Después de varios minutos, que parecieron una eternidad, pudo controlar nuevamente cada centímetro de su cuerpo. Los jóvenes que no paraban de mirarla, se hicieron a un lado para que se levantara de la cama. Intentaron ayudarla pero se los negó rotundamente. Su cabeza dolía tanto que creyó que iba a estallar. Estaba mareada y rogaba no perder el equilibrio. Cualquier persona en su lugar, habría salido corriendo del lugar para ir a llamar a las autoridades de la comunidad pero Alia no hizo eso.
—Tendría que matarlos por haberme humillado así.—se quejó—Pero no los dañaré, sólo por el simple hecho de que desconozco la fuerza de las otras razas. No pelearía por más que sean más fuertes que yo, ya que eso me llevaría a la derrota y a la humillación.No quiero verlos gozando de mi malestar.
Se hizo silencio. Todos miraron a la rubia que en ese preciso momento,estaba mirando al vacío.
—No queremos hacerte daño, Alice. Sólo queríamos asegurarnos de que...—dijo Travis.
—¿¡Asegurarse de qué!?—gritó con fuerza, y esto provocó que los demás se estremecieran.
—De que eres parte de nosotros. Porque si te hubiéramos obligado a que nos mostraras tus ojos, te opondrías fácilmente.—continuó diciendo Lucy, que parecía apenada por la situación.
—Por supuesto que me opondría.—les aseguró la Nectilea—Por eso mismo me aseguré de preguntarles primero.
Alia se volvió hacía ellos con euforia. Ellos también pertenecían a diferentes razas, y también Barbara. Por un momento se vio sosteniéndose contra la pared más cercana para no caer de bruces en el suelo. Ahora lo entendía todo ¡todos los que vivían bajo el techo de la mansión, pertenecían a diferentes razas! Nadie era humano allí. Palideció.
—¿Alguien aquí es humano?—preguntó Alia, con sus ojos llenos de sorpresa.
Ellos intercambiaron miradas antes de que Travis contestara.
—Me temo que la mayoría no.
—¿Entonces no traen aquí a niños para ayudarlos?
—Por supuesto que sí —se apresuró a decir Luna—pero también buscan a los jóvenes que son de razas diferentes.
Alia se dejó caer en la cama y hundió sus manos en el rostro para intentar analizar todo aquello.
—Alice...
—¡Me llamo Alia, por el amor de Dios!—los interrumpió con frustración.
El grupo nuevamente se quedó en absoluto silencio por la confesión de la joven.
—Bueno, Alia, no tienes que ponerte más confusa de lo que estás, porque las preguntas que te estás preguntando ahora mismo en tu cabeza son faciles de responder. Todos pasamos por la misma situación que tú.—la consoló Lucy, mientras se sentaba a su lado y lentamente le colocaba su brazo por los hombros para abrazarla.
Alia la apartó de un empujón y se puso de pie, mientras la fulminaba con la mirada por su comportamiento tan confiable.
—Alia por favor, tomate esto con calma y veras que...—intentó decir Travis pero Alia lo volvió a interrumpir con una bofetada.
—Esto se está poniendo bueno.—comentó Cory, mientras se sentaba por encima del escritorio para disfrutar del espectáculo.
—¿Por qué lo has golpeado?—preguntó Lucy, indignada mientras examinaba la mejilla colorada de Travis.
—Porque tu novio no fue capaz de contarme nada.—respondió de manera histérica.
—¡Él no es mi novio!—le aclaró, con las mejillas sonrojadas.
Alia respiró hondo para intentar tranquilizarse. Ya no comprendía nada. Ya no podía diferenciar entre la mentira y la verdad, y eso la estaba enloqueciendo.
—Si te sientas y te calmas, te contaremos acerca de nosotros.—le aseguró Zack, totalmente relajado.
Tan relajado que Alia creyó que estaba drogado.
La Nectilea se sentó en el asiento de terciopelo del escritorio y largó una gran bocanada de aire. Cada uno de los chicos tomó asiento en el suelo y en la cama. Travis se rascó la nuca y la miró con una sonrisa forzada antes de comenzar a hablar.
