—Gracias por aceptar verme, estás hermosa.
—Gracias, opino lo mismo. Dime… ¿Llenaste el cheque que te di? Me ve de soslayo y saca de su gabardina negra el cheque, me ve y sonríe descaradamente.
—De hecho, te lo devuelvo, mon amour porque para ser sinceros si me comporte como un estúpido contigo. No te voy a forzar a nada. Ahora estoy en tus manos…—Toma mi mano sobre la mesa y la acaricia con premura.
Si este hombre sigue así me voy a derretir.
Transcurre la noche y platicamos de todo y de nada, me encanta como sus pupilas se dilatan al recordar la noche de anoche y lo patética que fui, hasta este momento todo va muy bien y llegamos al punto que nos tiene en vilo… el trato.
—Aceptó Killian, pero este trato debe de tener ciertas normas que no se pueden quebrantar a menos que los dos creamos que es conveniente—Sonríe y yo saco una pluma de mi bolso tomando una servilleta de papel que estaba en la mesa—Regla 1. No tendremos sexo ni nada de intimidad estando solos. Regla 2. Solo tendremos muestras de afecto en público, besos y abrazos e incluso piropos y la última regla pero inquebrantable es… No nos vamos a enamorar.
—En la número 1 podemos dejarlo en stand by… digo por si las cosas se encienden y no podamos tener el control de nuestros deseos pasionales.
—No Killian, no quiero nada s****l ni porque estemos ebrios ¿Entendiste?—El entorno se está volviendo muy candente, pero tenemos que controlarnos porque esto puede ser un desastre, él jamás pasa la noche con las mujeres con las que se acuesta… las envía a su casa después de usarlas y yo ya no quiero más drama en mi vida.
Me tiende su mano en señal de que acepta el trato y sonríe hermosamente, se acerca a mí con sutileza y masculla en mi oído:—Te juro Amaranta que no te arrepentirás de estar conmigo, seré el villano en tu cuento de hadas, nunca me ha gustado ser ese príncipe azul. Gracias por ayudarme en esto.
—¿Prometes que me ayudaras con las notas del periódico?—pregunto antes de que solo él se beneficie y vea que yo también tengo un interés en común, que mi imagen se mantenga pulcra ante los medios.
—Claro ma cherè, todo lo que necesites.
Firmamos la servilleta una firma al lado de la otra, orgullosa guardo en una bolsa y una carpeta de papel el acuerdo y Killian solo me ve, muerto de la curiosidad no se queda callado y carraspea la garganta, —Amaranta, ¿necesitas un abogado para que el trato quede guardado legalmente y no se quiebren las normas?—Curioso me ve y yo le regalo mi mejor sonrisa.
—No Killian, nadie excepto nosotros sabe lo que está pasando y entre menos gente no sepa es mejor. Es solo que… Lúh ya sabe del trato, pero ella no dirá nada, ¿Confías en mí? —le pongo ojos suplicantes.
—Claro, con los ojos cerrados—.
Sellamos nuestro trato con una copa de vino y en una plática tan amena que siento que estallaré en mil pedacitos con todo esto…
En cuanto disponemos a salir del restaurante del hotel, empiezan los flashazos de las cámaras a bombardearnos, él instintivamente me toma de la mano y me abraza haciendo que mi cara se esconda en su gran pecho, se posa a la altura de mi frente y me habla, haciéndome confiar en él.
—Abrázame fuerte y camina pegada a mi pecho, yo me encargo de esto ¿Entendido?—acota.
—Está bien, confío en ti—Mascullo y hago lo que él me pidió.
Los reporteros y camarógrafos empiezan a lanzar preguntas un tanto incómodas, pero agradezco que no puedan ver mi rostro totalmente y caminamos hacia el auto de Swinton, y es porque él no quiere que vean en donde me estoy hospedando y menos que me hagan lidiar con esto que es tan desgastante. Nunca había visto mi trabajo en otro plano, el acosar a personas que también son seres humanos que sienten y son en cierta parte vulnerable a que su vida sirva para alimentar el morbo de otros, viéndolo en el punto de vista del entrevistado, es un sufrimiento.
Subimos al auto rápidamente, Killian cierra la puerta del copiloto e inmediatamente quieren sacarnos una foto juntos. No puede permitir que se vea mi rostro con él, aún no
—¿Quién es la chica, Killian?—Dice un reportero de la televisora CNN deportes.
—¿Es tu nueva conquista de una noche o tu amante?—Otra reportera acompañada de un camarógrafo.
