Capítulo 3

2145 Palabras
Ellos se acercan a mí. ¿Qué hago? No quiero verlos y mucho menos estar al lado de ellos. Paso las manos por mi cabello, y sigo hablando con mis amigos. —Hola, chicos. —Saludan, y Petter se sienta a mi lado. Aria, Nicholas y Lucas, les corresponden el saludo, y yo me limito a contestar fríamente. —Hanna, ¿Cómo estás? —Pregunta Petter, y deposita un suave beso en mi mejilla. —Bien. O, al menos eso creo. —Respondo sin mirarlo. —Me gusta tu cambio, te ves muy hermosa. —Musita acariciando mi cabello. ¿Por qué siempre ha sido así conmigo? ¿nunca lo entenderé? Lucas me mira con cara de "¿Qué le sucede?" Petter es... Tan tierno. —Princesa, lamento mucho la muerte de tu padre. —James toma mis manos y me da un leve apretón. Le dedico una sonrisa forzada, todos me miran extrañados por mi actitud, pero no puedo evitar ser así. Ellos son vampiros, un vampiro mató a mis padres biológicos, un vampiro mató a Robert, un vampiro me engañó y me hizo creer que me amaba como yo a él; entonces..., ¿cómo se supone qué debería reaccionar? Me pongo de pie y me voy de allí, no puedo estar al lado de ellos. Y me odio por comportarme así..., soy una estúpida. Porque aún sabiendo que ellos no tienen nada que ver, los evito. Suspiro frustrada y me dirijo al baño, me echo un poco de agua en el rostro. ... —Vamos a las duchas. —Dice Alexa. Una de mis compañeras, la clase de Gimnasia se acabó. Toda la mañana me la he pasado evitando a los Sullivan. Hablé con Aria, y no me dijo nada..., pues, ella me entiende. —Sí, vamos. —Caminamos hacia allá. Tras varios minutos hablando de temas triviales, se escuchan risas de chicas. —Ven, vamos. —Me hala hacia un cubículo y cierra la puerta. ¿Qué le pasa a ésta chica? La veo que está pálida. Ni que esas chicas fueran unos monstruos o algo parecido. —¿Qué ocurre? —Pregunto en un susurro. Además, esto es tan incómodo, pues el cubículo es muy pequeño. —Es Charlotte, la nueva capitana del equipo de porristas y su grupo. —Susurra con temor. —La miro confusa. —Ellas me hacen la vida imposible, siempre me humillan y maltratan. —añade con nerviosismo. Tengo varias clases en común con Charlotte, incluyendo Gimnasia, pero nunca he hablado con ella. ¿Pero quién se han creído? Para hacer tal cosa. Entonces esa chica remplazó a Allison. Me imagino que es igual a ella. Nos quedamos calladas, cuando de repente escucho algo que no es de mi agrado. —Viste a Miller, la que se acostaba con el profesor de Historia. —Esa voz es la de Charlotte, las demás sueltan una carcajada. —Sí, está cambiada. ¿Será que piensa conquistar al nuevo profesor de Historia? —No aguanto más y salgo del cubículo. —Si tienen algo que decírmelo, díganmelo en la cara, de frente. —Las fulmino con la mirada. Hay tres chicas. —Vaya, pero si es Miller. La que se acostaba con su profesor. —Hace una pausa y echa su cabello hacia atrás. —Dime, Hanna. ¿También piensas acostarte con el nuevo? —Sonríe Charlotte con burla. Todas sueltan una carcajada. Bien, echa una furia por su estúpido comentario, camino peligrosamente hacia ella. Pero siento que me sujetan por el antebrazo. Me giro y veo a Alexa. —Déjalas. —Le hago caso y me quedo quieta. —¿Y a ti quién te llamó, rata de biblioteca? —Le dice a Alexa. Por qué será que a los chicos que son inteligentes siempre les ponen apodos similares a ese. Alexa es inteligente, amable, cariñosa, y sobre todo, buena persona; ellas es cabello color chocolate, tez morena; tiene unos enormes anteojos, con los cuales no se le logran ver sus bellos ojos color miel. Ella no dice nada, se ve que les tiene miedo. —Vámonos, Hanna. —Intenta caminar. Pero una chica le pone el pie, haciendo que caiga al piso. Todas ríen