Artemisa
Lunes 2 de marzo de 2020
Inhala. Exhala. Otra vez.
Abrí mis ojos y me volví a preparar después de unos segundos de descanso. Dance Monkey se reproducía en mis auriculares mientras me movía de un lado a otro. Cada uno de mis pies se encontraban alineados con mis hombros y el talón de mi pie izquierdo un poco levantado. Mis rodillas dobladas para darme más fuerza, balance y movilidad. Con las caderas relajadas distribuyendo mi peso relajé también mis brazos, codos abajo, manos empuñadas arriba y mentón erguido.
Con mi mano izquierda elevada a la altura de mis ojos y mano derecha más adelante aticé el primer golpe. El costal de boxeo se movió un poco y las cadenas que lo sostenían empezaron a resonar en el solitario gimnasio. Un golpe más. Luego tres y cuando menos pensé perdí la cuenta de mis golpes y el tiempo.
El sudor resbalaba por mi frente y caía desde mi barbilla. Mi dientes apretados era la muestra de la fuerza con la que ahora me encontraba entrenando y el desespero por querer sacar todo eso que llevaba adentro.
Me sentía frustrada, sin un lugar en el mundo y eso me enfurecía. No quería pasar de nuevo por eso, no otra vez cuando se supone que hace un mes cerré un ciclo y no volvería a mirar hacia atrás.
— ¡JODER! — grité golpeando con toda mi fuerza.
Mi corazón latía a mil por hora y el calor que emanaba más mi mal olor era la muestra que debía parar, además del hecho que mi puño se encontraba dentro del saco de boxeo … literalmente.
— ¡Esa es mi hermana! — miré hacia la puerta y allí se encontraba mi pulga con los brazos al aire.
Arrugué mi entrecejo y saqué mi mano del costal tirando algunas telas, espuma y algodón que lo rellenaba.
— ¿Hace cuánto estás ahí? — limpié el sudor de mi frente con mi antebrazo pero sonreí y me acerqué a él al ver la toallita que me ofrecía — gracias — revolví su cabello, algo que le molestaba.
Según él ahora con sus 7 años ya no era un niño sino que era todo un hombre, actos como revolver su cabello o apretar sus mejillas los consideraba ofensivos a su masculinidad.
— ¡No hagas eso! — se peinó nuevamente — acabé de llegar.
— Mentiroso — colgué la toallita sobre mi hombro y bebí agua de mi botella.
— Le diré a mamá que me llamaste mentiroso — me reí contagiándoselo a él.
Amaba su risa, seguía siendo un tanto infantil aunque nada que ver como cuando tenía 6 años y conoció a …
Mierda, no importa que, no paraba de relacionar todo con Ethan.
> Hermana — contesté un leve “umm” mientras tomaba agua — quiero un sobrino — escupí.
Empecé a toser desesperada al entrarme agua por donde no debía pasar, luego de unos minutos lo miré como si fuese el animal más raro de la tierra.
— ¡¿Qué?! — estaba sonriendo.
— Es que escuché a las amigas de mamá decir que ya estabas en edad de tener hijos, y que eso me convertiría en tío y quiero alguien a quien enseñarle como ser un villano — busqué donde sentarme al sentirme mareada — ¡Por favor! — juntó sus manitos e hizo un puchero.
— ¡No! — bajó sus manos triste — ni siquiera tengo novio — negué acabando de secar mi frente.
— ¿Y por qué no el chino ese que te manda flores? — lo miré completamente seria — ¡Ay vamos! Solo uno y ya no pido más — jadee — ¡Ya sé! — sus ojos brillaron dándome a entender que tenía una idea — pidámosle a la cigüeña que lo deje en la puerta —me reí levantándome.
— No serás tío por mucho tiempo — alargué la palabra “mucho”.
Dejé atrás a un niño con pucheros demasiado alto para tener solo 7 años recién cumplidos y me fui a ducharme para empezar mi día lleno de reuniones.
Ducharse significaba un largo rato para pensar, imaginar, hablar consigo misma o insultar a quien nos caí mal; en mi ducha hoy recalcaron las palabras de Leo.
« ¿Edad para tener hijos? Si claro »
Apenas tenía 27, ni loca me pondría a traer más niños al mundo y menos con mis estresantes empleos.
— ¡Hija! ¡¿Sigues viva?! — tocó varias veces la puerta.
— No — contesté riendo.
— ¡Luis y Salchichón te esperan abajo! — solté una carcajada que duro un buen rato.
Mi madre le había tomado cariño a nuestro nuevo aliado, tanto que le había puesto un sobrenombre de un alimento que amaba, el famoso embutido curado por nombre salchichón.
Salí, me vestí rápidamente y me dirigí a mi oficina. Junto con mi madre habíamos tomado la decisión de no estar más separadas, compramos una casa en Berlín y nos plantamos acá, además Blake Enterprises seguía con su normal funcionamiento posicionándose cada vez más.
— Caballeros — saludé en general al entrar.
— Escuché como me llamó tu madre.
— Lo siento Akira — me reí junto a Borgia.
— No te preocupes, me hace sentir de la familia — asentí mirando de reojo a Luis.
— ¿A qué se debe esta reunión tan temprano? ¿No nos veríamos en la noche? — me senté en la cabecera de la gran mesa.
