—¡Elena! Mi amor por favor estoy aquí — abrí los ojos yendo a la realidad, mirando a Danilo a los ojos, esos ojos cálidos y puros que me mostraban el más hermoso amor. Me abracé a él fuerte, queriendo no soltarlo jamás. —Todo va a esta bien mi amor — estaba desconcertada, sin saber qué hacía ahí, y porque todo este tiempo, Daniel estaba en su lugar. —¡Lo mate ! —Exclamé llorando. Danilo no me decía nada, lo veía sufrir, sus lágrimas corrían por sus ojos con dolor, supongo que era su hermano al que había asesinado, y aunque era el ser más detestable que jamás hubiera conocido, llevaba su sangre, y eso en el corazón de Danilo que eran tan noble dolía. —Tenemos que llevar a la señora con nosotros — dijo un oficial de la policía, interrumpiendo a Danilo que no dejaba de soltarme. —Señore
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