Termino de abrochar mi cinturón, y ajustar el puño de mis mangas, hoy será un día. Miro a la joven hermosa, que me salvo anoche, y que ha puesto mi mundo completamente loco, esta dormida, con el cabello rebelde, casi rojo por toda la almohada blanca. Con los ojos cerrados y unas pestañas tan largas que le forman una sombra grande. Sus cejas perfectamente delineadas, su expresión esta relajada, sonrío, porque yo nunca podría darle esa paz. Acaricio su mejilla llena de pecas, ¿Cómo algo tan pequeño puede gustarme tanto? Abre sus ojos ligeramente, para posarlos en mi, sus comisuras se elevan un poco hacia arriba —Buenos días—Su voz es ronca, y muy baja —Hola, pecas—Le digo, quitando mi mano de su mejilla, porque mientras mas contacto físico tengo con ella, quiero tocarla más. —¿Ya estas