—¡Hey, basta! ¿Por qué dices eso? No te reflejes así en ella, si tú te sientes así es tu problema, pero a ella no la compares así, ella es diferente. Es especial—Dice Killian serio y conciso.
Mi mente retumba en lo que acaba de decir, soy alguien especial para él. ¡Amaranta, cálmate. ¡Esto es solamente un trato con él, jugar a ser el amor del otro! Sí, me repito, esto es un juego que durará un año… ¡Carajo! No había contemplado el tiempo en el que esto durará.
—si me permiten, no quiero fotos de ella en los medios, Compraré todas las que tomaron así que, si esto no se filtra en los medios, prometo darles la exclusiva que tengo para ustedes ¿Pueden ayudarme con eso? —les regala una sonrisa victoriosa, saca unas tarjetas de su gabardina y les entrega una a cada uno de los reporteros que está en el lugar—Llamen a mi manager y se les dará la cita para que entreguen la foto y coordinar la exclusiva—.
Agradecen a Killian y bajan las cámaras, los micrófonos y ya no hay flashes en el mismo.
Él, con su hermosa arrogancia se sube al auto y se coloca el cinturón, nos abrimos paso desconocido hacia una de las carreteras, yo saco mi teléfono y le escribo a Lúh que no me espere despierta y prometiéndole que le contaré todo con lujo de detalle. Inmediatamente, me llega el texto de respuesta con un “ok, te quiero” y guardo el mismo en mi bolso.
Veo como Killian sujeta muy duro el timón del auto y sus nudillos blancos de la fuerza manifestada en el mismo, trato de entablar conversación con él, pero, me aterra el preguntarle por qué está molesto y sacar a flote un posible mal humor.
—Killian, ¿En dónde estamos?— preguntó con miedo.
No me dice nada, llegamos hace una media hora a un sitio a las afueras de la ciudad, un risco que tiene la mejor vista de la ciudad, solamente rodeado por la naturaleza y un silencio mágico.
—Si no respondes a lo que estoy preguntándote Killian, juro por mi vida que tomo el auto y te dejo solo aquí —Le grito y sin querer se despeja de sus pensamientos y quita la vista del cielo, llevaba así desde que vinimos.
—Perdóname, ¿Te asusté? —Dice preocupado y en ese momento veo que este lugar le quita el mal humor que repentinamente le llegó estando en el auto.
—Un poco, pero no te preocupes solamente dime que es lo que sucedió hace unos minutos porque este silencio me está volviendo loca—me acerco a él e inmediatamente me toma por la cintura y hace a que me siente a horcajadas sobre él.
—Este sitio Amaranta es el mejor remedio para mis estados de ánimo, estando triste, feliz, enojado o simplemente necesitando un respiro de todo, este paisaje, me da paz y calma a mi conciencia intranquila.
—Me gusta Killian, se nota que te da muchísima paz, cuéntame un poco más de ti, no se nada más solo lo que leí esta tarde en blogs de cotilleos y en Google. «Si señoras, me puse a buscar más información sobre Killian en cuanto Lúh se disponía a dormir luego del gran acontecimiento que le conté por qué, para ella esto sí es una buena noticia y tiene para entretenerse exactamente… un año.»
—¡ja, ja, ja, entonces ¿Si te interesó, petite? Y yo que me sentía todo un patán al casi obligarte a ser mi prometida.
—Eres un tonto, obvio que me interesa conocer al hombre con el que “Estoy comprometida” y llegue el momento de ventilar esta supuesta relación a los medios y sobre todo… a mi familia.
—¿Cómo que a tu familia? ¿Hay algo que quieras compartir con el público presente?—Comienza a retorcerse de la risa y me sostengo de sus grandes hombros, paso las manos sobre su nuca y pego mi frente con la suya.
Estoy jugando con fuego porque yo misma puse esas reglas que en su momento me parecieron correctas y tratando de dominar al Playboy que tengo entre mis piernas, literalmente.
Desconocía que yo también soy una mujer con necesidades y que estoy a punto de estallar como una olla a presión.
—Mi padrastro sospecha de algo, lo llame en canto llegue al hotel y me dijo que si era verdad que estaba enrollándome contigo y que no importaba lo que dijeran de ti si yo misma le demostraba que estábamos juntos por amor.—Acaricio su cabello azabache que queda perfecto con la luz de la luna y las estrellas.