—Lucy y yo somos Nesfisteas. Podemos debilitar a las personas, provocarles desmayos y alucinaciones, con tan sólo mirarlas. Hasta si se nos apetece, podemos provocarles la muerte en tan sólo dos minutos.—dijo Travis, mientras tomaba la mano de Lucy.
Alia pudo percibir la química entre ellos, hasta llegó a pensar que eran más que amigos.
—Luna y yo somos Nectileas.—dijo Zack, mientras le sonreía de manera coqueta—Supongo que ya sabes de que se trata nuestro Don.
—Y yo, el más sexy de todos—interrumpió Cory—soy Nectisaled. Los de mi r**a podemos hacer volver a la vida a los animales y a los que pertenecen a otra r**a. Nosotros jugamos a ser Dios, pero no podemos salvarle las vidas a los humanos. Sólo podemos sanar de amputaciones, raspones, fracturas, pero no podemos volverlos a la vida.
Alia analizó todo lo que le decían. Había en total cuatro razas hasta ahora. Ya estaba demasiado mareada para seguir recibiendo otro tipo de información.
—¿Saben que Barbara es...?
—Sí, lo sabemos.—la interrumpió la coreana.
—Esto es...raro.—balbuceó Alia, mientras se frotaba la cara con las manos.
—Lo sabemos, es muy complicado de entender y de procesar.—le dijo Travis.
—¿Cuantos años tienen?¿Ustedes también pasaron por el cambio de sangre?—preguntó la rubia.
—Sí, y es lo más horroroso y traumatico que he vivido.—dijo Lucy.
—Lucy, Luna, Cory y yo tenemos diecisiete. Zack tiene dieciocho.—le informó Travis.
—Yo en pocos días cumpliré dieciséis.—recordó Alia.
—Lo sabemos, ¿estás preparada?—le preguntó Luna, preocupada.
—¿Cómo lo saben?—preguntó, espantada—¿preparada para qué?
—Porque tus auras te delatan, luego te explicaré cómo es eso. Tienes que estar preparada para el inicio de tu r**a.
Alia frunció el entrecejo. No comprendía lo que estaba diciendo.
—De Nectilea a Nectilea—comenzó a decir Luna—, cuando uno cumple dieciséis, ya eres lo suficientemente fuerte como para elevar hasta tu propio cuerpo. Podemos elevarnos, mira.
Luna se puso de pie y le pidió a los otros que se aparten para dejarle un poco de espacio. Alia la miró atentamente.
La coreana cerró los ojos y posicionó sus manos a cada lado de su cintura, como si fuese un cohete apunto de despegar. Su cuerpo estaba tieso y todos la observaron atentos, para saber cual sería su próximo movimiento.
Luna abrió los ojos como si hubiera despertado de golpe y estos se convirtieron en un celeste intensos que brillaban como dos faroles encendidos. Alia contuvo el aliento, ya que sus ojos eran negros como la noche y no podía creer que rápidamente se habían puestos como el color del cielo.
La chica comenzó a elevarse como si estuviese poseída. Su cabello flotaba y formaba un abanico que no paraba de flamear.
Poco a poco, Luna fue descendiendo hasta que sus pies tocaron el suelo. Sus ojos azules se fueron desvaneciendo hasta convertirse nuevamente en negros. Cuando tomó una gran bocanada de aire, se volvió hacía Alia. Esta tenía la boca entreabierta y estaba fascinada por la pequeña demostración.
—Tú podrás hacer esto cuando cumplas los dieciséis y pases la etapa de Corazón Sangrio.—le aseguró, mientras se sentaba por encima del escritorio.
—¿Etapa de Corazón sangrio?¿Cómo hiciste para cambiar tus ojos de color?—la interrogó, hablando de manera rápida.
—Tus ojos se manifiestan cambiando de color. Los ojos de los Nectileas cambian de color cuando este se acerca a los dieciséis, y eso ya debes saberlo. Pero cuando ya tienes dieciséis, puedes cambiarlos a tu color natural, o dejarlos azules. Yo preferí quedarme con mi color de nacimiento.—le explicó la coreana.
