La hora de la cena había llegado, en este momento estaba en mi habitación terminando de arreglarme, mientras colocaba solo un poco de corrector bajo mis ojos para poder tapar mis ojeras, podía escuchar el ruido del agua cayendo en el baño, pues el indeseable de mi esposo estaba duchándose, no entendía por qué lo hacía aquí, si tiene su propia habitación.
Mis ojos viajaron hacia la puerta cuando esta fue golpeada y abierta sin esperar respuesta, sonreí al ver que Mar asomaba su cabeza sonriente, pues ya imaginaba lo que ella venía a informar.
—¿Ya están aquí? — dije ansiosa
Ella asintió sonriendo aún más ampliamente.
—Enseguida bajo — anuncié
Mar se marchó después de que le dijera eso mientras yo me ponía de pie, caminé hasta mi closet y allí busque unas sandalias bajas para ponerme, estaba helando fuera, pero dentro de la casa había calefacción así que no debía preocuparme por pasar frio.
Una vez estuve lista salí del closet y me encontré con Marcos, quien salía de ducharse con solo una toalla tapando su parte baja del cuerpo, debo confesar que, si no fuera tan hijo de puta como lo era, él podría parecerme un hombre atractivo, pero su carácter de mierda, no le permitía aquello.
—Ellos ya llegaron, bajaré primero — le informé
—Ponte un saco sobre esa ropa — dijo autoritario
Miré la pequeña blusa de tirantes que llevaba, dejando ver todos los morados que tenían mis brazos y hombros, ladee la boca sutilmente burlándome de él, pero claro, sin que pudiese verlo y deje de hacerlo cuando volví a subir la cabeza para mirarlo.
—¿Tienes miedo de que vean tu obra de arte? — le consulté
Marcos dio un paso hacia mi amenazante y yo retrocedí, no podía negar que el miedo que le tenía no desaparecería de la noche a la mañana.
—No tientes al diablo, Alana, has lo que te digo y no colmes mi paciencia — habló
Decidí por mi propio bien caminar hacia el closet y buscar algún saco fino para poder ponerme sobre mi blusa, cuando lo hice solo lo tomé y salí de la habitación bajo la atenta mirada de él. Cuando salí de la misma solté el aire y me coloqué el saco, luego de eso emprendí camino hacia la primera planta.
Cuando llegué al pie de la escalera sonreí al ver las espaldas de los dos hombres que una vez fueron mi lugar seguro, pero que hoy día, no sabía si podían volver a serlo, quizás sí, pero el miedo a que les suceda algo, no me permitía ni siquiera pensar en ello como una opción de salvavidas.
Ciro y Caio al sentir mis pasos se pusieron de pie inmediatamente y se giraron para poder verme, sonreí al verlos cara a cara y caminé con presura hacia ellos para poder saludarlos.
—Me encanta tenerlos aquí — dije mostrando toda la felicidad que traía encima
En los labios del mayor de los hermanos se formó una gran sonrisa, siendo todo lo contrario con Caio, pues él mostro un ceño fruncido y un rostro endurecido.
—¿Que sucedió con tu cuerpo? ¿porque tienes tantos moretones? — consultó con una voz baja
—Supuestamente, tuvo un accidente — habló Ciro
—Así es, pero ya fui al médico él aseguro que todo está bien — dije de inmediato
—¿Y qué tipo de accidente te deja así de mal?
Él de verdad no pensaba rendirse hasta obtener una respuesta, los conocía a la perfección y sabía que cuando algo se les metía en la cabeza, no había lógica alguna que se lo sacase, Ciro era igual por eso esta mañana en la oficina, casi me había hecho desnudarme ante él.
