Cap 1 La Fiesta
Dos años desde la muerte de Core, dos años de soportar el frío invierno de Noruega.
Con un puesto en la embajada, una hija inteligente y capaz, ya no tenía mucho por qué luchar. Los días eran monótonos, de la oficina a su casa, de su casa a su despacho y quedar dormido en el escritorio cuando él trabajo se multiplicaba.
Oliver a sus 45 años era un hombre fuerte, conservaba su figura atlética y tenía buenos hábitos alimenticios a excepción del tabaco.
Todos lo consideraban como alguien con quien contar para los casos difíciles, bastante tenaz y sobre todo, nadie quería tenerlo como enemigo.
Una tarde, después de una larga reunión sobre el nuevo proyecto para repoblar pueblos fantasmas de Noruega, su vida salió de la rutina.
—Papá, que bueno que estás aquí, vine unos días a descansar y traje a mis amigas. Creo que las recuerdas bien. Sophia Molinari y Lía de los Rouguette.
Dos bellas jovencitas lo saludaron alegremente. Las recordaba, como olvidar las constantes travesuras y problemas en los que solían meterse.
Skdy estudiaba en Grecia, en Atenas, se había mudado ahí para cambiar de aires y no recordar tanto a su madre, pues aunque no lo dijera, sabía cuánto extrañaba a Core, no la culpaba, quería que fuera feliz e independiente, porque la muerte era inminente y si se volvía dependiente, no podría salir adelante.
—Sean bienvenidas, claro que las recuerdo. Pónganse cómodas.
—Gracias Señor Nyfada.
—A mi papá no le gusta que le den ese título de "señor", después de todo, él aún es joven y fuerte.
El comentario de su hija lo hizo reír, tal vez era mejor esforzarse un poco más por vivir unos años más, ver a sus nietos y jugar con ellos.
—Perdón, no lo sabíamos.
—No se preocupen, mejor descansen, las veré más tarde. Hay papeles que revisar.
Y subió a su estudio. Como siempre, se aflojó la corbata, tomó un puro y empezó a hojear los papeles que le había dejado su secretaria.
Las horas pasaron y escuchó unas risas en el pasillo, recordó que pronto sería la cena y dejó su trabajo a un lado para preparar la cena.
Apenas abrió la puerta y vio a una chica de aspecto frágil mirando a su alrededor. Antes, esa niña había sido la que siempre ponía a todos de cabeza para buscarla.
—Lía, ¿te perdiste?
—Oh... Si, lo siento, no conozco la casa y estaba distraída mirando las fotografías. ¿Donde compró las fotografías? La toma de los paisajes es muy buena.
—No las compré, yo mismo las tomé.
—¿Lo hizo? Digo... ¿Lo hiciste?
—Si, es un pasatiempo que tengo.
—Para ser un pasatiempo, luce como trabajo de un profesional.
—Te llevaré abajo con las demás. Casi es hora de la cena.
Ella no dijo nada, pero parecía ocultar algo.
Bajaron al primer piso y todo parecía desierto, ni un sólo ruido. Oliver miró a Lía de reojo y ella se hizo la desentendida. Entre más insistía en sacarle la verdad, ella se apartaba más.
Empezó a morder sus labios, eran de un bonito color rosado, parecían suaves. Dejó de mirar y entró a la cocina. En cuanto lo hizo, muchos rostros sonrieron y gritaron al mismo tiempo.
—¡Feliz Cumpleaños!
Así que era una fiesta sorpresa, pensó. Se había olvidado de su propio cumpleaños con tanto trabajo.
—Gracias, aprecio esto. Ahora entiendo la visita repentina de mi hija.
Sus compañeros de trabajo, amigos y otros rostros nuevos lo felicitaron y llenaron de regalos, comida y licor. Su hija había invitado a su novio y los novios de sus amigas.
Verla junto a ese muchacho, lo puso sentimental. Si no se cuidaba quedaría embarazada pronto. La había educado bien, así que no tendría relaciones sin protección, pero debía asegurarse. En cuanto su hija se alejó para atender a los invitados, él se acercó para hablar con su novio.
—Hola señor, espero que le guste la fiesta, Skdy y las chicas estuvieron planeando esto desde hace un mes.
Se le veía muy compuesto, culto y educado, pero si era novio de su hija, tenía que analizarlo mejor.
