—¿Al agua? —repito, con la voz ronca, aún perdida en la sensación del orgasmo. Chris sonríe, me enseña esa sonrisa suya que es mitad ternura, mitad desafío. Su mirada me enciende, me observa desde arriba con los ojos llenos de picardía. —Te quiero terminar de follar —aclara, lo que es más que obvio, pero que igualmente me desarma—, dentro del mar. No puedo evitar reír. ¡Es obvio que quiere meterme la v***a! Lo que me causa gracia es que le haya agarrado el gustito a follarme en el agua. Ante mi silencio, me pasa un mechón de cabello detrás de la oreja y se inclina, dejándome un beso en la frente cargado de cariño, contrastando por completo con el fuego que aún arde entre los dos. Y antes de que pueda decirle algo, reírme, hacerme la dura solo para joderlo, mi hombre ya me tiene en

