—¿Cómo te atreves a juzgarme? ¿A decir todas esas cosas? —Me reprocha con tanto enojo, que por un momento me cuesta prestarle atención a sus palabras, esta roja del enojo, cuando me cae el veinte de lo que dice, y recuerdo lo molesto que estoy con ella, de inmediato trato de tomar el control, no de la situación, sino de mi. Miro el reloj de mi muñeca, es medía noche no la mandaré en taxi a ningún lado, y no la llevaré a ninguna parte. Aprovecho para quitarme el reloj y ponerlo sobre la mesa junto al sillón. Mientras que ella me mira molesta, esperando una respuesta —Ya sabes, puedes tomar lo que quieras—Le digo quitando los gemelos de la camisa—Mañana no te quiero aquí Camino hacia mi cuarto, recogiendo el reloj y los gemelos. Ahí los meto en su respectivo cajón. Me quito la corbata del

