Joder, ni siquiera podía salvarlo a él, a mi compañero. El único hombre que había amado. Todas las cosas que le dije, las razones por las que pensé que no podríamos estar juntos fueron todas mentiras, culpa de mi ego y de ser una jodida cobarde. Yo le había hecho esto a él. No fue la vicealmirante, tampoco la Colmena. Él había sobrevivido a todos. Pero no había sobrevivido a mí. Dios, yo era una perra. Pude haberlo herido, haberlo hecho caer tan bajo que él yacía atado a una mesa en el calabozo, pero también podría salvarlo. Ahora. Ahora que había reflexionado. —Ábrela y sal —siseé, señalando la barrera. —Él está perdido por la fiebre, capitana. Los atlantes están enviando un equipo para buscarlo en cuestión de horas y para decidir su destino. Por lo que escuché, hay un prillon que vi

