Después del debido aseo mañanero estaban todos ellos en fila india con bandejas en sus manos, unos ya habían sido atendidos y otros aún esperaban a que la ligera comida que desayunarían tan temprano les fuera servida por empleados del lugar que parecía ser algún cuartel militar. El uniforme de entonces no era el formal, era un pantalón de algodón y licra, zapatillas deportivas y franelas. Todo igual de n***o, con una insignia en la manga izquierda de sus camisas. Félix aún se mantenía frío y con expresión seria, no dejaba de observar a todas partes con total disimulo y cautela, buscando con la mirada a la única persona en la cual su confianza estaba depositada. Así estuvo un par de minutos en aquel salón, con dos centenares de personas de igual vestimenta, fu