al verla ahí tirada. Siento que la sangre me hierve, ayudo a Alexa a ponerse de pie. Miro que una lágrima desliza por su mejilla. —¡¿Quienes se creen para tratarla así?! —Vocifero enojada mientras las fulmino con la mirada. —Soy Charlotte y hago lo que quiera en esta escuela, soy la hija del director. —Dice con diversión. El timbre suena, y las plásticas ríen con burla para después entrar a las duchas. Agarro mis cosas y salgo de allí, Alexa camina a mi lado. —No debiste decirles nada. Y, mucho menos defenferme. —Susurra apenada. —Ahora te harán la vida imposible a ti también, y todo por mi culpa. —Se pasa las manos repetidas veces por el cabello. —Ya basta, Alexa. No sigas, esas chicas son unas idiotas. Y tú no te dejes amedrentar por ellas. Entiende son personas como tú y como yo. No valen más. —Suspiro. —Sí te vuelven a molestar me lo dices. ¿Vale? —No lo sé..., es que... —La fulmino con la mirada. —Está bien, te lo diré. —Me abraza. —Gracias por defenferme, nunca nadie lo había hecho. —Para eso estamos las amigas. —Deshago el abrazo. —Estás queriendo decir que somos amigas. —Asiento. —¡Somos amigas, somos amigas! —Chilla dando saltos. Río, me despido de ella y me dirijo a mi última hora de clases. "Biología" ... Me encuentro en mi habitación con Aria, ella me está ayudando con los trabajos de Historia. Tras varias horas estudiando arrojo los libros al piso, mi amiga me mira como si estuviera loca, me encojo de hombros y me recuesto en la cama boca arriba. Me siento exhausta, tanto estudiar. Creo que me va dar un colapso mental, bufo. Todo por no ir un mes a la escuela. Que rabia. Lo peor de todo, es que tengo muchos trabajos. Dado que hablé con los profesores de las demás asignaturas. Alguien que por favor venga y me rescate. Oh, y ahora quién podrá defenderme. > ¡Ja! Mejor me dejo de estupideces y sigo haciendo mis trabajos. Me pongo de pie para luego caminar hacia el baño. Después de ducharme; me coloco mi ropa interior, después me visto con un short, un crop top. Dejo mi cabello suelto y me pongo unas sandalias. —Amiga, te ves muy sexy. —Dice Aria y guiña un ojo. —Hanna, Petter te mira como si le gustaras. —Se pone de pie y comienza a buscar ropa en mi armario. —¿Petter?, no lo creo. —Cepillo mi cabello. —Si tú lo dices. Me prestas ropa, es que me quiero quitar este uniforme. —Asiento y ella toma un vestido color vinotinto con mangas largas. Camina hacia el baño. Que le gusto a Petter, no lo creo..., aunque su actitud me desconcierta. Recuerdo la vez que entró al baño de chicas y me acorraló contra la pared, donde me preguntó qué si yo quería un beso suyo. ¿Por qué lo hizo? No creo que haya sido una broma como él me lo dijo. Suspiro y me siento en la orilla de la cama. Escucho que tocan la puerta, digo un "adelante" mi madre entra a la habitación y se sienta a mi lado. —Cariño, no te parece que estas exagerando en vestir así. —Me señala de arriba abajo. —Mejor quédate en ropa interior. —Muerde su labio para no soltar una carcajada. —¡Mamá! —Chillo poniendo las manos en mi cintura. —No te burles, además me gusta vestir así. —Sonrío. —Bien, Hanna. Desde mañana regresaré al trabajo. —La abrazo. Sé que Sophia ha sufrido mucho por la muerte de mi padre, pero ya la veo de mejor semblante y eso me gusta. Al menos así podrá mantener la mente ocupada en algo. —Me alegra. —Recuesto mi cabeza en su hombro. —Me gustaría conseguir un trabajo para ayudarte con las cosas de la casa, pero ahora no puedo porque tengo muchos trabajos. —Digo sincera. —No hace falta que trabajes, con mi sueldo podemos vivir bien. —Se pone de pie. —Lo primordial son tus estudios. —Sonrío. Ella sale de la habitación. —Amiga, ¿Lista para seguir