La respiración de Angh aumentó en velocidad, pero su mirada aún no se apartaba de la mía mientras yo terminaba de desnudarme, quitándome las botas y saliendo de mis pantalones hasta que quedé desnuda ante él, usando nada más que los brazaletes. Sus brazaletes. Sin ellos, yo podría estar completamente vestida y aun así me sentiría desnuda. Eran todo lo que yo necesitaba ahora. Cuando él aún no hacía nada más que mirarme, caminé hacia él y envolví mis brazos a su alrededor. Pecho con pecho. Sus endebles pantalones de hospital eran lo único que nos separaba. Sentí cada centímetro de su cuerpo, el grosor de su pene, el calor de su piel y los músculos abultados de la bestia. No sabía qué más decir o qué otra cosa hacer. —Por favor. Por favor, perdóname por ser tan estúpida. Con un gruñido, m

