Los rayos de sol del amanecer entran con suavidad por la pared de cristal, iluminando toda la habitación con una luz dorada que me gusta y me calma. Estoy un poco ansiosa, porque no sé a dónde iremos ahora. Chris se ha encargado de mantener en secreto todos estos días cada sorpresa para crear en mí precisamente eso: una sorpresa. Sacarme una genuina reacción. «Pero, joder… me desespera no saber a dónde iremos». —Solo déjate sorprender, Ariel… —murmuro divertida, peinándome el cabello frente al espejo. Deslizo la mirada hacia mi cabello, todavía húmedo por la ducha que me di unos minutos atrás. Chris me despertó a las seis de la mañana y aunque quería quedarme en la cama después de la noche intensa que me hizo experimentar, me levanté al escuchar que me tenía una sorpresa preparada.

