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Seducida por un Ciego: Natalia.

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Descripción

Blake puede ver, después de más de diez años sin disfrutar de esa facultad. Por primera vez reconoce la belleza de una mujer, Natalia, quien llegó a su vida para cambiarla, pero alguien está tratando de impedir que estén juntos y sean felices. Se enfrentarán a grandes pérdidas, nuevos retos, tendrán que evadir enemigos y sobrevivir a las tempestades.

¿Ganará el amor?

¿Dejará de estar ciego su corazón?

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Ilusión
Mi piel se eriza, nunca hubiera adivinado que experimentaría este momento, me pregunto si es un sueño o si es cierto, Blake está tocándome y acaba de susurrar a mi oído que puede verme ¡Dice que soy hermosa! Me he quedado sin aliento, sin palabras, sólo me acompañan unas ganas enormes de besarle, pero me contengo un poco, no quiero pasar por la pena del rechazo. Cierro los ojos y me embriago lentamente. Siento cómo viaja por mis brazos, de arriba hacia abajo recorre mi piel con las yemas de sus dedos, se deleita en seducirme con algo tan sutil y a la vez tan poderoso como el roce de sus manos. Lo siguiente que hace es visitar mi cuello con sus dedos, haciendo movimientos circulares. En este punto ya no soy dueña de mí, porque viaja hacía mi espalda, colocando su cuerpo detrás del mío, retirando con una mano mi pelo hacia un lado, para dejar caer sus labios como sustitutos de sus dedos en mi piel, recorriendo mi hombro con sus besos. Entre suspiros y delirio recuerdo que Blake puede ver ¡Puede ver! ¡Es cierto! ¡Puede ver! Volteo rápidamente, retiro los lentes oscuros que están en su rostro y le miro fijamente. A pesar de que sus ojos están irritados y algo rojos, ya no hay un vacío en su vista, es un hecho que me está mirando de verdad. —¿Desde cuándo puedes ver? —le pregunto con asombro, llena de misterios sin resolver. —Hace unos días comencé a percibir la luz, al principio molestaba mucho, pero me siento cada vez más cómodo —explica. Me lleno de regocijo al escuchar esas palabras, se me escapa una sonrisa del alma al saber esta hermosa declaración. Hablamos de Blake, quien hoy tiene veinticinco años, pero es el chico millonario que perdió a sus padres cuando era muy pequeño y su abuelo se hizo cargo de él. Es el mismo que a los diez años fue diagnosticado de glaucoma, pero que no le intervinieron quirúrgicamente porque su malvado tío, Vlad Harris, con sed de ser el único heredero de la familia prefirió callar la cura para su enfermedad. Mintiendo a su amado abuelo, Peter Harris, tejió la idea de que una cirugía terminaría con la vida del niño, por lo que se decidió no someterle a cirugía y jamás dieron seguimiento al problema. Es este mismo el Blake a quien todos temen por su mal humor, quien se encerró al mundo y al conocerme quería que le enseñara a seducir. Un día dejo de ser ese ser enojado y comenzó a brillar en él la esperanza. Blake, mi Blake, ahora es otro, ha comenzado a ver. Nuestro viaje a Sacramento para investigar su diagnóstico inicial surtió efecto y cosechamos sus frutos. Valió la pena practicarle la cirugía y soy testigo de este evento que parece ser un milagro. Todo en mí se alegra con esta buena nueva, no cambiaría esta noticia por un millón de dólares. Con alegría le abrazo, mis intenciones son expresar en un abrazo mi regocijo, pero las suyas parecen ser otras ¿Quién es este hombre que ahora me está apretando y acercándome a su cuerpo? Sigo teniendo la sensación de que esto es un sueño, un vil engaño. —Natalia, con razón no me puedo contener cuando estoy cerca de ti —confiesa con voz apasionada en tono bajo. Parece un animal en celo. —¡Apártate! No podemos están cerca, recordemos que tienes novia —intento ser la voz de la conciencia que haga las cosas bien, pero esto sale de mis labios, no de mis acciones. Una cosa digo y otra hago, sé que estoy mal y tal vez seré juzgada, pero no me puedo contener. Con los labios digo lo correcto, con mi cuerpo no logro retroceder ni un paso. No sé cómo ahora este hombre se ha fijado en una mujer cómo yo, a mis veintitrés años nunca nadie había despertado en mi tanta pasión sin siquiera desnudarme. No tengo un autoestima muy alto, a decir verdad, me siento muy insegura de mi la mayor parte del tiempo. No sé cuándo me hice la idea de que no hay nada especial en mí por ser de baja estatura, y aunque me dicen que soy hermosa realmente no me lo creo, no creo ser atractiva y a pesar de tener un color de piel por el que me apodan canela en el vecindario, pelo n***o lacio y abundante, ojos pequeños castaño claro, en mi reinan esas emociones porque me siento ser de una belleza muy diferente a lo que comúnmente veo. Mi madre siempre dice que tengo una belleza extraña, aunque suena muy raro si lo veo desde ese punto. —Eres sencillamente hermosa —afirma. —¿Cómo puedes saber o asegurar eso Blake? —Basta con que a mis ojos seas preciosa, lo demás es irrelevante. Sus palabras logran sonrojarme y bajo la mirada por la vergüenza. —Si quieres que me detenga, vete. De lo contrario no podré contenerme, para mi resultas ser irresistible —luchando con su deseo me expresa esas palabras. En mi humanidad no me puedo resistir, sucumbo ante la necesidad y dirijo mis labios a los suyos. Nos encontramos y en un beso revelamos todo lo que ocultan nuestras almas, se encuentran nuestros labios y saboreamos la miel que nos aguarda, pero esta vez en un movimiento en conjunto caemos a la cama. Mientras más se intensifican los besos más calor siento. —¡Toc, toc! —alguien toca la puerta y esto nos invade de sorpresa. Estamos nerviosos, muertos de miedo e histeria, el momento íntimo que tenemos se ve interrumpido por alguien. Rápidamente me lanzo contra el piso a un lado de la cama, Blake busca sus lentes oscuros y su bastón, arregla su ropa y estira un poco la cama. —¡Un momento! —exclama él mientras intenta resolver buscándome un mejor escondite, pero ante la prisa hago lo posible por no emitir ningún ruido y mantenerme en el suelo. —Está bien, dile a mi hija que han aparecido las llaves —mi madre informa y escuchamos como se retira. Aun en el piso, muerta de miedo, Blake se acerca, me mira y al inclinarse hacia mí reímos a carcajadas una y otra vez. —¡Tu madre sí que sabe actuar! Ja, ja, ja —exclama entre risas.

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