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917 Palabras

Corro tras el maldito autobús sin tener éxito, maldigo entre dientes por ser así de despistada, me siento en la banca qué hay en la parada para observar cómo la gente avanza de aquí para allá con cara de fastidio y mal humor matutino, ruedo los ojos por completo al ver una mujer con su bebé llorando por una estupidez, no resisto más de cinco minutos así que paro un taxi y doy la dirección del edificio, el taxi acelera, mientras el taxi recorre las calles de Nueva York miro a la gente que yace metida en sus propios asuntos sin importarles una mierda lo que los demás pensaran o dijeran de ellos. Manhattan tiene lugares muy bonitos para disfrutar y relajarse pero yo no vine aquí por deseo sino por trabajo. Al llegar al enorme edificio que parece rascacielos le pago al conductor de más de cua

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