—¿No sabes lo qué es la etapa de Corazón sangrio? Vaya, se ve que no estás muy informada.—le dijo Travis, totalmente sorprendido.
—Me temo que no.—se lamentó Alia.
Los chicos se miraron entre ellos, consternados. Alia percibió que algo no andaba bien,y que se estaba perdiendo de algo muy importante.
—La etapa de Corazón Sangrio es cuando la sangre de tu abuela o abuelo, comienza a bombear en tu corazón y lo cubre por completo. Dejándolo tieso e inmóvil para siempre. Los Nectileas cuando expulsan su sangre por los ojos y la sangre de tu abuelo o abuela la remplaza, parte de la sangre queda en tu corazón.
—¿Quieres decir que mi corazón ya no latirá jamás?—preguntó, pasmada.
—Exacto. Los Nectileas dejan de tener corazón cuando cumplen los dieciséis. Simplemente deja de latir, pero lo más grave es que puedes llegar a morir si no puedes resistir al cambio de sangre.
Palideció. No podía creer lo que estaba escuchando. No le tenía miedo a la muerte, pero ella no tenía la necesidad de morir. No cuando por fin había encontrado a personas que la comprendían.
—¿Cual es la fecha de tu cumpleaños?—le preguntó Zack.
—El cuatro de enero.
—Cuando toquen las doce, comenzara el cambio de sangre.—le informó Lucy.
Realmente ella no se esperaba eso. Creyó que ya había vivido ese momento en donde la sangre de su abuelo se esparcía por todo el cuerpo y su verdadera sangre era expulsada por los ojos. Pero se ve que estaba muy poco informada acerca de lo que le sucedía a un Nectilea al cumplir los dieciséis.
—Alia, nosotros no dejaremos que mueras en cuanto te conviertas en una total Nectilea. Te lo podemos asegurar. Sí Luna sigue aquí con vida, es gracias a nosotros.—la tranquilizó Cory, mientras tomaba en sus brazos a Luna para abrazarla.
Esta chilló al ver que la había agarrado desprevenida.
—¿Qué más pueden hacer los Nectileas?—preguntó.
—Tienes que descubrirlo por ti misma.—le respondió Cory.
Alia pasó encerrada la mitad de la mañana en la habitación de Lucy junto con los demás. Habían formado un pequeño circulo, sentados en el suelo, mientras contaban anécdotas de sus vidas .Ella reía en varias ocasiones, pero no demasiado ya que quería demostrarse poco amigable.
—¿Por qué has huido de tu casa Alia?—le preguntó Travis.
Se quedó muda. Un enorme nudo en la garganta le impidió contestarle. Le resultaba muy difícil decir lo que había sucedido esa noche, ni ella podía creerlo. No podía analizarlo con claridad.
—Alia, todos aquí tenemos un pasado que debemos olvidar. Sólo quiero saber, que te trajo hasta aquí.—le dijo él, al notarla tan tensa y evasiva.
—Es todo muy confuso, los aburriría con mi historia.—su voz sonó temblorosa y nerviosa a la vez.
—Lo dudo, siempre hay historias interesantes.—le aseguró Lucy.
No le gustaba que aquella chica continuara insistiendo. Apretó los puños contra sus muslos para no golpearla.
—No quiero hablar. Si me he escapado fue para olvidarme de todo aquello y para no hablar nunca más de eso. Estoy buscando la felicidad que no pude obtener jamás, y no la conseguiré recordando mi pasado.
En ese momento, Barbara ingresó a la habitación. Se sintió aliviada al ver que había sido su salvación para que los chicos ya no le preguntaran más nada.
—¿Se van a quedar aquí todo el día de Navidad, o prefieren ir afuera y juguetear con la nieve?—les preguntó mientras se sacudía su campera de invierno, que estaba llena de nieve.
—Barbara, ¿no crees que estamos demasiado grande para jugar con la nieve? Mira el rostro de Luna, ya le ha crecido la barba.—le contestó Travis, provocando que Luna lo golpeara en el hombro.
—Cuida tu boca, Travis.—le advirtió, Cory.
