XXIX

3938 Palabras
Marinette      Caminé hacia la cabaña de Adrien con una sonrisa soñadora en la cara. Debía reconocer que su habitación no era del todo muy acogedora, más bien, daba un poco de miedo, o sino, decírselo a la Marinette de hacía un año. Sin embargo, no podía negar que regresar al lugar donde había comenzado todo me emocionaba. Me moría de ganas de estar a solas con él, para hablar, besarnos y recordar momentos juntos aunque no fuesen muy agradables.       Me mordí el labio inferior y llevé mi mano al pomo de la puerta con cuidado de no hacer demasiado ruido.       La puerta chirrió un poco, aunque, al ver que todo estaba muy oscuro dentro, supuse que él no se había percatado de mi llegada. Me apetecía sorprenderlo, tumbarme en la cama con él mientras dormía y acurrucarme contra su pecho.        Una luz captó mi atención y no pude evitar sentirme un poco decepcionada al suponer que no estaba dormido. Cerré la puerta a mis espaldas, con cuidado y caminé hacia el interior, siguiendo la luz que asomaba por una de las habitaciones.       Era una vela encendida y al parecer era aromática porque desprendía un olor muy dulce, como almizcleño. Me pareció un poco extraño, ya que no me imaginaba a Adrien tan cuidadoso del hogar como preocuparse porque su casa oliera bien.       Me asomé con cautela y mis ojos se encontraron con una persona que no era Adrien.       Una sensación extraña se apoderó de mi cuerpo y un nudo cerró mi estómago produciéndome angustia.       Obviamente no era Adrien, sino una mujer de pelo corto azabache que bailaba una danza muy extraña bajo la luz de la vela. Sus ropas eran muy extrañas, un tanto ligeras y por algunas zonas transparentes. Sus pasos eran orientales y demasiado elegantes.       No lo entendía...       ¿Qué hacía esa mujer en la casa de Adrien?       Ella no se había percatado de mi presencia y yo tampoco me esforcé mucho para pasar desapercibida. Tenía otros problemas en la mente, como por ejemplo no entrar en pánico y empezar a sacar cosas fuera de contexto.       De todas las cosas que esperaba encontrar, esa sin duda era la última en mi lista.       ¿Por qué Adrien tenía a una bailarina  en su casa?        Mi garganta se resecó y por un momento estuve a punto de darme media vuelta e irme a llorar otra vez junto a Chloe, pero entonces, la chica se dio la vuelta y me vio.       Nuestras miradas se cruzaron y por un momento mis piernas empezaron a temblar.       La chica frunció el ceño y se cruzó de brazos vacilante.       —¿Qué haces ahí parada?—me espetó.—¿Y por qué me estabas mirando?       «Pero, ¿cómo que qué hago ahí parada?»      En todo caso, sería ella la que estorba en esta casa.       —Yo... Yo...—titubeé nerviosa, ante la seguridad con la que me pedía explicaciones. Cómo si de alguna forma yo fuese una extraña que acababa de meterse en su territorio y no al revés—No sabía que estabas ahí.       Sus ojos rasgados me escrutaron con la mirada, de arriba abajo, analizándome como si fuera un peligro que estaba a punto de atacarla.       «¿Me habré equivocado de cabaña?»      —Esto... ¿Vive aquí Chat Noir, verdad?—pregunté incómoda, creyendo que me podía haber metido en el lugar equivocado.       —Sí, vive aquí—dijo, segura de sí misma.—Está en la habitación de al lado, pero ¿Y tú quien narices eres?      «Encima hablaba como si supiera todo de él»       La fulminé con la mirada.       —Pues soy...       —Marinette—la voz de Adrien me interrumpió.—j***r, podrías haberme avisado de cuando venías. Podría haberte recogido y no te habrías venido sola.        Mis ojos aún seguían fijos en aquella chica y ella al parecer también hacía lo mismo.       Al darse cuenta de nuestra pelea de miradas, Adrien vaciló y se puso entre medias de las dos.       —Hostias—murmuró él, aparentemente incómodo.—j***r, se me había olvidado decírtelo. Marinette ella es Kagami, una fugitiva del circo que vino a la ciudad. ¿Te acuerdas de lo que dijo la vieja? Pues era de ella de la que hablaba.       No me molesté en responder, mi atención estaba demasiado centrada en esa tal Kagami que parecía estar mirándome con altivez mientras me evaluaba con la mirada.       —Tuve que esconderse y... desde entonces vive conmigo—aclaró Adrien.       —Así que ella es la famosa Marinette Dupain-Cheng—se acercó a mí a pasos lentos y elegantes y me extendió la mano.—Un gusto conocer a la futura reina de París.       Miré su mano extendida y después la miré a ella.       —No seré la reina—dije, con un tono cortante.—Nadie dijo que fuese a casarme con el rey.       Su mirada asiática brilló de diversión.      —Es verdad—Kagami miró a Adrien y después volvió a mí.—Tienes otros planes con el muñeco.       «¿Cómo que muñeco?»      —Y dale con lo del muñeco...—refunfuñó Adrien.—La próxima vez que me llames así me voy a cabrear de verdad.       Sentí la mano de Adrien cogerme la mía.       —Nos vamos—dijo, haciéndome caminar hacia él.—Te dejamos sola para que puedas seguir bailando esas cosas que parecen invocaciones de demonios.       —¡Si tuviera algo de culturas reconocerías el verdadero talento!—le espetó ella y yo sentí un nuevo pinchazo en el corazón.      «¿Por qué se hablaban con tanta confianza?      Cuando entramos en la habitación de Adrien no pude evitar estar más fría y seria que de costumbre. Adrien cerró la puerta detrás de nosotros.       Se acercó a mí y posó una mano sobre mi barbilla para depositar un pequeña beso que no tuvo respuesta.        Al ver que yo no correspondía a sus insinuaciones, frunció el ceño y se separó de mí.      —¿Pasa algo?—me preguntó preocupado.       —¿Por qué no me has hablado nunca de ella?—dije sin andarme con rodeos.       —¿De kagami?—inquirió extrañado.      —Sí.      —No lo consideré algo importante—aseguró.—Creo que los dos teníamos otras cosas más importantes que ella en la cabeza.       —Eso es depende de la importancia que le de cada uno—murmuré cabizbaja.—No sabía que tenías a una mujer viviendo bajo tu mismo techo.       —Eh... para, para—levantó las manos en señal de paz.—Ya sé por donde vas princesa y déjame decirte que sea lo que piensa esa cabecita tuya no es verdad.      —Adrien tú casi pierdes la cabeza cuando te creíste que dormiría en la misma habitación que Jouvet—le espeté.      —Pero es porque ese cabrón quiere meterse en su cama—me corrigió.—Kagami ni me quiere ni a medio metro de ella, hasta te diría que le caigo mal. No hace otra cosa que decirme gilipolleces y mierdas.       Por la forma en la que lo había mirado, su argumento parecía estar equivocado.       Aparté la mirada y suspiré.      —Ey... Tranquila—se acercó a mí y me tomó de ambas mejillas.—Quítate esa tontería de la cabeza. Que esa mujer esté viviendo en esta casa, no significa nada.       Lo miré, no muy convencida de sus palabras.      —Solo tengo ojos para mirarte a ti y escúchame bien. Nunca te dejaría por nada, ni por nadie.       —¿Me lo prometes?—musité, con voz temblorosa.       —Te lo prometo—dicho esto, se acercó a mí y posó sus labios sobre los míos.       Sin embargo, aquella noche, no pude dormir. ○•○•○ Marinette      —Esa tipa se las tiene guardadas—aseguró Chloe, comprobando el estado de sus uñas.—Desde el momento en el que la vi, supe que había algo raro con ella.       —Yo tampoco he tratado mucho con ella—dijo Alya, tendiendo una camisa.—No sabría decirte mucho.       —Yo ni siquiera he hablado con ella pero tengo muy buen ojo para reconocer a las personas y esa tiene pinta de ser una víbora—confesó Chloe, sentada en un barril mientras Alya y yo sacábamos la ropa mojaba del barreño.       Cuando fui a visitar a Alya, se puso a saltar como una loca y se repitió una escena más o menos similar a mi reencuentro con Chloe. Aunque, Alya se dedicó más a reñirme por no ir a visitarla en tanto tiempo.       Mi preocupación por Kagami aún seguía en mi cabeza y aunque hablar con Alya y con Chloe me distraía, no podía evitar tener una sensación desagradable en el estómago.       Estábamos tendiendo la ropa, o más bien Alya y yo, porque Chloe se dedicaba a mirar y a sacarnos conversación sin mover un dedo. Volver a colaborar con Alya me ayudó a despejar la cabeza aunque al final no pude evitar terminar sacando el tema que llevaba rondándome por la cabeza durante toda la noche. Ellas habían estado aquí mientras yo estaba en palacio y podrían aclarar todas esas lagunas que me atormentaban.       —Es una persona muy reservada—dijo Alya.