—Hace unos días me pase de copas con una amiga, cuando llegué a casa intente ducharme, pero como ves — dije encogiéndome de hombros — fue duro el golpe que me di en la ducha al resbalarme — concluí mi mentira
—Y yo haré como que te creo — murmuró
Miré hacia mi espalda para saber que era la que Caio veía con tanto odio en sus ojos, no me sorprendió ver a Marcos allí de pie, él lucia una sonrisa ladina, de esas que te decía que todo iba a su antojo y manera en esta casa, odiaba cuando hacia eso sin evitar demostrarlo.
—¿Como están? Es un placer recibirlos en mi casa — habló él
Mire de inmediato a los dos hombres frente a mí, quienes dieron un asentimiento de cabezas, sin omitir palabra alguna, ¿porque el ambiente se sentía pesado de repente?
—Será mejor que pasemos a la mesa — hablé sonriéndole a los chicos
—Mi hermosa esposa preparó la cena ella misma
Casi pongo los ojos en blanco cuando Marcos al hablar paso su brazo por mi cintura y me llevo hacia él, pegándome a su cuerpo, más me contuve y solo solté un pequeño suspiro, para luego sonreír mientras asentía.
—Así es, hice tu plato favorito
Hablé y sin poder evitarlo estiré mi brazo alejándome de Marcos y tomando la mano de Caio, él sonrió cuando al mirar a su hermano, este me miraba mal.
—¿Ya vez? Siempre fui el favorito, acéptalo ya — se burlo
Y mientras hablaba me halaba con fuerza, haciéndome rebotar en su pecho, mientras sus brazos me abrazaban mi corazón latía con fuerza dentro de mi pecho, por poder estar así con él y porque sabía que esto al hijo de perra de Marcos no le gustaría nada.
Así que me alejé lo más sutil posible de su cuerpo, para que no notara que lo hacía apropósito, no quería sufrir más tarde luego de la cena. Pero como a Caio nada se le escapa, su ceño se frunció al ver que me alejaba de él y le dio una mirada a Marcos, quien se mantenía callado por ahora.
Intente disimular invitándolos nuevamente a la mesa y esta vez fue una misión exitosa, ya que todos me hicieron caso y caminaron de tras de mí, hasta llegar a la sala de comedor, donde cada uno tomo su lugar.
—Espero que la comida sea de su agrado — dije
Sentí mis mejillas sonrojarse al ver como Caio bajaba la mirada hacia su plato y sonreía para luego mirarme a los ojos.
—Se ve igual al que comíamos cuando ibas al colegio, espero que sepa igual de bueno — hablo entonces.
Le di una mirada rápida al idiota de mi esposo y pude notar como fulminaba con la mirada a Ciro, carraspee la garganta y deje de mirarlo, para concentrarme en cenar.
Por suerte para mí de su boca no salió nada estúpido, permitiendo así que la comida fuese tranquila, con algunos que otros recuerdos graciosos que mencionaba Ciro y de los cuales solo nos reíamos Caio y yo.
...
La cena había concluido ya, y ahora mientras yo me encontraba en la cocina en busca de copas y un vino, ellos charlaban en la sala, podía verlos perfectamente, ya que lo que separaba la sala de la cocina era una pared de vidrio, que permitía ver desde la cocina hacia la sala, pero, sin embargo, en viceversa no, ya que lo que se mostraba en la sala era una gran pared de espejo.
Giré en mi lugar perdiendo de vista lo que hacían en la sala, mientras les daba la espalda para poder buscar las copas que se encontraban en el aéreo de la cocina, luego de ponerme en puntas de pie para poder alcanzarlas y bajar tres copas, ya que yo no bebería, volví a girar para poder volver a la sala y casi suelto las copas en mis manos, cuando vi a Caio allí de pie, él estaba a tan solo un paso de mí.
Caio sin mediar palabras paso su brazo por mi cintura y me llevo hacia su cuerpo, abrí mis ojos con sorpresa cuando pegó sus labios a los míos, y cuando los cerré para poder disfrutar del beso, él se alejó.
—¿Qué haces? — consulté en un susurró
Aunque claramente solo quería que él siguiera besándome.