El joven que le había hablado primero prosiguió, sin reaccionar a la falta de expresividad del que de último estaba llegando. —Soy Larry Phoenix —se presentó sin ni siquiera ponerse de pie para extenderle su mano—. Eres el que faltaba. Nosotros tres —apenas volteó hacia los otros en la habitación y volvió a ver a Félix—. Seremos tus compañeros a partir de ahora, creo que lo más apropiado será llevarnos bien —observó con amabilidad, mientras el interpelado no mostraba más expresión que el de algún cirujano en medio de una operación a corazón abierto, tan serio, tan frio. —Hola —fue lo que dijo. Avanzó hacia la cama que le correspondía. La habitación era gris y bastante sombría, no se diferenciaba mucho de su estado de ánimo, así que no le importó. La