—Desde que lleva aquí no se ha integrado mucho. Siempre come sola o con esa niña que llegó con ella. El único con el que habla es con Adrien y porque no tiene más remedio.       «Maldición»     Cuando Alya vio mi cara descompuesta enseguida añadió:      —Pero tranquila, no de ese modo—corrigió.—Apenas pasan tiempo juntos.       —Eso lo dirás tú—intervino Chloe de golpe.—Porque últimamente no paran de entrar y salir juntos de la casa. El otro día estuvieron toda la noche porque la ventana de su cuarto tuvo luz durante todo el rato.      «¿Toda la noche?»      —¿Qué noche?—dije atropelladamente, sobresaltándolas a las dos.      Alya y Chloe se miraron la una a la otra y después me miraron a mí.      —Hace dos—confesó.       —Oh...—fue lo único que fui capaz de decir.       Hace dos noches  él faltó a mi ventana y cuando Jouvet apareció en mi cuarto.  Adrien dijo que tuvo un asunto que no podía decir... Y ese asunto tenía nombre y apellido. Una oleada de malestar se apoderó de mí y por un momento quise vomitar.       Adrien había sustituido una de mis noches conmigo por pasarla haciendo no sé que cosas con otra mujer.       —Pero no pasó nada entre ellos, ¿Verdad?—Alya se acercó a mí y posó sus dos manos en mis hombros mientras miraba a Chloe molesta.      —Eso ya no lo sé—Chloe se encogió de hombros—. Aunque todo estuvo calmado, si te sirve de consuelo.       —¿Y tú cómo sabes todo eso?—incriminó Alya con ojos entrecerrados.       —Me aburro sin hacer nada, así que tengo que buscarme un pasatiempos para matar el rato—aseguró mi amiga.—Además tengo que vigilar al hombre de mi mejor amiga.       —Si colaboraras más, no te aburrirías—espetó Alya.       —¿Bromeas?  No pienso dejar que mis delicadas manos se llenes de callos y ampollas, ¡no hablar!      Alya rodó los ojos y se giró hacia mí.       —No le hagas caso—me animó.—Seguro que exagera.       —No...—murmuré.—Es cierto... Él siempre viene por las noches para estar conmigo y esa noche no apareció.       —¡Lo ves!—Chloe dio un salto y señaló a Alya.—¡Te dije que tenía un ojo innato para esas cosas!      Respiré hondo y enterré mi rostro entre mis manos.      No esperaba precisamente éste problema añadido cuando llegué aquí.       —Venga, Marinette. Que haya faltado una noche no significa nada raro—dijo Alya.       Las dos se acercaron a mí.      —Sí... en ese puede que tenga razón—dijo Chloe.—Y si sirve de algo... Creo que él no está muy interesado en ella, más bien es ella la que lo busca. Además, no deberías preocuparte.—Hizo un gesto de insuficiencia y sonrió.—Lo amenacé para que no se le ocurriera nada raro.       —¿Lo amenazaste?—miré a mi amiga con los ojos muy abiertos.      —¡Pues claro! No creas que iba a dejar que estuviese con esa bailarina de quinta mientras te ronda por la noche—aseguró.—No señor.       —No habría sido necesario.—contrapuso Alya.—Chat Noir no es hombre para dos mujeres. Él será muchas cosas pero desde hace un tiempo él ha cambiado y sé que no sería capaz de hacer algo así. Además Nino me habla mucho de él y dice que no hace otra cosa que hablar de ti.       —Dios te oiga, querida—dijo Chloe.—Dios te oiga...       Eso mismo dije yo.  ○•○•○ Marinette     Solo llevaba unas cuantas horas sabiendo que Kagami estaba rondando la casa de Adrien y ya me estaba volviendo paranoica. Aquella no era la idea para pasar mis pequeñas "vacaciones" en Miraculous. Ni de lejos. Creí que podría desconectar de todas las presiones y simplemente estar junto a Adrien, solos, durante dos días enteros, pero con la presencia de esa mujer en la casa todo se complicaba.       No quería duda de Adrien. De verdad que no quería, pero las palabras de Chloe no hacían otra cosa que rondar por mi cabeza.      Tenía un dolor en el pecho. Uno que me hacía sentir desplazada e inútil. No sabía que podría haberlo llevado a reemplazarme durante una noche por ella, pero las teorías y suposiciones siempre iban encaminadas hacia el mismo lugar. Y no me gustaban nada.       Después de terminar de tender la ropa y ayudar a algunas cuantas cosas, me pasé el resto del día con Alya y Chloe. Ya habíamos cambiado de tema y hablábamos de todo tipo de cosas.       Pero, aún así, mi mente estaba por las nubes y no hacía otra cosa más que esperar a Adrien.       Había llegado a Miraculous para estar con él y desde que me había levantado no lo había visto.      