Había una vez un reino que vivía en paz y armonía. Un día nació un niño diferente a los demás, era pálido, sus ojos eran de dos colores y su cuerpo largaba un hedor repugnante. Por más que el niño se bañara, ese hedor nunca desaparecía; porque salía del interior de su piel. Su mamá vivía asustada, la atemorizaba que su hijo no pudiera ser normal como los otros niños, poco le importaba como era su hijo y sin falta siempre lo enviaba a clases
Ella lo veía como su pequeño y dulce Príncipe, por nada del mundo podía permitir que su pequeño se quedara en casa, para ella el era completamente normal. El hedor en su piel, solo era un hedor como cualquier otro, pero no le quitaba su naturaleza humana. Al menos eso pensaba ella, que su hijo era humano.
Todo estuvo bien por un tiempo, hasta que varios compañeros del niño, comenzaron a tener síntomas extraños; fiebre fuerte, tos seca, palidez extrema, derrames nasales y el extraño hedor que salía del interior de sus pieles. Mirar a esos niños era como ver a ese niño repugnante que nació ocho años atrás y que siempre fue aislado por la sociedad. A pesar de eso, nadie sospecho al principio que esa extraña peste provenía de ahí.
Todos creían que se debía a alguna enfermedad corporal, falta de higiene o brujería, pero nunca nadie sospecho del niño que vivía en esa misma ciudad. Un niño al cual no molestaban por miedo a contagiarse o por simple asco, incluso la madre era aislada por la sociedad. Todos pensaban que si el niño había nacido con semejante mutación, su madre no debía ser muy diferente.
Con el pasó del tiempo, todo se fue saliendo de control, la peste aumentaba enfermando a todos los niños. Cada vez se volvía más contagioso y los padres evitaban enviar a sus hijos a clases. Nadie entendía el porque estaba pasando eso.
¿Cómo podía pasar algo así? Los niños enfermaban rápidamente, tan rápido que era bastante inusual para las personas y eso perjudicaba bastante la ciudad. La gravedad subía de nivel, los padres cada vez estaban mas furiosos, los niños vivían con miedo y la ciudad estaba en un total ataque de caos.
La sociedad estaba sufriendo y las personas enloquecidas sin parar. Nadie comprendía que esta enfermedad extraña, solo atacara a los niños pero no a los adultos. Además parecía contagiosa, por cada niño enfermo otros diez pagaban las consecuencias, era una epidemia abismal e insoportable para todos.
La gente no se sentía segura, salían a la calle con tapabocas y una mirada de terror. Nadie se la quitaba y si veían niños enfermos simplemente disparaban, ningún adulto fue atacado por la peste pero no querían arriesgarse. Para ellos los niños eran la principal fuente de la peste y a menos que esto se arreglase, acabarían prohibiendo el nacimiento de mas niños que arrastren la peste.
"¿Qué es esta extraña peste que hace mutar a los niños?" Todos los periódicos tenían el mismo titular
Que ciegos han de ser estos humanos, nunca notaron de donde provenía exactamente la peste. Hasta ese día... el día en que el Alcalde descubrió que la peste provenía de este niño y que fue contagiando a sus compañeros por medio del aire. Lo catalogo como el niño peste y fue vetado de todos los lugares públicos, fue considerado un peligro para la humanidad y comenzaron a buscarlo para llevarlo lejos. Donde no pudiera poner en peligro a la humanidad.
Esta era una gratificante solución, aislar al creador de la peste seria la mejor manera de salvar a los demás niños y que las generaciones futuras no corrieran peligro. Esa era la solución que tenían en mente, olvidarse de que se trataba de otro ser humano, uno diferente pero ser humano en fin y acabar con sus ilusiones, su paz y sus ganas de vivir, solo para salvar una humanidad que decae en egoísmo y soberbia.
“Muerto el perro se acabo la rabia”
Esa frase la he oído tantas veces, egoístas humanos que solo creen en su propio bienestar y se olvidan que en el mundo hay miles de personas que sufren augurios desastrosos. Si te deshaces de una vida para salvar miles, puede ser la mejor solución pero no es moralmente correcto. Si le pones precio a una vida, todas las demás también tienen el mismo precio y pagaran la misma pena que el primero si son un riesgo.
¡Creo que es algo obvio!