— Yo tengo noticias un tanto extrañas — se acomodó Borgia sacando varios documentos y fotos — nuestras investigaciones arrojaron nueva información que deja nuestros planes hechos cenizas — tomé las fotos y arrugué mi entrecejo al detallarlas una por una — Anatoly está muerto — abrí mis ojos de par en par.
— ¡¿Qué?! — preguntamos Akira y yo al mismo tiempo.
Borgia solo asintió sacando otra fotos, el hombre que conocí a sus casi 50 años estaba baleado y moribundo en medio de un montón de nieve.
— Que impresión — mascullé retirando la foto de mi vista.
— ¿Quién fue? — preguntó Akira.
— La Bratvá – alcé una ceja.
— ¿Traicionaron a Anatoly? — Borgia asintió mostrándonos más fotos.
— Como ustedes saben Anatoly no era un buen jefe de la mafia, torturaba a sus mismo hombres y los obligaba a hacer cosas inhumanas y denigrantes, su mano derecha Damien Ivanov — señaló un hombre entre las fotografías — organizó un complot y unió fuerzas con todos los hombres que estaban en contra de su jefe.
— Es impresionante que nadie delatara nada de esa confabulación — recalcó Akira — o que el propio Anatoly no se diera cuenta.
— Era un hombre segado por el poder y demasiado altivo y arrogante para creer que alguien le apuñalaría por la espalda — tomé una de las fotos horrorizada y se la mostré a Luis — ¿Qué es esto? — él suspiró.
— Eso fue lo primero que hicieron al derribar al déspota, liberaron todas las niñas que tenían como esclavas sexuales.
— ¡Dios!
— Al parecer no son los únicos cambios que han hecho — siguió explicando Borgia sacando más fotos de quien sabe donde — aunque todos los cambios ha sido positivos hay algo raro — puso tres fotos seguidas — todos los guardias usan estas máscaras que solo dejan a la vista sus ojos — Akira se río — todos llevan los mismos trajes oscuros y la mismas máscaras blancas excepto él — señaló a Damien.
— El nuevo capo — Luis asintió a mi comentario.
— Se va un psicópata y llega un payaso — volvió a reírse Akira.
— Tenemos que empezar a mover fichas — ambos asintieron — no podemos dejar que se crean los dueños del circo.
— No te preocupes, aunque ellos ya dieron el primer paso podemos tomar la delantera, al final gana quien cante jaque mate — sacó un sobre de una invitación.
— ¿De dónde carajos sacas tantas cosas? — pregunté tomando la invitación.
— El bolso de Hermione — Akira y él se rieron chocando sus palmas.
Negué divertida volteando los ojos, me alegraba que por fin Luis se estuviese abriendo a otra persona aparte de mí, no soy hombre y no puede hablar de absolutamente todo conmigo, que haya llegado Akira y hayan congeniado me gustaba.
— ¿Fundación Infantil Escobar? ¿Qué es? — pregunté al leer la tarjeta.
— Nuestro abogado nos la dio e inmediatamente Ivanov se puso en contacto pidiendo que tuviésemos una reunión — alcé una ceja — ¿Adivina en dónde?
— ¿En una fiesta para recaudar fondos para niños? — Borgia asintió.
— Está loco — negó Akira — posiblemente allí esté gente de bien, incluso ancianos y niños, si las cosas se ponen feas va a resultar muchas bajas inocentes — asentí apoyándolo.
— Dile que no aceptamos.
— ¡Esperen! Prometió ir con solo un hombre que nosotros los resguardemos desde la frontera — me reí.
— ¿Vendrá a territorio enemigo con solo un hombre? — Luis alzó sus hombros — ¿Pero no tiene cerebro? — ambos sonrieron.
— Tal vez podamos aceptar si cumple con esa condición — me miró Akira — tienes a toda la Yakuza a tu disposición Reina, nos podemos asegurar que la reunión en esa fiesta salga lo mejor posible — suspiré.
— Ni siquiera conozco a la dueña de esta invitación — volví a mirar la tarjeta.
— Nuestro abogado dice que es alguien de fiar y que posiblemente te caiga bien — sonreí.
— Bien, confío en Carlo y espero no arrepentirme de esto — Luis aplaudió y empezó a guardar todo — ¿Hay algo más? — Luis negó pero Akira asintió.
— Hay otro punto que me gustaría tratar — asentí una sola vez para que continuara — antiguamente y más que todo en mi cultura, para entablar y fidelizar uniones entre bandos contrarios se recurría a una costumbre que muchos les parecía … anticuada pero ortodoxa — Borgia y yo nos miramos de reojo — quisiera que … — se quedó callado procesando como continuar.
— Akira — llamé su atención — ¿Qué pasa? — suspiró seguro.
— Quisiera que tuvieras en tus posibilidades de tenerme como esposo en tu futuro cercano — abrí mis ojos de par en par — ¿Te gustaría casarte conmigo Artemisa? — abrí mi boca y me quedé pasmada.
— Mierda — exclamó Luis igual de conmocionado que yo.
Ambos nos miramos y lo volvimos a mirar a él, estaba serio, implacable y nos dio a entender que había sido muy serio con lo que dijo.
Sentí que el alma se me fue del cuerpo y mi corazón empezó a latir cada vez más rápido.
Akira Shirai tenía un poco más de un mes de conocernos y desde el primer día expresó que ambos estábamos unidos por el hilo rojo que creían en su país. La Yakuza y la ‘Ndrangheta, ambos nos habíamos unido para acabar con la Bratvá, pero esto tipo de unión nunca se me había pasado por la cabeza.