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1359 Palabras
❝ALACENA.❞ ▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃ Habían pasado aproximadamente diez años desde el día en que los Dursley se despertaron y encontraron a sus sobrinos en la puerta de entrada, pero Privet Drive no había cambiado en absoluto. El sol se elevaba en los mismos jardincitos, iluminaba el número 4 de latón sobre la puerta de los Dursley y avanzaba en su salón, que era casi exactamente el mismo que aquél donde el señor Dursley había oído las ominosas noticias sobre las lechuzas, una noche de hacía diez años. Sólo las fotos de la repisa de la chimenea eran testimonio del tiempo que había pasado. Diez años antes, había una gran cantidad de retratos de lo que parecía una gran pelota rosada con gorros de diferentes colores, pero Dudley Dursley ya no era un niño pequeño, y en aquel momento las fotos mostraban a un chico grande y rubio montando su primera bicicleta, en un tiovivo en la feria, jugando con su padre en el ordenador, besado y abrazado por su madre... La habitación no ofrecía señales de que allí vivieran otros niños. Sin embargo, Harry y Hydra Potter estaban todavía allí, durmiendo en aquel momento, aunque no por mucho tiempo. Su tía Petunia se había despertado y su voz chillona era el primer ruido del día. -¡Arriba! ¡A levantarse! ¡Ahora! Harry se despertó con un sobresalto empujando a su hermana logrando que esta se choquara con la pared. En realidad la "cama" no era muy grande y se las tenían que arreglar para dormir los dos juntos. Su tía llamó otra vez a la puerta. -¡Arriba! -chilló de nuevo. -Haz -llamo Hydra a su hermano por el apodo que usaba para este- Si no nos levantamos, la loca va a.. -Ya se -se quejo Harry queriendo dormir un rato más. Su tía volvió a la puerta. -¿Ya están levantados? -Si -dejo saber Hydra aunque todavia estaban acostados. -Bueno, danse prisa, quiero que vigilen el beicon. Y no se atrevan a dejar que se queme. Quiero que todo sea perfecto el día del cumpleaños de Duddy. Harry gimió. -¿Qué has dicho? -gritó con ira desde el otro lado de la puerta. -Nada, nada... Los hermanos salieron de la alacena debajo de las escaleras, que era donde dormian, y entraron en la cocina. La mesa estaba casi cubierta por los regalos de cumpleaños de Dudley. Hydra los miro un rato, lo único que recibían con Harry en sus cumpleaños eran abrazos, y lo más triste era que eran de ellos mismos. Tío Vernon entró a la cocina cuando Harry estaba dando la vuelta al tocino, Hydra estaba a su lado mirando, la ultima vez que le habia tocado a ella cocinar habia quemado el tocino a propósito porque su primo la había tratado mal. Asi que Harry prefirió cocinar, antes de castiguen a su hermana. -¡Peinense! -bramó como saludo. Hydra se peino como pudo con las manos, no tenia un cepillo y dudaba mucho que su tía permitiera que usara el de ella. Aunque solia peinarla cuando iba al colegio con una trenza, decia que era para que no les hiciera pasar vergüenza. Y aunque por lo menos la peinaba, siempre que lo hacia terminaba por tirarle el pelo. Harry estaba friendo los huevos cuando Dudley llegó a la cocina con su madre. Dudley se parecía mucho a tío Vernon. Tenía una cara grande y rosada, poco cuello, ojos pequeños de un tono azul acuoso, y abundante pelo rubio que cubría su cabeza gorda. Tía Petunia decía a menudo que Dudley parecía un angelito. Harry y Hydra se burlaban de su primo diciendo que parecía un cerdo con peluca. Hydra puso sobre la mesa los platos con huevos y beicon, lo que era difícil porque había poco espacio. Entretanto, Dudley contaba sus regalos. Su cara se ensombreció. -Treinta y seis -dijo- Dos menos que el año pasado. Hydra rodo los ojos, ella seria feliz solo con uno. -Querido, no has contado el regalo de tía Marge. Mira, está debajo de este grande