CHARLOTTE Tras un largo suspiro cargado de cansancio, me limité a asentir a las indicaciones que estaba dando Margareth, mi jefa. La cafetería no daba a basto y acababa de llegar, no estaba siendo un buen día. La noche anterior había estado hasta tarde despierta en los pasillos del hospital, sólo deseaba llegar a casa y echarme a dormir una larga siesta. Sin embargo, aún me quedaba un largo día. — ¿Charlotte?— la suave voz de Margareth me hizo reaccionar, ella sonrió y mis mejillas tomaron un color rojizo—. Cariño, no has estado durmiendo bien, ¿verdad? Negué mi cabeza. — No. Pero estaré bien. Ella asintió con una sonrisa extendida en su rostro con algunas arrugas esparcidas a lo largo de éste. La edad que tenía comenzaba a notarse en las arrugas que habitaban en su rostro y en sus ma