—Skdy siempre es meticulosa cuando algo le interesa o le importa.
—Es verdad.
—¿Cuánto tiempo llevan saliendo?
—Tenemos casi seis meses de relación.
—¿Estudias en la misma escuela?
—Si, departamento de medicina, me especializaré en el área de cardiología.
—Un cardiólogo. Bien, vamos al grano, ¿se están cuidando debidamente? Aunque estudien medicina, puede que haya ocasiones en las que la irresponsabilidad les gane.
—Uh... Si, por supuesto que nos estamos cuidando, ella quiere terminar su carrera y yo también. Un niño no nos lo impediría pero, las cosas no serían ya tan simples. Lo tenemos muy en cuenta.
—Eso es bueno, ahora dime, ¿fumas, bebes, usas drogas?
—Para ser honesto, siempre bebo algo después las nueve de la noche, no me considero un alcohólico peligroso. Fumo de vez en cuando.
—Que bien que seas honesto muchacho, es más sencillo comunicarse contigo. Cuida a mi hija, no la hagas llorar o yo iré por ti y arreglaré las cosas de una manera poco ética.
—De acuerdo, lo entiendo. Skdy sufre y yo muero.
—Eres un gran chico.
Skdy volvió con bebidas y aperitivos. Sospechaba lo que su padre hacía. Era típico de él atacar a sus novios mientras no estaba. Algunos le temían y otros simplemente lo repudiaron.
Como esperaba, Camus no fue afectado como sus ex, él parecía en calma total, ese hombre era el único en enfrentar a su padre como si nada. Quizá porque se parecían mucho.
—Papá, deberías aprovechar y beber, si sigues trabajando como una máquina, un día vas a convertirte en un robot.
—No seas tan dura, es natural tener tanto trabajo si estás en el consulado. No soy el único que come, respira y duerme con los asuntos de la oficina.
—Cierto, te pareces al padre de Sophi y a los padres de Lía.
—Sabemos cuáles son nuestras responsabilidades.
—Shh, no quiero escuchar cosas así por hoy, olvida tus asuntos y diviértete. ¡Lía, ven aquí y lleva a bailar a este hombre obsesivo compulsivo!
—Creo que tendrá que seguir por hoy sus reglas señor.
—Eso parece Camus, eso parece.
—Creí que no sabía mi nombre.
—¿Bromeas? Yo lo sé todo.
De entre un grupo de gente, Lía apareció y se puso a un lado de él.
—No es obsesivo compulsivo, sería más adecuado clasificarlo como adicto al trabajo.
—Lo que sea, sólo dale terapia por allá.
—Oigan, necesitan mi consentimiento para eso.
Entre risas y bailes improvisados, la noche siguió. Lía estaba siendo una buena pareja de baile para él. Pero no quería arruinar su noche obligándola a estar con él pudiendo bailar con algún chico de su edad.
—Lía, no tienes que permanecer a mi lado todo el tiempo, no te ofendas, es sólo que deberías aprovechar y bailar con alguno de los muchachos, no quiero interferir entre tú y tu novio.
Ella lo miró con incredulidad. No entendía porque llegó a la conclusión de que salía con alguien. Le gustaban algunos de los muchachos, pero no era más que eso.
—Yo no salgo con ninguno...
—¿No? Que extraño...
Según los reportes, se le había visto entrar y salir muy seguido de la habitación de un tal Milo Antares. De todas formas, un polvo no era un novio.
—Hay un error, no se preocupe, no me molesta bailar con... Contigo. Aún me es difícil no hablar formalmente contigo.
—Ya te acostumbrarás. Por cierto, ¿si te estás cuidando debidamente? No sería bueno un embarazo en tus circunstancias, tu familia espera encontrar antes un buen partido para ti, aunque basándome en sus estándares, cualquiera de tus amigos cumple con lo que tu abuelo busca.
Lía se puso muy roja, incluso casi se tropieza con él, estaba siendo demasiado directo en cuanto a vida privada y familiar.
Milo y ella tenían encuentros casuales, él estaba enseñándole algunas cosas, no necesitaba que él se lo dijera, porque sabía que sólo se quedaría así su relación de amigos con beneficios.
En cuanto a Afrodita, era un hombre excepcional, todo en él parecía perfecto, su familia lo amaría totalmente.
