1. Ni vieja ni joven

1883 Palabras
Artemisa Lunes 2 de marzo de 2020 Inhala. Exhala. Otra vez. Abrí mis ojos y me volví a preparar después de unos segundos de descanso. Dance Monkey se reproducía en mis auriculares mientras me movía de un lado a otro. Cada uno de mis pies se encontraban alineados con mis hombros y el talón de mi pie izquierdo un poco levantado. Mis rodillas dobladas para darme más fuerza, balance y movilidad. Con las caderas relajadas distribuyendo mi peso relajé también mis brazos, codos abajo, manos empuñadas arriba y mentón erguido. Con mi mano izquierda elevada a la altura de mis ojos y mano derecha más adelante aticé el primer golpe. El costal de boxeo se movió un poco y las cadenas que lo sostenían empezaron a resonar en el solitario gimnasio. Un golpe más. Luego tres y cuando menos pensé perdí la cuenta de mis golpes y el tiempo. El sudor resbalaba por mi frente y caía desde mi barbilla. Mi dientes apretados era la muestra de la fuerza con la que ahora me encontraba entrenando y el desespero por querer sacar todo eso que llevaba adentro. Me sentía frustrada, sin un lugar en el mundo y eso me enfurecía. No quería pasar de nuevo por eso, no otra vez cuando se supone que hace un mes cerré un ciclo y no volvería a mirar hacia atrás. — ¡JODER! — grité golpeando con toda mi fuerza. Mi corazón latía a mil por hora y el calor que emanaba más mi mal olor era la muestra que debía parar, además del hecho que mi puño se encontraba dentro del saco de boxeo … literalmente. — ¡Esa es mi hermana! — miré hacia la puerta y allí se encontraba mi pulga con los brazos al aire. Arrugué mi entrecejo y saqué mi mano del costal tirando algunas telas, espuma y algodón que lo rellenaba. — ¿Hace cuánto estás ahí? — limpié el sudor de mi frente con mi antebrazo pero sonreí y me acerqué a él al ver la toallita que me ofrecía — gracias — revolví su cabello, algo que le molestaba. Según él ahora con sus 7 años ya no era un niño sino que era todo un hombre, actos como revolver su cabello o apretar sus mejillas los consideraba ofensivos a su masculinidad. — ¡No hagas eso! — se peinó nuevamente — acabé de llegar. — Mentiroso — colgué la toallita sobre mi hombro y bebí agua de mi botella. — Le diré a mamá que me llamaste mentiroso — me reí contagiándoselo a él. Amaba su risa, seguía siendo un tanto infantil aunque nada que ver como cuando tenía 6 años y conoció a … Mierda, no importa que, no paraba de relacionar todo con Ethan. > Hermana — contesté un leve “umm” mientras tomaba agua — quiero un sobrino — escupí. Empecé a toser desesperada al entrarme agua por donde no debía pasar, luego de unos minutos lo miré como si fuese el animal más raro de la tierra. — ¡¿Qué?! — estaba sonriendo. — Es que escuché a las amigas de mamá decir que ya estabas en edad de tener hijos, y que eso me convertiría en tío y quiero alguien a quien enseñarle como ser un villano — busqué donde sentarme al sentirme mareada — ¡Por favor! — juntó sus manitos e hizo un puchero. — ¡No! — bajó sus manos triste — ni siquiera tengo novio — negué acabando de secar mi frente. — ¿Y por qué no el chino ese que te manda flores? — lo miré completamente seria — ¡Ay vamos! Solo uno y ya no pido más — jadee — ¡Ya sé! — sus ojos brillaron dándome a entender que tenía una idea — pidámosle a la cigüeña que lo deje en la puerta —me reí levantándome. — No serás tío por mucho tiempo — alargué la palabra “mucho”. Dejé atrás a un niño con pucheros demasiado alto para tener solo 7 años recién cumplidos y me fui a ducharme para empezar mi día lleno de reuniones. Ducharse significaba un largo rato para pensar, imaginar, hablar consigo misma o insultar a quien nos caí mal; en mi ducha hoy recalcaron las palabras de Leo. « ¿Edad para tener hijos? Si claro » Apenas tenía 27, ni loca me pondría a traer más niños al mundo y menos con mis estresantes empleos. — ¡Hija! ¡¿Sigues viva?! — tocó varias veces la puerta. — No — contesté riendo. — ¡Luis y Salchichón te esperan abajo! — solté una carcajada que duro un buen rato. Mi madre le había tomado cariño a nuestro nuevo aliado, tanto que le había puesto un sobrenombre de un alimento que amaba, el famoso embutido curado por nombre salchichón. Salí, me vestí rápidamente y me dirigí a mi oficina. Junto con mi madre habíamos tomado la decisión de no estar más separadas, compramos una casa en Berlín y nos plantamos acá, además Blake Enterprises seguía con su normal funcionamiento posicionándose cada vez más. — Caballeros — saludé en general al entrar. — Escuché como me llamó tu madre. — Lo siento Akira — me reí junto a Borgia. — No te preocupes, me hace sentir de la familia — asentí mirando de reojo a Luis. — ¿A qué se debe esta reunión tan temprano? ¿No nos veríamos en la noche? — me senté en la cabecera de la gran mesa. — Yo tengo noticias un tanto extrañas — se acomodó Borgia sacando varios documentos y fotos — nuestras investigaciones arrojaron nueva información