10. Inseguridades:

1817 Palabras
—¡Vaya, vaya, vean a quien tenemos aquí!—Acota Killian con fluidez, viendo al imbécil de Damián parado cerca de la puerta. —¿Tú, que demonios haces en la casa de Amaranta?—furioso y celoso le lanza una mirada retadora a Killi. Prefiero intervenir a tiempo, odio que actúen como que no estoy aquí. —Damián, lárgate ahora mismo de aquí.—frunzo los labios con desdén. —No me has contestado la pregunta, Amaranta. ¿Qué hace Swinton aquí? Se supone que solo fuiste la aventura de una noche de este… este promiscuo.—Qué imbécil. Killian ve a Damián de pies a cabeza y comienza a reírse, una risa cargada de sarcasmo, pena y veneno. Sus ojos se nublaron al momento en que Damián lo juzgo respecto a nosotros. Sé que le ha hecho daño lo que escucho, por más que él trate de disimularlo. —Esa noche me la pasé muy bien, tan bien que desde siempre sé que Amaranta es la chica con la que quiero estar, ven acá, mi chica especial—de dos zancadas estoy bajo el calor que desprende el torso de Killian. Me siento protegida, en mi lugar seguro, me toma de la cintura posándose a mi altura y me regala un delicioso beso de buenos días, una parte de mí quería probar esta mañana un pedacito de él. Damián carraspea incómodamente, frenamos el beso y camino unos cuantos pasos a la puerta, giro el picaporte invitándole al tonto de mi ex largarse. —Creo que esta demás que indagues sobre lo que hago o con quien estoy. Por favor, que esta sea la última vez que vienes aquí, Killian no es ningún promiscuo— volteo a ver al pelinegro que me ve embobado—Es mi prometido, trátalo con más respeto—. Cierro la puerta en cuanto sale y camino hacia la mini isla de la cocina y me sirvo mi taza de café, trato de ignorar lo que acaba de pasar y en cuanto agarro una tostada con bacón, suena mi teléfono y me pongo a buscarlo como loca, siempre se me olvida donde dejo ese bendito aparato, Killian también me ve y sonríe. —Gracias, no tenías porque darle explicaciones sobre mí o defenderme ante ese mediocre—se acerca a mí y me planta un beso en la frente, dejándome sola en el living, se dirige a mi habitación. —Killian… —Voltea a verme antes de entrar a mi habitación—En el closet de blancos hay toallas limpias.— Es ridículo lo que logra salir de mi boca, me sonríe y se pierde entre el pasillo. Terminó de comer y uso el teléfono de la casa, llamó a Tallúlah y al segundo timbrazo me responde, divertida. —¿Ya te enteraste de lo de Killian, cierto? Por ello no viniste al trabajo ¿verdad?—ríe cómo loca y no me molesta, ya que sé que sus nervios la traicionan así. —No, bueno sí. Está en mi casa ahora… vino anoche totalmente hinchado en alcohol y mi tonto corazón no permitió que lo echara como un perro.—Mi voz se aguada al recordar lo que dijo anoche—No entiendo que está pasando Lúh, este hombre me confunde totalmente, dijo que no siquiera se había acostado con la tal Valenti esa o no sé. El punto es que no estoy preparada para lo que mi corazón sienta de aquí a un año, no debí aceptar su trato.—escucho como resopla mi amiga y deja de sacarle la punta al lapicero y ese “Clic” incómodo. —Si estás muy enamorada amiga, j***r. Sabías los riesgos que debías asumir al hacerte cercana a él, proponte a ti misma no caer de nuevo, solo llevártelo a la cama sin involucrar sentimientos, hacerlo cada que se pueda sin enamorarte y saca beneficio sobre eso, debes de ser la mujer segura que llevas dentro, Damián ya paso y Killian también pasará. No puedes echarte para atrás y recuerda que aquí estaré yo para consolarte. ¿Sabías que te amo? Eres como mi hermanita. Solamente procura que Derek y tus odiosos padres, exceptuando a Hughe se enteren del trato y el no estar controlándote, desecha a esa Amaranta, ¿vale?—Su tono cariñoso me reconforta, escucho como Killian sale de mi habitación y me despido rápido de Lúh. —Que bueno que ya estás fresco—respira, Amaranta, respira. —Tenemos que hablar, por favor.—camina hacia mí y me toma del brazo sentándome en sus piernas grandes. —Sé que la noticia de Valery y su embarazo la relacionan conmigo y no es así, debes creerme.—carraspea y se frota el cabello en señal de desesperación. —No debes darme explicaciones, no tenemos una relación de verdad—Trato de decirlo de la forma más madura posible. Mis manos sudan y empiezan mis dedos a moverse nerviosos, me exaspero y no quiero llorar, no frente a él y admitirle que me dolió mucho ver esa noticia y matando mis tontas esperanzas de verlo rendido ante mí. —Amaranta, no tenemos una relación, sí, pero tenemos un trato y yo puse una regla, exclusividad entre ambos. Si viaje a Edimburgo, casualmente se hospedó en el hotel donde yo lo hice y nos encontramos, nos saludamos, pero no nos llevamos bien.