Supongo que hacerme tantas preguntas va en mi naturaleza como ser humano; los límites de mi cuerpo los anteponía, o eso trataba de hacer. Sin embargo, cada vez que intento tomar una decisión en mi vida, termino por dudar un sinfín de veces. Soy muy dubitativo. La señora Inés me miraba desde el barandal de la cocina con una latente sonrisa. Inflo mis mejillas ante la pregunta que comienza a surgir en mi mente. —¿Iván? —su sonrisa se vuelve una mueca. —Dijo que se iba a comprar unos ganados. Pero no se más nada. Le sonrió por la información e inmediatamente me regreso a mi habitación. Tengo tantas cosas que pensar en este momento; suponiendo la tranquilidad de mi departamento me doy un merecido baño. La espuma se encarga de retirarme todo el sobrepeso de mis hombros. El agua también se