de mamá y papá. -Muy bien, treinta y siete entonces -dijo Dudley, poniéndose rojo. -Y vamos a comprarte dos regalos más cuando salgamos hoy. ¿Qué te parece, pichoncito? Dos regalos más. ¿Está todo bien? Hydra hizo una mueca de asco ganandose una sonrisa se su hermano. -Entonces tendré treinta y.. treinta y.. -Treinta y nueve, dulzura -dijo tía Petunia. -Oh -Dudley se dejó caer pesadamente en su silla- Entonces está bien. Tío Vernon rió entre dientes. -El pequeño tunante quiere que le den lo que vale, igual que su padre. ¡Bravo, Dudley! -dijo, y revolvió el pelo de su hijo. -¡Y que pequeño! -dijo Hydra riendo. -¡Tu, callate! -exigió su tío. En aquel momento sonó el teléfono y tía Petunia fue a cogerlo. Tía Petunia volvió, enfadada y preocupada a la vez. -Malas noticias, Vernon -dijo- La señora Figg se ha fracturado una pierna. No puede cuidarlos. Hydra compartió una mirada cómplice con su hermano. La señora Figg era una anciana loca que vivía a dos manzanas y los cuidaba siempre que ellos salían. -¿Y ahora qué hacemos? -preguntó tía Petunia, mirando con ira a los hermanos. -Podemos llamar a Marge -sugirió tío Vernon. -No seas tonto, Vernon, ella no aguanta a los chicos. Los Dursley hablaban a menudo sobre ellos de aquella manera, como si no estuvieran allí, o más bien como si pensaran que eran tan tontos que no podían entenderlos, auque Hydra tenia las mejores notas en su clase. -¿Y qué me dices de... tu amiga... cómo se llama... Yvonne? -Está de vacaciones en Mallorca -respondió tía Petunia. -Pueden dejarnos aquí -sugirió esperanzado Harry. Tía Petunia lo miró como si se hubiera tragado un limón. Solia mirarlos asi siempre, aunque últimamente esas miradas se las ganaba Hydra. La pelirroja había escuchado una conversación de sus tíos sin querer donde decian que ella se parecia cada vez más a su madre. -¿Y volver y encontrar la casa en ruinas? -rezongó. -No vamos a quemar la casa -dijo Harry, pero no le escucharon. -Supongo que podemos llevarlos al zoológico -dijo en voz baja tía Petunia-... y dejarlos en el coche... -El coche es nuevo, no se quedarán allí solos... Dudley comenzó a llorar a gritos. -Mi pequeñito Dudley no llores, mamá no dejará que ellos te estropeen tu día especial. Hydra hizo cara de asco, tampoco era como si ella y su hermano quisiesen estar todo el día con su primo. -¡Yo... no... quiero... que... ellos vengan! -exclamó Dudley entre fingidos sollozos- ¡Siempre lo estropean todo! -¡Como si nosotros quisiéramos ir! -se defendió Hydra. Justo entonces, sonó el timbre de la puerta. -¡Oh, Dios, ya están aquí! -dijo tía Petunia en tono desesperado y, un momento más tarde, el mejor amigo de Dudley, Piers Polkiss, entró con su madre. Piers era un chico flacucho con cara de rata. Era el que, habitualmente, sujetaba los brazos de los chicos detrás de la espalda mientras Dudley les pegaba. Dudley suspendió su fingido llanto de inmediato. Media hora más tarde, los mellizos, no podían creer en su suerte, estaban sentado en la parte de atrás del coche de los Dursley, junto con Piers y Dudley, camino del zoológico por primera vez en sus vidas. A sus tíos no se les había ocurrido una idea mejor, pero antes de salir tío Vernon se los llevó aparte a los dos. -Se los advierto -dijo- Les estoy avisando ahora: cualquier cosa rara, lo que sea, y se quedarán en la alacena hasta la Navidad. Tío Vernon lo decía especialmente para Hydra. Ella era la más rebelde de los dos y siempre estaba con sus comentarios llenos de sarcasmo y haciendo enojar a su primo. -No vamos a hacer nada -dijo Harry hablando por lo dos- De verdad... Pero tío Vernon no le creía. Nadie lo hacía. El problema era que, a menudo, ocurrían cosas extrañas cerca de los hermanos y no conseguían nada con decirle a los Dursley que ellos no las causaban.
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