Empiezo a sentir el cosquilleo en mi espalda cuando me toca. Es como una respuesta corporal automática en dónde mi piel se prende fuego y mi sistema nervioso colapsa cuando su cuerpo entra en contacto con el mío. No se puede expresar, sólo sentir. Es calor, suavidad y hombría. Es un hombre que te habla y te moja la tanga. Te toca y te hace volar la cabeza. Ni se diga cuando seduce, devora y desea. Es un combo altamente inflamable, explosivo y anatómicamente exquisito. —Nunca vas a llegar a saber cuánto me gustas, habibi —me retira el pelo de los hombros y los besa. Besos húmedos llenos de candela—. Tu olor, tu piel, tus caricias —huele mi perfume aspirando profundo. La punta de su nariz me recorre la clavícula y sube por mi garganta—. Eres todo lo que está bien en el mundo, ¿t

