonreído tanto, jamás había actuado como lo estaba haciendo últimamente.
Tomatelo con calma, no te acostumbres a su hermosa sonrisa...
¿Hermosa sonrisa? ¿En serio pense eso?
Negué con la cabeza y moje mi restro, respire profundo, acomode mi pelo, retoque mi maquillaje y salí rumbo mi escritorio.
Mis ojos viajaban del ordenador al reloj de la pared, diez minutos faltaban para que no horario laboral finalice y no podría estar más ansiosa por salir de aquí.
Estaba agotada, solo quería tomar un baño y dormir para recuperar energías.