—Lo siento, no quería insultar a tu novia.—se disculpó, de forma sarcástica.
—¿Son novios? -Preguntó Alia, de forma curiosa.
—Sí, y muy pronto será mi esposa.—le afirmó, mientras le daba un beso casto en la mejilla de su novia.
Los presentes los miraron asombrados y conmocionados por la noticia. Excepto la Nectilea, que los miraba con repugnancia. Eran muy jóvenes para comprometerse.
Le recordaba mucho la relación que tenía Michi y el imbécil de Fred. Aunque esta, tenía una pizca diferente. Notó que Cory estaba realmente enamorado de ella. Se lo notaba feliz cuando estaba junto a ella, muy atontado y estúpido a la vez.
—Felicidades.—se limitó a decir, con una media sonrisa.
Lucy, Zack, Barbara y Travis llenaron de afecto a la feliz pareja.
—Nos iremos a Francia para iniciar una vida juntos.—comentó Luna, que no paraba de sonreír y sonrojarse.
—Debo irme, luego los veo.
Alia se levantó del suelo y se marchó de la habitación. Ya no podía soportar tanta felicidad, que por supuesto, no era suya. Envidiaba a todos aquellos que sonreían frente a ella.
Sin duda Cory y Luna vivirían felices y comerían perdices, y bla,bla, ¡bla!
Estaba celosa porque ellos se amaban y no tenían obstáculos por vencer. Sin embargo, eso no había pasado con ella y Thomas. El amor que sentía por él seguía alli, intacto, en su frágil corazón que muy pronto dejaría de latir.
Alia se encerró otra vez en su habitación. Y comenzó a rasguñares el estomago para disfrutar ese dolor que tanto deseaba sentir sobre su cuerpo. Porque ella tenía la culpa de todo lo que estaba pasando. Sí ella no fuera un monstruo, Thomas sería suyo ¡solamente suyo!
Era la peor navidad de su vida. No podía disfrutar ver la felicidad de los demás sin sentir envidia.
—Tengo que olvidarme de Thomas, él será feliz con Nora—se dijo así misma—¿Por qué demonios me enamoré de él?
Se arrastró hasta su cama y dejó caer en ella. Pero esta vez, no lloró.
Era tres de enero, un día antes del cumpleaños numero dieciséis de Alia. La nieve había cesado, y el cielo azul resplandecía para iluminar los rostros que se asomaran por las ventanas de las habitaciones.
Alia estaba acostada en el frío suelo, con la mirada en dirección al techo. La chimenea chispeaba y le daba ese calor que tanto le faltaba. A sólo un día de cumplir sus "dulces" dieciséis, a sólo un día para que su corazón dejara de latir para siempre.
Se levantó del suelo al escuchar que tocaron la puerta.
—¿Puedo pasar?—preguntó Travis.
—Sí.
El chico de cabello castaño se asomó con una leve sonrisa en su rostro. Tenía una camisa tejana y unos jeans azules, gastados. Pudo notar como sus brazos estaban bien marcados a través de su camisa rojiza. En ese momento, ella supuso que también había un gimnasio instalado en la comunidad.
Alia se sentó en la cama, y frunció el entrecejo ¿qué quería ahora?
—Siento tu tristeza a miles de distancia.—le dijo, mientras calentaba sus manos en la chimenea.
—¿Esa también es una habilidad Nesfistea?—supuso ella.
—Por desgracia, sí.
—Hoy es el día en que mi corazón morirá.—le recordó, entristecida y con un poco de pánico.
Travis se volteó y la miró a los ojos. Como si tratara de averiguar lo que estaba sucediendo en su cabeza.
Él y Alia se sostuvieron la mirada. Pero él la desvió primero, para que ella no pudiera notar la lágrima que estaba cayendo por su mejilla.
—¿Travis estás...?
—Tu tristeza es demasiado grande, Alia.—suspiró, mientras se secaba las lágrimas con su muñeca.—¿Qué te hicieron para que tu estado de animo sea tan grave?
Se colocó de pie, hasta quedar frente a él.
—Muchas cosas.
