Tu Asistente

1124 Palabras
—Este sí que es un semental ¡Una fiera en la cama, el indomable Vlad Harris! Se me hace agua la boca, ya estoy salivando —piensa en sus adentros la madre de Julissa. —Mi madre a veces sí que sabe cómo ser una zorra, se atreve a no guardar nada de pudor delante de todos —Julissa injuria en su corazón. —Un trío no nos vendría mal, madre, hija y yo ja, ja, ja—desea Vlad. No sé cuál de las dos es peor, si la mamá o la hija. En sus miradas ocultan un aprecio especial por Vlad Harris. Por lo que veo, lo mejor es que seque mis lágrimas, si es que sale alguna y deje a Blake hacer con su vida lo que él quiera. —¡Julissa! ¿Tienen fecha para el evento de compromiso? —pregunto. —Estamos verificando cual día nos conviene más. —¿Puedo venir con alguien? —pregunto. —¿Y quién querría venir contigo? Ja, ja, ja. —¿Puedo o no? —Trae a quien quieras, pero que no sea alguien corriente como tú, dile que vista para la ocasión —responde la muy indeseable. Blake se acerca a mí y me cuestiona mientras Vlad se pavonea ante las dos mujeres más sofisticadas de esta cocina, o al menos eso creen ellas. No sé qué le ven a él porque a pesar de tener pelo abundante, liso y n***o, sus ojos son extraños, no le veo ninguna característica que le haga resaltar como alguien sexy o atractivo. Sé que cada uno tiene sus gustos, pero como para estar con alguien sólo por estar, a Vlad no le veo lo interesante. —¿A quién traerías? ¿De qué hablas? —pregunta Blake en voz baja. —A un acompañante, después de todo es tu cena de compromiso, no tengo por qué estar esperando lo que nunca pasará —respondo. —¡Julissa! Tenemos que hablar —Blake llama su atención. —¿Si? ¿Ahora? —extrañada, pregunta. —¡Si! En privado, por favor. —Claro cielo, ya veo que quieres verme en privado —contesta insinuando que quieren intimidad. Julissa me mira con ojos de águila, cree que soy responsable de esa llamada de atención que le ha hecho Blake, o simplemente no deja pasar un instante sin hacerme sentir inferior a ella, o intentar hacerlo, como siempre. Ella se acerca a él, le sostiene una mano y como buen actor, él agarra su bastón y se dirigen a la sala. Una parte de mí quiere creer que finalmente le dirá que no se casará con ella, pero no canto victoria, la forma en la que él deja que las cosas fluyan sin interrumpir ni contradecir, pone en duda su promesa de amor. —Natalia, Naty, quiero enseñarte algo, en privado —mordisqueando sus labios el asqueroso de Vlad se atreve a insinuarme cosas. —Madre ¿Cuándo nos vamos? —pregunto enojada. —Un poco de paciencia hija, no puedo dejar a las invitadas desatendidas. Lo siento. —Entonces estaré afuera esperándote. Camino hacia el patio trasero, no puedo más estar en presencia de Vlad y mucho menos de esas “dos reinas del mundo”. Intrigada, enojada y sobre todo incómoda, encuentro descanso en sentarme en una silla junto a la puerta de atrás. La silla de jardín pintada de blanco, construida en una especia de hierro, es mi mejor amiga ahora mismo, la soledad me da la calma que necesito. De momento siento la presencia de alguien detrás de mí, por un segundo pienso que es Blake que viene a conversar, pero cuando me pongo de pie y doy la vuelta para ver. —¡Oh! ¡Qué susto me ha dado! ¿Quién es usted? —Disculpe señorita, soy Mateo Días, un placer. Mateo, físicamente atractivo, debe ser un Días. Dentadura perfecta, cabello lacio castaño, pestañas abundantes, ojos canelos, alto, fuerte, muy bien vestido y por lo visto con modales. —¿Dijo Días? —Si, soy primo de Julissa, sobrino de Gloria, de quien se dice que es la más hermosa ja, ja, ja. —Mucho gusto, soy Natalia. —Lindo nombre, Natalia —se acerca, toma mi mano y deposita un beso. —¿Qué le trae por aquí? —Mi prima, su boda, en realidad conozco la familia y como mi tía me crio como a un hijo, el que nunca tuvo, escuché que hay compromiso, así que aquí estoy. —Bueno, es un gusto. Escucho pasos, alguien se acerca, volteo y veo que es Blake. —¡Hola! —¡Blake! Te ves como todo un galán ¡Esooo! ¿Cuándo podrás verme? ¡Ven aquí! —Pronto Mateo, pronto podré ganarte en algún juego ja, ja, ja. Se abrazan con afecto, hablan del viaje de Mateo y yo opto por regresar a mi asiento. —Disculpe si le aburrimos señorita, ja, ja, ja, iré a ver a mi tía, será una sorpresa para ella verme. Hace unos meses que estuve fuera de esta ciudad. —Adelante Don Juan, nos vemos luego —dice Blake mientras sonríe. —Nat, quiero pedirte disculpas y paciencia a la vez. Sé que esperas que lo solucione ya, pero… —Dime si hablaste con ella, Blake ¡Sólo dilo! —Hablé con ella, pero no pude terminar porque... —¿Cómo que no pudiste? ¿A qué te refieres? —Julissa está enferma, no pude ante sus ojos llorosos, sus metas de casarse, su sueño construido conmigo, romper su corazón sin más. —¿Enferma? —Dijo que tiene una enfermedad crónica, no quiso o no pudo dar más detalles porque el llanto no le dejaba hablar, su madre tuvo que asistirla, estaba hiperventilando y yo no supe que hacer. Me enredé. —¿Entonces te casarás con ella por estar enferma y no romper su corazón? ¿Te enredaste? —¡Jamás! Lo solucionaré, sólo necesito tiempo. Algo en mi interior arde ¿Cómo es que fui tan estúpida en confiar en él? —¡Paf! —le regalo una bofetada— No vuelvas a jugar conmigo, seré tonta a veces, pero no jugaré tu juego. Primero me juras quererme y luego por pena o no sé qué, vienes a pedirme tiempo ¿En ese lapso piensas que yo estaré para ti y al mismo tiempo estarás con ella? ¡De ninguna manera Blake! ¡Olvídalo! —Nat, yo… lo tengo merecido ¡Perdóname! Es que no supe qué hacer. —Pues yo sí sé qué hacer. Sigue con tus cosas, yo seguiré con las mías. —¿Otra vez te alejas? —¡No! Esta vez, soy tu asistente.   
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR