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1495 Palabras
rostro. Sus labios se extendían hasta lo más próximo a sus orejas, los dientes perfecto se dejaban ver, y cerraba sus ojos dejando ver sus largas y oscuras pestañas. Con todo eso, Él sabía que lo que sentía en el pecho era amor. No podía mentirse a el mismo, se había enamorado de su jefa, y el sospechaba que la jefa también sentía algo, pero era muy pronto para decirle lo que sentía. Así que solo se limitó  a hacer fue comer el helado de ron que tenía enfrente con un poco de resignación. Porque tal vez no pudiera estar con ella de ahora para adelante. Un poco irritado que esos ojos no iban a ser para mirarlo a el, solamente. —Carlos, prométeme algo—Dijo ella con  gran confianza— Después de hoy me vas a traer a comer helados todos los días.                                                                                               —Claro como usted desee jefa. —Carlos casi salto de la alegría— Pero creo que me voy a quedar sin dinero. ¡Ja!.                                                                                                               —No importa te pago más—dijo ella con una vos cariñosa— No hay excusa, lo dice tu jefa. Ella meneo sus hombros un poco, como coqueteando.                                                         —Bueno. —Carlos se le acerco— Tiene algo aquí. Él se encimo a  su patrona.  Y con el dedo índice de la mano izquierda, le quito el pequeño escombro de galleta que tenía en la parte inferior de su labio. Ella agarro la mano de Carlos y metió el dedo en su boca, con su lengua lamio todo el dedo, dejando a Carlos sin habla.                                         —Mi labor es… —La joven lo interrumpió.                                                                                               —No digas nada. Con una sonrisa ella lo dejo fuera de la conversación, y el gustoso se quedó callado. Habían pasado ya algunas horas en las que hablaron de todo un poco, pero la conversa no se hizo eterna para Any quien disfruto la compañía de Carlos hasta el último momento. Pero ella tenía que ir a la oficina. A trabajar y él no se negó. Así que subiéndose a su carro dejaron atrás la heladería. Carlos llevo a su jefa a la oficina, ella subió primero, y más atrás venia el, tuvo que perder unos pocos minutos por que estaciono el carro en un lugar más alejado. Pero también subió casi al instante, cuando Any llego a la oficina, los empleados la recibieron con gran cariño ella en ocaciones le daban ganas de llorar, pero se contuvo porque Carlos estaba cerca. Alexandra la saludo con un beso en la mejilla y le dio la llave de la oficina. Carlos en ese preciso instante entro y vio el bululú que había en el pasillo central, mientras preguntaba  Alexandra por su patrona, esta con una cara seria apunto en dirección a su oficina. > pensó en su mente, corrió por el pasillo y fue directo a la oficina. La puerta estaba abierta, y la chica parada cruzada de brazos enfrente del escritorio. Carlos entro y con un tono algo sarcástico dijo: —Felicidades Jefa Ya está bien— la chica se volteó y lo miro a la cara, ella solo se sonrojo. —No debiste— dijo ella con lágrimas en su cara.                                                                                       —Pero no llores, no es para tanto. Solo son unas flores. —Se acercó a ella.                       —No solo son unas flores, son un detalle muy bonito ¡Gracias! —Any abrazo a Carlos— Tu eres como un ángel. De verdad eres muy bueno.                                                   —No diga eso patrona. —Con su dedo índice y pulgar alzo la cabeza de Any— Solo soy un pobre tonto, que se siente atraído por sus ojos.                                                                       — ¡Ay! Deja lo bobito, —lo apretó— eres de lo más bueno.                                                         —No me apreté así jefa por favor. —ella lo miro a los ojos.                                                           — ¿Porque? —Al momento la licenciada pudo sentir en su muslo un extraño musculo subiendo y apretando el pantalón de Carlos— Discúlpame, de verdad es culpa mía ¡Ja! La chica estaba roja como un tomate, y se alejó un poquito de Carlos tapando su boca para no echarse una carcajada.  Ella miro ese detalle y le volvió a agradecer, Carlos salió disparado al baño a cubrir su pequeño “error”  y ella se quedó en la oficina. Flores con un globo con un corazón. Un peluche de algún oso de felpa, y encima chocolates, todo cubierto en una canasta, ni un papel en el escritorio, tal vez no era un hombre muy atractivo, pero sabía que era un buen detallista y eso le gustaba a  Any, aunque ella después que Carlos se fue de la oficina Una lagrima dejo caer por su mejilla, recordando el pasado lo que había sido muy doloroso para ella. Pero miraba a ese pequeño detalle y ella volvió a sonreír, suspiraba con dolor o quizás con emoción en su corazón solo había una mescolanza, no sabía qué hacer con esos sentimientos encontrados, porque le quedaba claro que tenía una sospechosa atracción por el hombre. Cumpliendo con la orden que le dio Carlos a la Patrona espero en su oficina a que el volviera. Pero Carlos tardaba un poco más de la cuenta. Que cosas estaría haciendo, en el baño. Se preguntaba ella con gran curiosidad, No pasaron más de quince minutos cuando la  figura fresca de Carlos volvió a la oficina. —Ya volví—afirmo con firmeza.                                                                                                                                            —Menos mal, porque ya me iba a ir.                                                                                                           —Te perderías la otra sorpresa. —ella lo vio con certeza.                                                   — ¿Otra? No creo lo que escucho.                                                                                                  —Entonces tendrás que descubrirla jefa. —Ella se acercó poco a poco.                            — ¿Sera muy difícil? Pego sus dedos a la mano de Carlos y las empezó a deslizar  hasta llegar a su hombro. El hombre se mantenía recto.                                                —Tiene que descubrirla Jefa. —el bajo un poco su cabeza para poder morder esos labios carnosos y ella alzo la cabeza para recibirlo.                                                                     —Jefa le traje estos papeles que necesitan su firma. —Alexandra entro a la oficina y Carlos se separó de La licenciada a la velocidad del rayo, y  la patrona hizo lo mismo.  — ¿Interrumpo?— Pregunto ella con gran facilidad.                                                            —No pasa, —Dijo la patrona mientras se acomodaba el top de su vestido— Déjame  verlos —Alexandra le paso los documentos— Bueno los firmare mañana ahora me voy a mi casa, ya todos los demás se pueden ir.                                                                —Bueno avisare al resto de abogados. La secretaria salió de la oficina y Carlos y Any cruzaron sus miradas, acto seguido dejaron salir una carcajada que resonaba en las paredes.                                                                                                                                          —Oye hay que ser algo precavidos, nos pueden ver.                                                                      —Claro, además soy la jefa, nadie me puede decir algo. —se enorgulleció.                      —Pero yo solo soy un abogado, y se pueden crear chismes a partir de ello.                       —Tranquilo, solo confía en mí, además Alexandra no es una chismosa. Por algo ha trabajado conmigo durante tres largos años.                                                                                           —Eso espero. Confió en ti. Pero cambiando de tema. —Sacudió la llave del condominio— no puedo esperar a ver la cara que se te va a poner cuando estés comiendo mi especial.                                                                                                                                          — ¿Especial? —Inclino la cabeza— ¿Qué es eso abogado?                                                           —Ya lo veras Jefa. Te aseguro que vas a viajar hasta las nubes.                  Impaciente por que la noche llegara la mirada de Any delataba que ese día no se le iba a olvidar tan fácilmente, pero también estaba angustiada por que iba a ser en su casa, no había pasado muy bien la última vez que un hombre había estado encerrado con ella en esas cuatro paredes. La angustia y ansiedad se apoderaban cada vez que lo pensaba.   —Oye pero no te me pongas tan extraña. —Dijo el abogado— Yo voy a mi departamento a cambiarme esta ropa, después te buscare allá, pasare como a las ocho.                                                                                                                                                                              —Si está bien, pero llévame a mi casa para ir acomodando todo.                                       —Bueno como tú digas jefa. Carlos Salió apurado para prender el carro, en su mente casi no cabía la felicidad que tenía, la licenciada, que era la mujer más bella de china  —a sus ojos— estaba también sintiendo cosas por él, mayormente no se sentía como un quinceañero cuando una mujer le prestaba atención, pero con ella todo era distinto. Entre manos también sabía que si la Patrona le había dicho que iba acomodar su casa, estaba seguro que iba a haber “acción” esa noche cosa, por lo que estaba aún más emocionado. No sabía que las cosas estaban tan animadas después de todo. Pero algo eléctrico había entre ellos dos. Y así Carlos llevo a la chica a su casa, y con un beso en el cachete se despidieron uno del otro.        
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