—Podemos fingir tan bien mi pequeña, esto que tenemos es solamente por puro beneficio comercial, pero… tenerte así junto a mí no me deja pensar en otra cosa que no sea en estar durmiendo entre tus piernas—baja su mano hacia mi muslo, lentamente torturándome, sus manos son fuego hasta que la misma llega a mi espalda, me hace arquearla en cuanto empieza a dejar besos húmedos y calientes en mi cuello y clavícula, instintivamente suelto un gemido cerca de su oreja.
No puedo más con esta tensión s****l que lo primero que hago es besarlo, él me abre paso a sus labios y sigue acariciando mi cuerpo, empiezo a alborotar su pelo con mis manos y él introduce su lengua en mi boca, mi lengua le corresponde a sus movimientos y profundizamos más el beso… ¡Dios, Dios, Dios! Estoy en el puto paraíso.
Trato de deshacerme de su gabardina y siento como su hombría se deja hacer sentir sobre su pantalón, es un bulto demasiado grande, j***r.
Llega hasta mi pecho y trata de desnudar uno zafándome el sostén y es ahí donde reacciono, me alejo un poco y paro los besos deliciosos que estuvieron a punto de hacer que cometa el error más grande de mi existencia por ahora.
—¡No! Perdóname yo tuve la culpa—le digo nerviosa, bajandome y soltandome de su agarre.—Perdóname tú a mí, pequeña. No volverá a pasar lo prometo.
—Cambiemos de tema, por favor—trato de recomponerme y ajustarme la ropa y el sostén.
Siento la humedad de mis bragas y siento vergüenza, ¡Dios, soy una incitadora de lo peor!.
—¿Tienes hermanos?—me dice ya como si nada hubiese pasado.
Camina unos cuantos pasos y se sienta a orillas del risco.
—Tengo un hermano mayor, es arquitecto y trabaja en la remodelación de un museo en Roma. ¿Tú tienes hermanos?— pregunto ya menos agitada y me siento a unos pocos paso de distancia de él.
—Sí, tengo una hermana— Dice algo nostálgico.
—¿Cómo te llevas con ella?
—Amo a mi hermana, pero nuestra relación no es la misma de antes, con mi madre molestando todo el tiempo echándome la culpa de las cosas, ni siquiera he podido visitarla—dice de mal humor, se tensó su cuerpo en cuestión de segundos.
Creo que es mejor dejar este tema que solamente lo está molestando y me pongo de pie, aliso mi ropa y tocó su hombro. —¿Podemos dejar de hablar de esto? Veo que te incomoda y no quiero saturarte con esos datos. Vámonos, ¿si?—le digo conciliadora y titiritando ya del frío que azota casi siendo la media noche.
—Claro hermosa, vamos—Se quita su gabardina y me la pone sobre mis hombros, dándome un pequeño abrazo y regalándome calor.
Estando en el auto ya va más relajado y me atrevo a preguntarle algo que me tiene pensativa desde que hablo así de mí no solo con su manager, sino también con los reporteros hace unas horas atrás. —¿Por qué yo, Killian?—Suelto sin más. Esperando una respuesta concreta y aunque no me la dé ahora, seguiré insistiendo.
—¿Por qué tú que? —me dice serio. —¿Por qué me elegiste para esto? Tienes a tantas mujeres hermosas todo el tiempo para proponerles que sean tu novia, no dudo que ninguna te rechace… ¿Qué tengo yo de especial?
—Ah, a ver Amaranta, te elegí por el motivo en que tú no siquiera sabias quien soy y no eres interesada, eres hermosa por dentro y por fuera y eso me atrajo… tu confianza, tu nobleza y tu dulzura hacen que seas única y especial. Sé que no encajamos en nada, pero… tú no me robarías ni me traicionarías y es por eso que te elegí.—lo soltó de esta manera sin más.
Llegamos a la puerta del hotel, gracias a Dios está todo despejado y estaciona bien el auto para que yo baje, me ve y sonríe. —¿Cuándo debes regresar a tu casa? —Mañana por la noche sale el vuelo hacia Escocia, ya terminaré mañana el artículo que tenía que entregar… mi amiga Lúh es la que debe llevar tus datos interesantes para la jefa del departamento de deportes… ella no tiene casi nada sobre ti—Preocupada le digo lo que sucede con mi amiga.
—Mañana temprano puedo reunirme con Tallúlah para la entrevista, te enviaré un texto con la dirección para que llegue y de esta forma no se vayan sin nada que demostrar—me guiña el ojo y sonríe coqueto.
Nos despedimos normal y salgo del auto, llevo su gabardina con su exquisito olor, hoy dormiré con él, embobándome más y esperando las horas para verlo mañana.