—¡No! ¡Eso de ninguna manera! —presa del desasosiego suelto la caja, sin haberla abierto siquiera. Alejo a mi madre de mí como si ella representara la cosa más letal y ponzoñosa del mundo. —No te pongas a la defensiva conmigo, Gigi —«así me decía de pequeñita y lo odio. Odio ese mote porque me traslada a mi mejor época, a la que ella me arrebató por no haber sabido ser madre y mujer a la vez» Estoy alteradísima de repente. Rabiosa sin justificación. Serán las hormonas del embarazo que cambian mi humor tan drásticamente, porque tampoco es que me ha dicho un disparate como para que me ponga peor que una cobra. Es la verdad. Sí me molesta que me llame Gigi porque mi nombre es Nicci, no Gigi. A regañadientes acepto que me diga Geovanna, pero Gigi... Dios, Gigi remueve toda esa mierda qu