Me removí en mi sitio incómoda y simplemente me limité a deposité toda la confianza que pude en él, esperándolo y rezando para que viniera a por mí para estar conmigo y disfrutar el uno al otro sin ningún obstáculo entre nosotros.  ○•○•○ Adrien      Metí en la bolsa dos manzanas y un cuenco de esas cerezas que tanto me gustaban. Tenía planeado llevar a Marinette al lado donde la llevé aquel día para enseñarle a nadar.       Necesitaba un sitio donde poder estar a solas con ella, sin nada de por medio. Tenía pensado sonar convincente y con un poco de suerte la convencería para que se quedara aquí y no regresara con el hijo de puta que andaba detrás de ella.       Podría jugar con los recuerdos y sus emociones para hacerla entender de una vez por todas que estar junto a mí era el único modo de mantenerla a salvo.      Además tenía pensando recompensar la noche que falté con un baño de esos que tanto le gustaban y de paso la haría gritar de placer alguna que otra vez. Ahora que estaba logrando poco a poco superar ese miedo, estaba decidido a mostrarle la cantidad de cosas que podría hacerla sentir.       Tenía guardado el atardecer para los dos y obviamente la noche también, la llevaría  a ese claro del bosque que tanto me gustaba, así dormiríamos fuera de casa, y lejos de Kagami, pues al parecer, no había hecho muy buenas migas con Marinette . Ella la había pasado la mañana con Chloe y Alya, y yo estuve patrullando con Nino los alrededores, asegurándome que el ejército del rey no andaba buscando a Marinette por nuestra zona. Con un nuevo secuestro, Jouvet estaría como loco.       Me colgué la bolsa al hombro y abrí la puerta de la habitación.        Y me encontré justamente con la persona a la que tenía pensado esquivar durante el resto del día.       —Joder...       —¿Tienes un momento?—me preguntó.       Miré por la ventana y resoplé.      «El puto atardecer se me va a ir a la mierda»      —¿Quieres la verdad?—inquirí arqueando ambas cejas.—Ahora mismo no.       —Es importante—me soltó.—Sobre todo ahora que ella está aquí.       Miró la bolsa que tenía en el hombro y después a mí.      —Supongo que una cita puede esperar—añadió.      «Para una vez que intento hacer algo romántico me lo tienen que joder»      —Que sea rápido—dije, cortante. Dejé la bolsa sobre la mesa y cogí una silla.        Ella caminó con cautela y se sentó junto a mí.       —Verás...No sé como empezar—apartó la mirada y la fijó en sus manos.       —Entiendes el concepto "ser rápido ¿verdad?—inquirí.—Porque a lo mejor tardamos menos si te lo explico.      —¡Te digo que es difícil porque no sé que hacer para que no te pongas como un burro!—me espetó molesta.—¡Te mentí! ¿Vale? ¡Te mentí!      —¿Cómo que me mentiste?—hice una mueca.      — Sé para lo que sirven las llaves y también sé que hay en la caja—confesó.      —j***r Kagami, podrías haberte esperado un día para decirme esto, tan solo un día. Pero no, tienes que joderme todo cuando tengo a la persona más importante para mí justo a unos metros.       —¿Y qué quieres que te diga? ¡Te lo digo ahora porque precisamente no quiero que te distraigas con ella!—me incriminó.—No sabes el valor que ahí dentro de esa cofre.       —Por mí cómo si está el trono de Francia ahí dentro. Yo me lo paso por los huevos—dije.—Si hay algo que no debería distraerme es esta mierda de mis asuntos personales.       —No lo entiendes—dijo—. No te quise decir lo que había dentro porque aún necesitaba más tiempo para decidir si eras digno o no de confianza, y visto lo visto eres él único capaz de ayudarme a encontrarla.       Solté una maldición y me puse en pié sin decir nada, dispuesto a irme. Solo tenía ese día para estar con Marinette y no iban a jodermelo.       —Detestas al rey, ¿verdad?—me preguntó ella, viendo como abría la puerta.—no lo soportas porque está a punto de quitarte la cosa que más quieres.       Me retuve unos instantes y giré la cabeza.       —Eso es algo que no te importa.—Musité.       —Claro que sí.—Se puso en pié y caminó hacia mí.—Lo que hay dentro de esa caja es la solución. Es el testamento del Rey Guillermo y tiene las respuestas a todo lo que necesitas.       —Sea lo que sea, no creo que después de dos generaciones sea capaz de restaurar el régimen—dije.       —Te equivocas—me agarró del brazo y me hizo girarme hacia ella.—Por favor... escúchame. Te juro que merece la pena.      Volví a mirar por la ventana. Suspiré y cerré los ojos.      —Por favor, sé rápida.      —El rey Guillermo, sabes que fue el único monarca que no consiguió tener ni un solo descendiente.—explicó.—¿De verdad crees que querría morir sin dejar presente su voluntad para dejar el trono a un heredero?       —Si no tuvo huevos para hacer bebés, obviamente tendría que morir sin nada—dije, sonriendo de lado.      —No—Kagami resopló y negó varias veces con la cabeza.—Ese hombre era muy listo y adoraba los juegos y acertijos imposibles de descifrar. Él quería nombrar a un heredero, pero al carecer de hijos escribió un testamento a nombre de un heredero que a día de hoy no tiene nombre—explicó y yo cada vez estaba más al borde de explotar.—Por eso, firmó el tratado real y lo encerró en una caja sellada con cuatro llaves que esparció por toda la ciudad. Enterró la caja en un lugar donde nadie pudiera encontrarla.        —Pero si no hay nombre escrito, ¿de qué sirve ese testamento?—pregunté confuso.       —¿Aún no lo entiendes?—me miró directamente a los ojos.—No tiene nombre escrito porque nadie la ha encontrado. Ese es su testamento: el trono de Francia sería para aquel que encontrara las cuatro llaves junto con la caja. Aquel que escribiera su firma en el testamento sería el legítimo monarca. Ni siquiera el rey actual podría imponerse ante ese tratado. Es la voluntad del último m*****o de la verdadera familia real.      —¿Entonces la persona que firme el testamento de ese tío será el rey?—inquirí, colapsado por toda esa información.—Ese sería el verdadero heredero del país.       Kagami asintió.       —Bourgeois y Jouvet son reyes falsos, por así decirlo, no pertenecen a ningún linaje real. Simplemente fueron personas corrientes que ganaron una democracia, pero ese testamento sí que pertenece a un m*****o de sangre real y por ende tiene prioridad ante cualquier forma de gobierno actual.       j***r, demasiado información para un día en el que solo tenía planeado hacer un picnic.       —Tú padre y el mío eran partidarios de la paz y un gobierno justo. Sin abusos de poder y sin una nobleza mayoritaria que estuviese por encima de los demás. ¿Lo recuerdas ahora?—me insistió.—Esa nobleza fue la que mató a tu familia, tú padre murió intentando lograr un equilibrio en el país.     Sus palabras me hicieron recordar muchas cosas, sobre todo aquel fatídico día en el que Tom entró a mi casa y asesinó a mi familia. Mi padre siempre andaba criticando a la nobleza y se quejaba de las formas de gobierno impuestas, incluso proponía alguna que otra reforma que sabía que jamás sería escuchaba pero que para mi padre era todo un logro.       Sí, mi padre murió en manos de la clase social que intentó abolir y, si hubiera encontrado las llaves, las cosas hubiesen sido muy diferentes.       —Por eso no debes distraerte—Kagami se acercó a mí y me cogió las dos manos.—No olvides que ella es una noble, y que tú padre jamás quiso la clase de la que viene.—me miró directamente a los ojos.—Mírame, Adrien.—Me pidió.—Nuestros padres querían un mundo justo, sin clases superiores, sin nobles, burgueses ni condes. Querían encontrar las llaves para lograr un equilibrio y nosotros... Nosotros debemos cumplir su voluntad. Encontraremos la caja y sellaremos el testamento con nuestra firma.       Mierda, j***r, mierda. Todo esto me estaba cayendo de la nada y yo... yo no sabía como reaccionar.       Me quedé mirándola, sin decir una sola palabra.       —Tienes que entender que ella es del bando contrario. Mira de frente y encuentra la realidad—me repitió.—Solo nosotros podemos vengar la vida de los nuestros. Juntos.      Mi padre murió luchando por una sociedad justa, puede que muriera en manos de Tom, pero... su hija... ¡j***r! Su hija era lo que me hacía caer en picado.       Marinette pertenecía a la nobleza pero yo simplemente no podía dejarla de lado. Ella era mi vida entera, j***r y... no la dejaría por cuatro llaves.      Entonces, el sonido que sonó nuestras espaldas me hizo regresar a mi propia realidad y darme de narices con ella.
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