Luego de haberme llegado a recoger del vuelo, Killian siempre lucía hermoso, pero imponente, lúgubre y un tanto atemorizante ante la gente, conmigo no lucia así… siempre fue arrogante, coqueto y todo un pervertido s****l, más no irrespetuoso. —Hoy me cobraré la deuda pendiente, ma petite.—se muerde el labio, indeciso. —¿Qué deuda, señor Swinton? Qué yo recuerde la ropa que compraste para mí hace ya seis meses, te la pague y no aceptaste el cheque—suelto con risas epilépticas copiando su postura. —¡ja!, no es eso ma cherè. Estuviste provocándome toda la noche y… soy hombre, recuérdalo. Me guiña un ojo y pasa su brazo sobre mis hombros en seña de protección y posesividad y cuando hace eso me derrite, escucho como los reporteros italianos murmullan a nuestro alrededor –¡Nunca vi al se

