CUATRO MESES DESPUÉS... —Mi vida —su mano abierta en mi costado me sacude suavemente—. Mi pelota favorita que tanto me desquicia, despierta. Ignorando lo que dice me doy una vuelta en la cama, regalándole mi espalda y toda mi indiferencia. Restrego la nariz contra la almohada y finjo estar profundamente dormida. Es un tarado. Un reverendo tarado. De unos meses a esta parte dejé de ser la belleza, la gitana, o su habibi y me transformé en pelota linda, bolita, gordibuena, gordita. Me creció la barriga, el trasero, las tetas, las piernas y el morboso marido que tengo se da el festín por las noches con mis nuevas curvas pero durante el día me convierto en su chancha Nicci de Ghazaleh. No me quejo de sus atenciones, de cada cosa que se me antoja tragar como muerta de hambre, d

