No sabría cómo explicar, o explicarme a mí misma, todas las emociones que de un momento al otro despertaron dentro de mí. No podía quitar la mirada de la niña, no sabía si era por la inocencia que emanaba o por el hecho de parecerse tanto a Eliot. Estaba tan ensimismada con mis tantos pensamientos que olvidé completamente que cierto chico aún continuaba allí, podía sentir su mirada sobre mi persona y eso, de alguna manera, causó que reaccionase… —Tiene sueño —musité, irguiéndome nuevamente—. Será mejor que la lleves a dormir. —Ven, princesa —Eliot se inclinó a la altura de la pequeña y la envolvió entre los brazos. De inmediato ella apoyó la cabecita contra su pecho y soltó un bostezo—. Quieres… ¿Podrías, por favor, traerme esa mochila? Estuve a nada de decirle que no, pero al verlo con