—Con su mano toma mi mentón y hace a que lo vea a los ojos—Ella es la nueva novia de mi padre, ella trató de enrolarse conmigo, pero no pudo, atrapó a mi padre y por eso se divorció de mi madre. Ver ese brillo en sus ojos cada que me ve, quiere que le crea, pero por mi mente está la incógnita de sí hacerlo o no, que diablos importa, no somos nada más que solo socios. Dios, socios… Me levanto de inmediato de sus piernas y me paro frente a él, decidida ya de una vez por todas a plantar lo que fue desde un principio, ser una perra desalmada con él. —Te creo Killian, no me interesa en lo más mínimo, pero agradezco que me lo digas, no quiero que me vean en la calle como estúpida. Organizaré una rueda de prensa para anunciar nuestro noviazgo y compromiso “falso”, ¿estas de acuerdo?—mi veneno esta a punto de ahogarme. —Está bien, déjame hablar con Gianna para que viaje de inmediato y se ponga de acuerdo contigo, no te quito más el tiempo Amaranta, gracias por dejarme quedar aquí anoche.—toma su chaqueta y se va dejándome peor. No tiene la culpa, solamente yo por tratarlo así y por ilusionarme, soy una completa tonta. KILLIAN: Desde que la vi en la barra de la discoteca, moría por hablarle y besarla, robarle el suspiro y escuchar sus gemidos provocados por mi, quería hacerla totalmente mía. Cuando perdió el conocimiento en el hotel me di cuenta de que era especial, me dejó desconcertado ¿Cómo una belleza de mujer de esta manera, estaba sola? ¿Cómo se atrevía el imbécil de su ex tratarla como si no fuese nadie? Yo estaba a punto de cometer lo mismo, había pasado, por tanto, y ella no lo merecía, no merecía ser segunda opción o un trato. Cuando decidí conocerla mejor, Gianna Ferrara, mi manager, decidió aparecer únicamente de esta forma en la habitación del hotel y se me ocurrió lo más estúpido de la vida, exponerla como mercancía positiva para mi imagen, exponerla al ojo público al ser la prometida de un imbécil que guarda demasiada mierda dentro de él y que no es capaz de sentar cabeza por los mil demonios que lleva encima. Desde el día de la tragedia nada volvió a ser igual, mi hermana no regresaría y mis padres jamás me perdonarían, esa noche trágica del doce de diciembre nada volvió a su normalidad, el tiempo se detuvo como el latido de su corazón, de sus corazones… Kelly Swinton, la bella mujer de diecinueve años que me adoraba como si fuese su héroe, se suponía que yo era el hermano mayor que debía protegerla de todo peligro y maldad. Esa noche yo estaba muy ebrio, acababa de firmar contrato con Nova Y Redbull unos muy excelentes patrocinadores que ayudarían a impulsar mi carrera, mi imagen, mis padres nunca estuvieron de acuerdo con que yo fuera piloto de fórmula. El único apoyo que obtuve fue el de mi hermanita. Esa mujer que fue herida al enterarse de que el amor de su vida, era casado y que no dejaría su hogar por una muchachita insignificante y lo más duro del caso, embarazada. Cuando ella me contó lo que le pasaba no dude en apoyarla, pero mi lado estúpido (mi yo al 100%) prometió vengarse de ese parásito que la había utilizado y embarazado. Justo Gianna llamó a Kelly ese día para celebrar el logro de su hermano el rebelde, ella llegó al bar en donde estábamos, mi amigo Caleb estaba eternamente enamorado de mi hermana y era el dueño del sitio en el que estábamos “The forgotten bar”. Me pasé de copas ese día con las cuatro personas más importantes en mi vida, no es que los padres no fueran importantes, pero ellos se negaban a apoyarme y alentar mis sueños. Esa noche fui un irresponsable al tomar el volante y abusar de la velocidad permitida, una doble plataforma venía también en contra de la vía, ambos perdimos el volante y ocurrió lo peor… mi hermana con cuatro meses de gestación, era la perfecta cuna para nuestra pequeña Minerva, ambas murieron al instante según el reporte médico y policial, tuve cargos por exceso de velocidad y homicidio culposo, pagando así 3 años de prisión domiciliaria. El conductor de la doble plataforma fue el que tuvo la mayor responsabilidad al salirse del carril contrario al mío. Todas las noches sufro de pesadillas recordando ese amargo tramo y en como pude evitar la muerte de las mujeres fundamentales en mi puta vida. No merezco el amor de nadie, Gianna fue la única que me apoyo y se quedó conmigo como mi manager, pero desde que eso sucedió hace cuatro años, mi vida es una tonelada de estiércol. La noticia no se filtró a la prensa gracias al dinero de mi padre, mi madre me odia y siempre me recalca la culpa que tengo por ese fatídico día. No acostumbro a dormir con ninguna mujer o alguien más, ya que se asustan ante los episodios de rabia e insomnio que me producen el revivir ese dolor, Amaranta llegó a mi vida trayendo un poco de calma, pero, el miedo a que se entere de la porquería que soy y me rechace, hacen que pierda las esperanzas de encontrar el verdadero amor y el perdón.
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