Por supuesto que su tristeza era inmensa, y dudaba que algún día pudiese ser feliz.
—¿Cuantas posibilidades hay de que muera está noche, Travis?
—Un ochenta por ciento. Pero no tienes de qué preocuparte, con nosotros no morirás.—le aseguró para intentar tranquilizarla.
—Travis...si ves que algo sale mal...por favor, no intentes salvarme.
No tenía motivos para vivir, de eso estaba segura. No le daba miedo morirse, o quizá si. Le daba lo mismo, porque ya estaba muerta en vida.
Travis la miró, confuso. Pero no trató de negarle ese favor.
—Hoy mantente encerrada todo el día en la habitación.
—¿Por qué?
—Porque seras cada vez más violenta, puedes llegar a matar a alguien. Pero, no te preocupes, es parte del cambio. Sonará extraño, pero...tendrás ganas de consumir sangre.
Se lo quedó mirando, con un gesto de sorpresa. Alia estaba notando fases de furia y siempre golpeaba la almohada para desquitarse. Hasta sus nudillos se encontraban a carne viva porque no paraba de golpearlas contra la pared, con fuertes puñetazos.
Ahora comprendía porque le encantaba el sabor de su sangre. Eran las diez de la mañana y su respiración no disminuía. Estaba demasiado agitada y podía sentir un dolor insoportable en el pecho.
—Eso explica porque estoy tan alterada.—dijo, mientras largaba un suspiro.
Se sentó en el suelo, frente a la chimenea y colocó las palmas de sus manos delante de ella para intentar calentarlas un poco. Travis, la imitó.
—¿Tienes hermanos?—le preguntó Travis, para intentar cambiar de tema.
Alia le lanzó una mirada fulminante y él arrugó la frente ante su mirada.
—Sí, Jamie mi hermano...en realidad, resulta que es mi primo. Mejor, hablemos de ti, esto es muy incomodo para mí. —le confesó, removiéndose inquieta sobre su lugar.
—Yo sí tengo dos hermanos, y créeme que no es nada bonito. —le comentó, con asco.
—Yo amo a Jamie, a pesar de que no seamos hermanos.—la tristeza quiso invadirla, pero la retuvo en lo más profundo de si.
—Nosotros somos...mejor dicho, eramos hermanos adoptivos. Amé a mi madre y a mi padre, pero nunca supieron entenderme, lo preferían siempre a él. Al estúpido de mi hermano mayor.—soltó con cierto rencor en su voz, y ella lo escuchaba atentamente.
—¿Cómo se llama? Quizá algún día podremos darle una paliza juntos.—bromeó.
—Thomas Meflix.
Su cuerpo se tensó. Trató de mantenerse calmada y por una especie de milagro que la había iluminado, pudo sonreirle a Travis, con disimulo. Se sintió mareada, confusa, y sobre todas las cosas, se sentía conmocionada. No podía asimilarlo, era imposible de que se tratara del mismo Thomas.
—Con que tu hermano es Thomas, eh.—logró decir, con un fastidioso nudo en la garganta.
—¿Lo conoces?—preguntó Travis, que no disimulaba su sorpresa.
—Sí, un gran amigo.—dijo con ironía, mientras se sentaba en la punta de la cama.
—Él es un maldito...
—¡Calla!—le interrumpió, malhumorada.
No permitiría que nadie hablase mal de él, ¡jamás!
—Quise decir que él tampoco es un humano.
Alia abrió los ojos de par en par, y lo miró de manera inquieta, ¿a qué se refería con que no era humano? Ahora ella estaba temiendo lo peor.
—Es un Nectisaled. Él puede curar a cualquiera que pertenezca a una r**a. Siempre tuvimos indiferencias, él me regañaba por mis líos todo el tiempo ¡como si fuera mi jodido padre! Él quería mandonearme, quería tener poder sobre mí ¡Y yo jamás se lo permití! Lo odio.
Alia se había quedado sin habla, sin expresión en su rostro. Prácticamente estaba impactada. No podía creer lo que estaba escuchando ¿cómo no se había dado cuenta antes? Siempre lo miraba a los ojos, ¡y nunca notó sus auras! ¿acaso tenía lentillas para ocultar su verdadera r**a?