La madre del niño estaba aterrada, no sabía que hacer para salvar a su hijo, ella solo deseaba una vida normal para el. Le rogó a los cielos por ayuda, pero no fue escuchada. Solo el diablo la escuchó, por beneficio propio pero igual la escucho. La peste era una terrible maldición que le atacaba y este le prometió a la mujer darle lo que tanto anhelaba, lo que tanto deseaba y acabar con el martirio en el que vivían desde hace ocho años.
Así la peste abandono al niño, el diablo le dio una vida normal pero prometió que volvería algún día a cobrar su precio, un precio que por años no fue pagado. La vida seria sencilla siempre y cuando las cosas se dieran como se debían dar. En esta vida nadie te da nada gratis, si algo es gratis sospecha, si es barato duda y si es caro; entonces acepta, nada es gratis y tampoco barato. Todo tiene un precio mas alto que pagar.
Tanto madre e hijo aprenderían la lección.
Pasaron veinte años y el pasado del niño fue sepultado, se olvidaron de la peste y de su deuda con el diablo. La madre ya fallecida y el niño casado con una bella mujer que conoció al cursar la preparatoria. A los veinte años se casaron y al poco tiempo tuvieron una hija. Una hija que en el presente cumplía ocho años, la misma edad de su padre cuando fue curado. En el hermoso y floral cumpleaños de la pequeña, el diablo hizo su aparición y con pose dramática se le presento a los esposos.
—Vengo por una deuda, una deuda que me debe tu madre. Esta deuda fue hace veinte años niño peste —El diablo sonrió irónico al ver la cara del hombre, al cual le recordaron un apodo que castigo su infancia sin tener ninguna culpa.
El niño peste había olvidado esa deuda, tantos años pasados que realmente no era algo que quisiera recordar, odiaba ese pasado que le había atormentado la exigencia. Era tan pequeño cuando lo vivió que su mente lo bloqueo de inmediato, ocultos pensamientos en lo mas profundo de su memoria, mas profundo que el mar y mas terrible que el triangulo de las Bermudas.
Era prácticamente la Atlantis en su interior, oculta, misteriosa, desconocida y desaparecida. Su esposa jamás supo de ese pasado, realmente el no hablaba de ellos y su madre hasta su muerte, jamás se lo contó. Si su hijo no la forzaba, la señora se habría llevado el secreto a la tumba, a la mas fría y tenebrosa tumba en medio de la oscuridad.
—¿Cual es su precio señor? —Preguntó el hombre con formalidad, con el diablo no hay que jugar, el lo sabía mejor que nadie.
—Ojo por ojo dice el dicho —El diablo río a carcajadas— Un niño de ocho años fue curado por mi, así que solo pido un niño de ocho años para pagarme —Esta vez dirigió su mirada a la pequeña niña parada un lado de su madre, la cual instintivamente escondió a su hija detrás de su propio cuerpo.
La mente de los esposos exploto en pánico, ¿Planeaba llevarse a su pequeña? Eso no era parte del trato, jamás estuvo en el contrato, no era parte del pacto tampoco. Nunca le había dicho que le quitaría a su hija, pensaba que tomaría su vida, la vida del curado, pero jamás la de su pequeña hija. Ahora entendía porque el diablo tardo tanto en aparecer, estaba esperando que la niña cumpliera ocho años.
—¿No hay otra manera de pagarle? Se lo ruego, no se lleve a nuestra hija —El padre imploro por su hija, arrodillándose. El diablo no parecía apiadarse.
El diablo sabia que el amaba a su hija, pero también sabia que le habían prometido pagar cualquier precio, cualquiera y no estaba en el contrato que se retractaran a su palabra. Decidió no apiadarse, le dio una vida normal, buena, alegre e instintiva. No tendría a esa pequeña si no fuera por el en primer lugar, ahora debía pagar por tal acto de bondad.
—Tu madre y yo hicimos un trato, yo cumplí mi parte y ahora tienes que pagar. Después de todo, esto no sería posible si no fuera por mi —Sus ojos estaban desorbitados— Querías una vida normal y te la di, tal vez pensaste que no volvería pero lo hice, ahora debes pagar tu precio, lo siento mucho —Largo con ira, al final con un poco de ironía. El diablo desapareció de la nada y la niña que se escondía tras su madre, tampoco estaba
Una voz se escuchó en el triste y frío ambiente, mientras el matrimonio lloraba abrazados y los invitados lamentaban con el semblante caído
"Todo lo que se debe eventualmente será pagado"