que deja nuestros planes hechos cenizas — tomé las fotos y arrugué mi entrecejo al detallarlas una por una — Anatoly está muerto — abrí mis ojos de par en par. — ¡¿Qué?! — preguntamos Akira y yo al mismo tiempo. Borgia solo asintió sacando otra fotos, el hombre que conocí a sus casi 50 años estaba baleado y moribundo en medio de un montón de nieve. — Que impresión — mascullé retirando la foto de mi vista. — ¿Quién fue? — preguntó Akira. — La Bratvá – alcé una ceja. — ¿Traicionaron a Anatoly? — Borgia asintió mostrándonos más fotos. — Como ustedes saben Anatoly no era un buen jefe de la mafia, torturaba a sus mismo hombres y los obligaba a hacer cosas inhumanas y denigrantes, su mano derecha Damien Ivanov — señaló un hombre entre las fotografías — organizó un complot y unió fuerzas con todos los hombres que estaban en contra de su jefe. — Es impresionante que nadie delatara nada de esa confabulación — recalcó Akira — o que el propio Anatoly no se diera cuenta. — Era un hombre segado por el poder y demasiado altivo y arrogante para creer que alguien le apuñalaría por la espalda — tomé una de las fotos horrorizada y se la mostré a Luis — ¿Qué es esto? — él suspiró. — Eso fue lo primero que hicieron al derribar al déspota, liberaron todas las niñas que tenían como esclavas sexuales. — ¡Dios! — Al parecer no son los únicos cambios que han hecho — siguió explicando Borgia sacando más fotos de quien sabe donde — aunque todos los cambios ha sido positivos hay algo raro — puso tres fotos seguidas — todos los guardias usan estas máscaras que solo dejan a la vista sus ojos — Akira se río — todos llevan los mismos trajes oscuros y la mismas máscaras blancas excepto él — señaló a Damien. — El nuevo capo — Luis asintió a mi comentario. — Se va un psicópata y llega un payaso — volvió a reírse Akira. — Tenemos que empezar a mover fichas — ambos asintieron — no podemos dejar que se crean los dueños del circo. — No te preocupes, aunque ellos ya dieron el primer paso podemos tomar la delantera, al final gana quien cante jaque mate — sacó un sobre de una invitación. — ¿De dónde carajos sacas tantas cosas? — pregunté tomando la invitación. — El bolso de Hermione — Akira y él se rieron chocando sus palmas. Negué divertida volteando los ojos, me alegraba que por fin Luis se estuviese abriendo a otra persona aparte de mí, no soy hombre y no puede hablar de absolutamente todo conmigo, que haya llegado Akira y hayan congeniado me gustaba. — ¿Fundación Infantil Escobar? ¿Qué es? — pregunté al leer la tarjeta. — Nuestro abogado nos la dio e inmediatamente Ivanov se puso en contacto pidiendo que tuviésemos una reunión — alcé una ceja — ¿Adivina en dónde? — ¿En una fiesta para recaudar fondos para niños? — Borgia asintió. — Está loco — negó Akira — posiblemente allí esté gente de bien, incluso ancianos y niños, si las cosas se ponen feas va a resultar muchas bajas inocentes — asentí apoyándolo. — Dile que no aceptamos. — ¡Esperen! Prometió ir con solo un hombre que nosotros los resguardemos desde la frontera — me reí. — ¿Vendrá a territorio enemigo con solo un hombre? — Luis alzó sus hombros — ¿Pero no tiene cerebro? — ambos sonrieron. — Tal vez podamos aceptar si cumple con esa condición — me miró Akira — tienes a toda la Yakuza a tu disposición Reina, nos podemos asegurar que la reunión en esa fiesta salga lo mejor posible — suspiré. — Ni siquiera conozco a la dueña de esta invitación — volví a mirar la tarjeta. — Nuestro abogado dice que es alguien de fiar y que posiblemente te caiga bien — sonreí. — Bien, confío en Carlo y espero no arrepentirme de esto — Luis aplaudió y empezó a guardar todo — ¿Hay algo más? — Luis negó pero Akira asintió. — Hay otro punto que me gustaría tratar — asentí una sola vez para que continuara — antiguamente y más que todo en mi cultura, para entablar y fidelizar uniones entre bandos contrarios se recurría a una costumbre que muchos les parecía … anticuada pero ortodoxa — Borgia y yo nos miramos de reojo — quisiera que … — se quedó callado procesando como continuar. — Akira — llamé su atención — ¿Qué pasa? — suspiró seguro. — Quisiera que tuvieras en tus posibilidades de tenerme como esposo en tu futuro cercano — abrí mis ojos de par en par — ¿Te gustaría casarte conmigo Artemisa? — abrí mi boca y me quedé pasmada. — Mierda — exclamó Luis igual de conmocionado que yo. Ambos nos miramos y lo volvimos a mirar a él, estaba serio, implacable y nos dio a entender que había sido muy serio con lo que dijo. Sentí que el alma se me fue del cuerpo y mi corazón empezó a latir cada vez más rápido. Akira Shirai tenía un poco más de un mes de conocernos y desde el primer día expresó que ambos estábamos unidos por el hilo rojo que creían en su país. La Yakuza y la ‘Ndrangheta, ambos nos habíamos unido para acabar con la Bratvá, pero esto tipo de unión nunca se me había pasado por la cabeza.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR