Cuando arrancaron motores y Killian fue el primero en tomar la delantera, todos empezaron a gritar de alegría, la felicidad y la fe que le tenían al piloto de mi vida, era sin duda el éxtasis menos tóxico que podría existir. Gianna seguía en el monitor y ahí se podía apreciar como Killian iba maniobrando el timón, su técnico le hablaba y preguntaba como estaban las ruedas, como estaba él y eso lo hacía sacar el lado patético que tenía, no le gustaba que le dijeran que hacer o como actuar, se notaba la irritación en su voz. —Estoy bien, j***r—furioso ante el control que el técnico le imponía con cada palabra, sigue siempre en la delantera y se escucha ansioso. —Ponte esto y habla con tu hombre—dice Gianna emocionada, yo tomo el auricular con micrófono y escucho su respiración agitada.