Kanon era gay, así que no podía tener más que una bonita amistad y nada más.
Los demás eran buenos hombres, con distintas cualidades, pero se sentían más familiares, como hermanos o padres, pero no como novios.
El padre de Skdy estaba sacando un tema que no quería reflexionar, su futuro prometido. Clío, su madre, deseaba que tuviera un buen marido, alguien con un gran nombre y riqueza por delante.
—Disculpa, no quiero hablar sobre ese tema. Entiendo lo que me dices, si que tengo cuidado.
—No quería ser entrometido. Perdón. Es la costumbre, tienes casi la misma edad de mi hija y las vi convivir mucho cuando eran niñas, así que simplemente surgió la idea de darte un consejo.
—Gracias.
Oliver se sintió incómodo, de alguna manera se las había arreglado para arruinar el ambiente.
De acuerdo a lo que sabía sobre la familia Rouguette, eran nobles encantados por coleccionar cosas bellas, obsesivos con la belleza física y la estética en todo sentido. Una familia verdaderamente torcida.
Tenían muchos secretos obscuros de los que se enteró en su investigación sin querer, y eso que todo lo que le habían dicho era superficial, tenía mucho que sacar si seguía buscando, pero con el riesgo de ser detectado y alcanzado por los Rouguette.
—Vamos a descansar un momento.
La llevó a un balcón, la noche estaba en su apogeo, con una luna brillante y un gran número de estrellas brillando con intensidad. El bosque nevado parecía de plata.
—Este lugar es sorprendente.
Murmuró encantada.
—Tengo algunos negativos sin revelar, te daré uno y así quedaremos a mano por lo de esta noche.
—Me parece bien. Es un buen trato.
Los recuerdos sobre lo que pasó después, no quedaron claros en la mente de Oliver.
Despertó con un labial rosa en la mano, desnudo, cansado, sediento y con una mancha oscura en la clavícula. Todo indicaba, hasta por los condones en su cesto, que había tenido sexo con alguien.
Quizá alguna de sus compañeras de trabajo lo había llevado a dormir y habían terminado teniendo algo más que una charla de amistad. Tenía dos años sin nada de acción, así que era normal caer tan fácilmente.
Bebió agua, se acabó una botella de un litro rápidamente y seguía sintiéndose seco. Si se había protegido, no había problema, pero debía hablar con la mujer con la que compartió la cama.
Se duchó, vistió y bajó a desayunar, esperaba encontrar un desastre abajo, pero no, sorprendentemente todo estaba ordenado. Su hija era realmente una gran persona. Si se enterara de lo que pasó, entonces le echaría una de sus maldiciones encima.
Ni ella ni sus amigas se veían, a excepción de su novio y otros muchachos terminando de lavar las copas y demás utensilios usados la noche anterior.
—Buenos días muchachos, son ustedes muy atentos.
Los 6 se volvieron hacia él y asintieron.
—Buenos días.
—Hola Oliver.
—Que noche.
—Fue una gran velada.
—Si necesitas quien te ayude a deshacerte de este Cubo, yo te ayudo.
—¡Angelo! Perdonelo, es un tipo algo idiota.
Aquellos muchachos no le caían mal, aún así no podía bajar la guardia y confiar al 100% en ellos.
—Eso va a depender de Camus.
—Ya escucharon. Este Cangrejo tiene posibilidades de matar al cubo.
Hablar de la universidad y cosas triviales, le hizo la mañana divertida. Era un buen cambio de ánimo. Desayunó y salió a la oficina. Durante el trayecto, miró el labial, era de una marca muy famosa, pero la tapa y demás tenían una mejor calidad y más detalles, como si hubiera sido personalizado.
Su secretaria era una muy conocida amante de las compras y el glamour, así que ella podría ser la dueña de tal objeto, se lo devolvería y las cosas con ella no cambiarían, seguirían siendo estrictamente laborales y de amistad.
Lía tenía algo así con ese muchacho. Recordar eso, le causó una extraña sensación de Dejavu.
La gente de la oficina parecía igual que siempre, no se les notaba casi la resaca, lo saludaron como de costumbre y él hizo lo de cada día, trabajar.
Revisó solicitudes de viaje, cambios de domicilio, proyectos para traer gente nueva, etc. Cuando al fin se tomó un respiro, habló con su secretaria, Margaret, una castaña de treinta y tantos.