Ahora todo aquello le resultaba difícil de tragarse. Su Thomas era también un monstruo, pero no por eso había dejado a Nora. Ellos se amaban y él sólo había jugado con sus sentimientos.
—¿Sabes acerca de su novia muerta?—preguntó en murmuro, y con miedo a que su respuesta fuera una puñalada más.
—¿Su novia? Él nunca tuvo novia, pero siempre lleva una fotografía vieja en su billetera. Es de una chica rubia y que tiene puesto un vestido floreado. La foto debe ser como de los años ochenta, o algo así. Supongo que debe ser su madre que lo habrá abandonado y sólo tiene ese recuerdo de ella.—le contestó Travis, con muy poco interés acerca del tema.
¿Una fotografía?¿Ella será la verdadera Nicole? Pero ni ella se lo creía, no podría llamar novia a su madre. ¡Eso sería asqueroso!
—Las cosas no concuerda, él me dijo que tuvo una novia y que murió a causa de un accidente automovilístico ¡él mismo conducía el auto!
Frotó su rostro con las manos, y trató de mantenerse calmada. No era posible que él le haya mentido con una cosa así. Le ardía el pecho nuevamente, como si esa g****a vacía se estuviera expandiendo aún más. Thomas le había mentido.
—¡Eso jamás pasó!—dijo él, totalmente indignado por sus palabras.
Dentro de su cabeza, había un torbellino de pensamientos. Hasta llegó a creer que Travis le estaba mintiendo, pero ¿cómo sabía de Thomas, si ni siquiera ella lo había nombrado? La maldita confusión le provocaba grandes dolores de cabeza.
—¡Ella se llamaba Nicole! ¿jamás la ha nombrado dentro del ámbito familiar?—continuó insistiendo para obtener más información.
Travis se mantuvo callado, mientras hacía memoria.
—A veces lo he escuchado que nombraba ese nombre en sus sueños, pero no estoy muy seguro de eso.¿Por qué tienes tanta curiosidad sobre él? Alia, me estás dando miedo.—confesó el chico, mientras se ponía de pie y se encaminaba hacía la puerta.
—Siempre logró ese efecto en la gente, vete acostumbrando—Le dijo, con aire angustioso -¿Conoces a Nora Bartons? ¿Alguna vez te la ha nombrado?
Travis se paró en seco y se volvió hacía ella, con una sonrisa burlona.
—¿Nora Bartons? Pff esa chica trae loco a cualquier chico, no culparía a mi hermano por rondar detrás de esa. Ella y sus otros hermanos también tienen Dones. Nora es Nefistea, al igual que Scott y Christian, sus dos hermanos y como yo. Creo que Christian es el más fuerte.
¡Ya basta!¿quienes más poseen dones?¿mi rata también? quiso gritar.
De inmediato recordó algo. El día en que ella se sintió debilitada en la casa de los Bartons, fue a causa de la fuerza de Nora...¡porque estaba celosa de que Thomas estaba con ella! Ahora todo cobraba sentido.
También recordó cuando Christian la sorprendió en la cabaña, y ella se derrumbó contra el suelo. La rata le había mordido el tobillo y a las horas, en el medio del bosque cuando ella estaba perdida, el pobre animal había muerto.
Thomas apareció como por arte de magia, y la revivió porque él era un Nectisaled. Él curaba animales y a las personas que pertenecían a otras razas. Y de seguro, la muerte de la rata había sido provocada por la mordedura que le hizo a Christian. Por ese motivo, Thomas pudo darle la vida nuevamente.
¡Oh por todo los cielos!
—No sabes cuanto te agradezco toda la información que me has dado, Travis. Te debo una.—le agradeció, algo aturdida.
—De nada, ahora quiero que estés preparada. Hoy a la media noche, ya no seras la misma y por favor procura mantenerte encerrada en la habitación, no quiero que mates a nadie.
Y sin decir más nada, se marchó de la habitación dejándola sola con sus pensamientos revueltos.
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