Tal vez debí decirle a Kotler que no usará mi nombre real en el documento que mandaron a la empresa pero qué más da, el idiota jamás me buscara cuando sepa de todo, entro en el bonito edificio en el que tengo algunas cosas para mi trabajo, Kotler me dio una tarjeta con dinero para comprar ropa y cosas que necesito para llamar la atención de aquel hombre, veo la ropa con la que cuento y no me sirviera para nada, salgo del apartamento con la tarjeta de dinero ilimitado en mi bolso. Camino por las horrendas calles de Manhattan, como extraño Italia, ese pedazo del mundo donde me gusta estar y estar pendiente del negocio familiar donde soy la que manda y no trabajo como traductora o intérprete, busco entre las tiendas de ropa algo que se vea sexy pero discreto, coqueto pero no vulgar, extravag

