Capítulo 49

3213 Palabras

Me relamo los labios, taconeo, juego con mis manos y no dejo de mirar a la sala, en donde están Rashid y Valente. Él le enseña papeles, mi marido los mira con cara nada amistosa. Valente habla, habla, y habla y mi arabillo se pone cada vez más tenso y agresivo. Me encantaría aprender a leer los labios así no estaría justo ahora al borde del colapso nervioso-curioso que me queja. —Nicci —ahí viene el lastre que no me trago ni bebiendo ácido—. Nicci, ¿te sientes bien? Me limpio el sudor de la frente y trato de tomar aire. Estaba mal pero con su existencia respirando mi oxígeno, pues estoy peor. —No sé que parte de no me hables no entiendes —soplo como el lobo derribando la casa de los cerditos—. Muy excelente el servicio de esta clínica, muy profesional y excepcional pero, ¿en

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