Mientras entrar en totalidad en Julieta es el maldito paraíso para mi, ella ahogo un gemido entre dolor y placer. Me quedo quieto mirándola a los ojos, con mis codos recargados a cada lado de su cabeza. Aunque sus ojos están brillosos, no parece que vaya a llorar. Besos sus mejillas, su nariz, juguetonamente. Le sonrío. —¿Estas bien? —Le pregunto, y ella asiente. —¿Y tu? —Me pregunta nerviosa —¿Yo? Estoy en el cielo, pecas—Le digo mientras su cuerpo se comienza a relajar—Me voy a mover—Asiente con deseo en los ojos, y eso me encanta, salgo un poco y entro lentamente, muerde sus labios, no defino bien si para contener el dolor o el placer, repito el movimiento lento, al entrar, aunque lo hago completamente, es con delicadeza, pero mi pene me pide ir mas rápido, me lo envuelve con fuerza,