estudiando? —Aria camina hacia mí, pongo los ojos en blanco. ... Ayudo a mi madre a preparar la cena. Abro el refrigerador y vierto un poco de zumo en un vaso. Al cabo de un rato, Sophia sirve la cena. A decir verdad..., todo se ve muy exquisito. Hace rato que no me daba tanta hambre como ahora. Al terminar de comer, lavo los platos. Y subo a mi habitación, me pongo mi pijama y me acuesto a dormir. Algo imposible, dado que a mi mente llegan imágenes de Liam, la veces que me besaba, que me abrazaba; cierro los ojos y es como si escuchara sus palabras, donde me dice que me quiere, que me ama. ¿Por qué Liam?, ¿por qué me engañaste?, ¿por qué me hiciste creer que me amabas cuando todo era una mentira?, a veces quisiera que todo fuera una pesadilla y cuando despertara encontraría a mi padre con vida y a Liam a mi lado. Pero sé que ésta es mi realidad..., una chica a la que le mataron su padre, a la que un día le rompieron su corazón. Me siento vacía por dentro, no sé cómo explicarlo. Siento que se me cristalizan lo ojos, así que inhalo y exhalo; abrazo mi almohada. A la mañana siguiente, me levanto de la cama y me dirijo al baño. Tras haberme alistado, agarro mi mochila y bajo las escaleras para comenzar mi camino hacia la escuela. Al transcurrir muchos minutos, llego a la escuela y me dirijo hacia el casillero para buscar mis libros. Coloco la clave y los agarro, cuando giro sobre mis talones choco con alguien, haciendo que los libros se me caigan al piso. Alzo mi rostro y logro ver a Petter. Trago saliva. Él me mira con dulzura, ternura y me atrevería a decir que hasta con ¿amor? Lleva una de sus manos a mi mejilla, haciendo que mi cuerpo se estremezca ante su frío tacto. Su caricia es suave, como si tuviera miedo de hacerme daño. Tengo los nervios a flor de piel y no se el porqué. Por qué al estar al lado de Petter me siento rara, es como si mis emociones cambiaran repentinamente. Entonces vuelvo a la realidad y me aparto de él. —¿Qué quieres Petter? —Pregunto y recojo rápidamente mis libros. —¿Por qué estás diferente conmigo? —Se acerca a mí, niego en silencio y retrocedo. —Dime, preciosa. Te he extrañado mucho. —Pone sus manos en mi cintura. —Suéltame, Petter. —Advierto con voz firme. Pero él ni se inmuta. —No te voy a soltar. —Susurra en mi oído. —¡Qué me sueltes! —Exclamo molesta y lo empujo. Él me suelta, lo fulmino con la mirada y me voy de allí con dirección a mi primera hora de clase. Al llegar me siento en mi puesto. Después de acabar las horas de clase, me dirijo a la cafetería. Muchos chicos me miran como si fuera un trozo de carne, de inmediato pongo los ojos en blanco. Al llegar a la cafetería, logro ver a mis amigos sentados a la mesa. Y también están los Sullivan, camino a comprar lo que voy a almorzar y después me siento sola en una mesa. —Hola, Hanna. —Me giro y veo a Alexa. Saludo dedicándole una sonrisa. —¿Me puedo sentar contigo? —añade. —Sí, claro. —Tomo un sorbo de mi jugo. —¡Hanna Miller! ¿Me cambiaste? —Chilla Aria sentándose a la mesa. Pongo los ojos en blanco. —Aria, ella es Alexa. Alexa ella es Aria mi mejor amiga. —Ambas se saludan. Varios minutos después, nos encontramos riendo como unas locas desquiciadas, Aria y Alexa sólo hablan de cosas sin sentido..., pero dan risas. Me gustaría que April estuviera viva. Aún no supero su muerte, ella me hace mucha falta. Me hacen falta sus consejos, sus locuras. De repente mi vista se posa en Charlotte y su grupo de plásticas, ella camina por nuestro lado y de repente le echa su jugo a Alexa en la cabeza. —Ahora sí, te ves bien. —Charlotte y las plásticas sueltan una carcajada. Odio a esa estúpida plástica.
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