Capítulo 11.

1290 Palabras
Carisa despertó con una chaqueta cubriendo su cuerpo. El aroma masculino y absorbente inundó su mente en un segundo, quedando atrapada con los ojos entre abiertos y la consciencia muy lejos de ahí. Un recuerdo atravesó por su cabeza, algo cálido y dulce qué nunca borraba de sus sueños. "papá..." murmuró haciendo que el hombre de semblante solemne a su lado, riera de medio lado. —no soy tu papá, puedes decirme papi si quieres, no me molestaría. Esa broma de mal gusto la hizo enderezar su cuerpo de inmediato, sintiendo el mareo del despertar repentino. —no me gusta decir "papi" qué clase de complejo de electra es ese. —Bueno, si ese es el caso prefiero cariño o amor, no soy exigente con los apelativos. —no pareces exigente con nada. —dijo él molesto. —eres tan irritante... —bajo la vista solo un poco. No parecía feliz de la sensación de rechazo. —Lo siento, es mi mecanismo de defensa... ¿Dónde estoy? —ja, ja, ja, me encanta que pelees antes de preguntar lo importante. ¿No es obvio? Te acabo de secuestrar. —este es el secuestro más extraño que viví... —¿te secuestraron antes? —no, pero conocí a alguien secuestrado. Los asientos sintieron el tirón desde el asiento de atrás. —cuando teníamos 8, esta mujer salvó a un chico de un secuestro, fue bastante heroico. La voz de rudy salió de atrás, carisa se dobló torpemente y la vio fijo. Claramente no es un secuestro. —¿un chico? —preguntó Darío. —si, mis padres nos llevaron de vacaciones al sur, ella persiguió a unos tipos que parecían ¿como les decías? —parecían los narcos de csi... —¡eso! Y ahí llego, había un tipo de unos 14 que estaba casi inconsciente, llamó a la policía desde una cabina y le dio agüita, su primer amor... Tan bonita. —fue solo lo lógico de hacer. —¿Lo lógico? Esa familia ni siquiera te dio las gracias, le salvaste la vida a ese chico rico y nunca hizo ni una visita, quizás no tendrías que haber trabajado tanto para poder estudiar. "sh..." la hizo callar con su dedo índice. —nunca me dejas presumir, en fin, señor tassara, déjeme en esa esquina por favor. —íbamos a salir con Natalie... ¿No iras? —ya es muy tarde, además si Daniel esta en tu casa, puede que me visites en la carcel, tu no quieres eso... Saluda a spencer. La mujer se despidió de Darío y de carisa, el hombre asintió, estaba sumergido en sus pensamientos. Cuando arrancó el auto, el silencio ensordecedor dentro de ese extremadamente cómodo auto, hizo que ella sintiera nervios. —¿Puedes dejarme aquí? No necesitas llevarme a mi casa. —¿crees que dejaré que vuelvas en taxi? —puedo llamar a —¿spencer? —interrumpió —no, te llevaré a tu casa. —tú familia esta en el hospital, deberías estar con tu abuelo... —ellos están bien, tú los atendiste. —el corazón de carisa dio un vuelco otra vez. Ese hombre la va a matar si continua así. —Bueno... Mi dirección... ¿Cómo la sabes? Darío apretó el volante. En momentos así hay dos opciones, decir la verdad, o inventar algo medianamente creíble. —tú amiga me dio la dirección antes. —la mentira era mejor que parecer un acosador. —comprendo... Nuevamente, ese silencio que la pone de los nervios, Darío golpeteo con su dedo pulgar el volante y pensó en la forma de atravesar ese muro de hielo. —¿Estás aún con spencer? —no, solo amigos. La miró repentinamente, le sostuvo la mirada como si lo que decía fuera lo mejor de toda su vida. Paso saliva y escucho un vocinazo, volvió la vista al camino y aceleró, llego en la mitad del tiempo a casa de carisa, estacionó pero no quito el seguro. —¿tienes planes para hoy? —¿aparte de dormir? —Darío sonrió divertido, se notaba cansado pero se notaba su nerviosismo, carisa aprendió algo de él, es extrañamente tímido si no se trata de sexo, torpe y angustiante. —Es cierto, seguro estas cansada... —tan cansada como para comer algo y tomar un café, no. —volvió la vista a ella. —¿Quieres ir a cenar? —¿no quieres subir? No sé si te gusta como cocino pero de seguro es comestible. El auto desactivo los seguros antes de que terminara de hablar, es más, se desbloqueo en el momento que pregunto si quería subir. Ambos bajaron, ell aun sostenía la chaqueta de Darío en su cuerpo, ahora doblada en su brazo pero muy cerca de su pecho. El la siguió rápido, como si carisa pudiera arrepentirse, subieron al ascensor en silencio, hacia frío pero los apartamentos estarían cálidos. En cuanto entró, noto que las luces estaban encendidas y la TV también. —dame un minuto, iré a cambiarme, aun llevo la bata del hospital. —ella estiró los brazos divertida, realmente ni los zapatos del trabajo se cambió. —tengo... Cerveza, bebida, jugo en el refrigerador y café fresco en la cafetera, vino y whisky en el mueble café de ahí. Él solo podía apreciarlo en silencio, soltó el nudo de su corbata, la mujer vio esta acción con atención, como alguien podía ser tan sexy sin siquiera intentarlo. —gracias... — carraspeo, se sintió tan idiota de repente, su voz tembló solo por dar las gracias. —Es cierto, tu chaqueta... —no te preocupes. —seguro aun tengo aroma a hospital...limpiador y medicamentos. Quiso tomarla de donde la dejo anteriormente pero daría se adelantó quedando de pie frente a ella. —no hueles así... Hueles bien. —¿bien? —bien. —afirmó, su postura para mirarla lo obligaba a bajar la cabeza, ella se sintió repentinamente avergonzada, no pudo evitar mirar el nudo de su corbata, recién lo había tocado con un movimiento tan incitante, era provocador sin buscarlo. ¿Cómo llegaron ahí? Lo último que recordaba era estar en el hospital y luego el sueño con su padre. De algo estaba segura, este hombre tenía algo que la atrae, crea un ambiente único que la hace anhelar algo tan intensamente, agradable, suave, incluso cuando ambos se están insultando puede sentir que la tensión esta ahí. Sintió la mano enorme de Darío agarrar su cintura, bajo la cabeza encorvando la espalda y atrapó sus labios, la giró un poco, de esa forma, los muslos de carisa dieron con el respaldo del sofá. Respiro y su aire fue cortado por los labios de Darío. El hombre jadeo contra su boca y cerró todo espacio nuevamente, su lengua acarició la de carisa, caliente, demasiado caliente, húmeda y suave, rozando su paladar, causando cosquillas pero nada comparado al cosquilleo qué produjo en su estómago. El beso acabo con pequeños y cortos besos más, como si él buscará nuevamente comenzar más y más besos profundos. —me moría por hacer eso desde que te conocí... —el rostro de carisa estaba encendido en llamas, no supo cuando su mano se afirmó en el abdomen de Darío pero empuño su camisa mientras ella recuperaba el aliento. Eso era, esa sensación tan deslumbrante, Darío es la clase de persona que solo da esas expresiones a algunas personas, sentirse amada o deseada por un hombre así... Lo observó unos segundos, sus labios humedecidos y rosa. Estiró su mano soltando la tela tembló un poco y la subió hasta su cuello. Sin Mediar palabras, la que corto aquel espacio entre ambos fue ella, de un impulso afirmó su trasero en el mueble y se colgó del hombre.
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