"¿Cuánto tiempo llevas aquí?", preguntó Lena, roja de vergüenza. Observó cómo los hombros de Erich subían y bajaban con una respiración larga y constante. —Ya es suficiente —respondió Erich. Lena asintió, avergonzada. —Entonces... ¿no lo amas? —preguntó Erich con voz cargada de desprecio. Lena negó con la cabeza. —Fue solo un sueño, Erich. Nada más. No pude evitarlo —respondió Lena. Erich se levantó rápidamente y se interpuso frente a ella amenazadoramente. Fruncía el ceño con dureza, pero Lena pudo ver que sus ojos estaban profundamente heridos. Y le dolía por dentro verlo tan infeliz. "¿Qué... tengo que hacer... para sacarlo de tu corazón? ¿Cuánto tiempo me llevará, Lena?", preguntó Erich con voz enfadada, pero suplicante. Lena lo miró fijamente a los ojos tristes y se dio cuenta d

