De inmediato, Jan mira el vecino, quien tiene una sonrisa burlona, pero no le presta atención y sigue organizando la camioneta... Oscar se acerca un poco más, y le dice: — Es mi impresión, o veo que tu padre y tu madre te han abandonado. Jan vuelve a mirar a Oscar, y esta vez le responde: — No, ellos no me han abandonado, y aunque lo hicieran, yo no estaría solo. Jehová Dios está conmigo. ¿Y tú con quien estas? — Pues, pues, yo tengo a mi familia... tengo a mi mujer y a mi hijo, tengo mi trabajo, tengo todo para ser feliz, ¿de qué me hablas muchacho? — Te hablo, de que estas con el enemigo. — ¿Qué? — Si no estas con Jesús, estas con el Diablo. — ¿No hay ningún momento en que no dejes de hablar de tus cosas cristianas? — No, yo amare a Dios en cada segundo, en cada minuto, a cada