—¿De qué me hablas?
—Por favor Margaret, sabes que me gusta ir al grano, ¿es tuyo este labial o de alguna de las demás compañeras?
—No, nosotras no usamos un labial así, está hecho por encargo especial, además, debe tener las iniciales ahí escritas o alguna marca especial.
Oliver sacó de nuevo el labial y revisó algún indicio, pero nada, no había nombres ni iniciales.
—No tiene nada así. Dime la verdad. Quedará como una noche loca y nada más.
—Te lo repito...
La secretaria entonces pareció recordar algo.
—Dime, ¿quien es la dueña? ¿O dueño?
—No lo sé, pero recuerdo que vi a esa niña, la amiga de tu hija, la vi salir de tu habitación y parecía nerviosa, su ropa estaba desarreglada y en un principio creímos que estaba ebria, no podía equilibrarse, pero ya veo, entonces fue por eso.
—¿De qué hablas?
—Bueno, no lo sé, pero se veía sospechosa. La vimos Amery y yo. Nos íbamos a despedir de ti cuando ella salió. Además, mira bien, la tapa tiene un delfin y una flor de lis, es parte del escudo familiar Rouguette. Mi amigo, eres un asalta cunas.
La información lo dejó en blanco. Como hombre tenía necesidades, gustos y fijaciones, pero no era tan tonto como para involucrarse con la amiga de su hija. Además era veinte años más joven que él y con una rara familia a rastras. Debía estar loco.
—No... Debe haber otra explicación.
—Yo creo que las cosas están muy claras pero no quieres admitir que tuviste una gran noche con una mujer menor que tu. Creo que a cualquier hombre le gustaría recibir algo así en su cumpleaños número 45.
—Tal vez, si no fuera amiga de mi hija.
—Debes dejar de pensar en eso y mejor devolverle su labial y explicarle la situación. Espero que sea muy madura y lo entienda, de lo contrario, las cosas se pondrán muy feas para ti.
—Lo que sea, guarda esto en secreto. No quiero después algún rumor que pueda usar la prensa amarillista.
—Sin problemas te guardo el secreto. No quisiera ser tu en estos momentos, menos de pensar en cómo va a reaccionar Skdy.
—Es que no pienso decírselo a Skdy.
Se lamentó y se culpó una y otra vez por ser tan irresponsable, aún cuando estuviera ebrio, no tenía por qué ir y acostarse con la amiga de su hija. Fuera o no, también tenía que hablar seriamente con Lía, ella también debió simplemente irse y dejarlo, no debía haberse involucrado con alguien mayor, que además es el padre de su amiga.
Se tomó el resto del día y fue a casa, cuanto antes se solucionara el asunto, que mejor.
Eran las 2 pm y la única que veía despierta era Sophia Molinari, ella y su novio Saga peleaban en la nieve. Por cómo se veían las cosas, nadie sabía nada sobre él y Lía. No quería creer en las pruebas circunstanciales, no recordaba nada, ella no había dejado más que un labial personalizado en sus manos, pero no había más pruebas. Subió a su habitación y empezó a revisar una y otra vez, y encontró un cabello rosa en su sábana.
Se consternó. Aún así no probaba nada, porque bailaron mucho tiempo y quizá uno de sus cabellos se pegó a su ropa y llegó ahí.
Tocaron su puerta dos veces, él abrió y ahí estaba Lía. Se le notaba tensa.
—Necesitamos hablar.
Dijo ella sin mirarlo a los ojos.
—Es un hecho.
La dejó pasar y notó que usaba ropa muy abrigada pese a estar en una casa con buena calefacción.
—Lo que pasó anoche.... No lo recuerdo mucho, pero quiero que se quede guardado y enterrado por nuestro bien y el de Skdy. Creo que también opinas lo mismo.
—Era lo mismo que quería decir. Tampoco recuerdo nada si te sirve de consuelo. Espero que no vuelvas a beber sin tomar en cuenta en donde y con quienes estás.
—Recordaré ese consejo. Creo que es todo. Fingiré que no pasó nada y seguiré con mi vida.
—Haces bien. Ahora ve afuera y enfría tu mente, haré lo mismo.
Para alivio de Oliver, Lía era una chica sensata, reaccionó bien. Margaret no diría nada, Amery estaba borracha y no lo notó, así que nada sucedería.