POV Elizabeth.
Si antes había atraído las miradas de los aquí presentes en este momento, parecía que estaba haciendo algo más loco, ya que todo el mundo se posó a nuestro alrededor, solo estamos un par de parejas bailando, incluyendo a mi querido hermano.
—¿Le pasa algo?
—No, es solo que siento que en este momento estoy llamando más la atención de lo que hice en mi presentación.
—Eso es, porque es usted una mujer muy hermosa, no debería de sorprenderle, más bien debería estar acostumbrada a ser el centro de atención ¿Quién no podría quedarse embelesado ante tal belleza? —Dice y realmente no sé cómo tomar sus palabras, más porque las dice mirándome directo a los ojos sin bajar la mirada y eso hace que dentro de mi pecho algo pase, algo desconocido.
—Gracias por haber cumplido, pero realmente no me gusta ser el centro de atención y creo que aquí hay mujeres mucho más hermosas.
—Permítame contradecirle, señorita. Para empezar, personalmente creo que no hay una mujer más bella en este baile que usted y en cuanto a no gustarle ser el centro de atención, digamos que en su presentación ante su majestad eso no se notó —Dice y suelta una pequeña sonrisa, eso hace que yo haga lo mismo y me quede aún más sorprendida de que eso lo haga verse aún más apuesto. Muevo mi cabeza al llegar ese pensamiento a mi mente.
—¿Le molestó lo que le acabo de decir? O ¿Por qué mueve la cabeza?
—No, no es eso, es solo que, creo que usted es todo un caballero. Gracias por sus palabras, me hacen sentir bien, no lo negaré, pero en definitiva creo que hoy abundan las mujeres lindas.
—Podría ser, pero para mí esta noche usted es la más hermosa —dice justo en el momento en que me hace girar y envolverme en sus brazos hasta quedar frente a frente. Su mirada es penetrante y eso hace que mi pecho suba y baje agitado y emocionado.
—Muchas gracias por el baile, mi Lord —digo y me separo de él, ya que la melodía ha terminado.
—No es usted quien debe dar las gracias señorita, soy yo el que está agradecido. Pensé que no lograría sacarle de su escondite.
—Digamos que solo usted podría haberlo hecho, vivo agradecida con usted, así que sería difícil negarle algo.
—Eso último me agrada escucharlo, en cuanto a que deba estar agradecida conmigo, no debería de sentirse así y le pido que no lo haga. Yo actué como era mi deber y estoy feliz de haber sido de su ayuda. Quiero que si nos volvemos a ver, nuestra cercanía sea por gusto y no por un deber, porque usted se sienta comprometida o agradecida conmigo.
—Eso será difícil y no es que no me agrade su compañía, al contrario, es usted un caballero bastante agradable, pero en mí sentir es que mi agradecimiento será eterno hacia usted.
—Está bien por ahora, dejémoslo así, aunque espero que sea más por gusto.
—Bueno, mi Lord, me retiro, me imagino que está usted aquí para buscar una joven que cumpla sus expectativas y no quiero distraerle más —digo y de inmediato me arrepiento. No debí decir eso, pensaría que me interesa saber.
—No negaré que, como todos los caballeros aquí presentes esta noche, se me ha encomendado la tarea de conocer a las bellas debutantes. Pero la realidad es que no estoy interesado en ninguna otra joven. Así que haré uso de lo que dijo anteriormente y le pediré no me deje solo, no gusto mucho de compartir con la sociedad, y si ven que usted me acompaña estoy seguro de que nadie se me acercara —Dice y de principio me emociono, pero al decir lo último comprendo por qué se me acerco, sabe que hoy estoy siendo repudiada por la sociedad debido a mi comportamiento ante su majestad, así que solo por eso desea estar cerca de mi ara que le aúllente a la gente.
—Entiendo, mi Lord, será un placer ser de ayuda ahora yo para usted. Me quedaré haciéndole compañía para ausentarle a todo el mundo —le digo sonriente, aunque por dentro eso de alguna manera me hace sentir triste.
A pesar de haberme jurado no bailar una sola pieza en este baile, no he podido negarme ante él y hemos bailado un par de piezas más. Todo el mundo está expectante ante mí cercanía con este hombre extraño, no sé si nos miran porque igual nadie lo conoce o por la sorpresa de que haya un audaz hombre cerca de mí después de lo que hice. Claro que no es que él esté a mi lado por gusto, meramente, sino para que sea su escudo.
Es un hombre muy inteligente, amante del arte, es todo un aventurero. Me ha contado un par de viajes fantásticos que ha realizado por la India; es realmente fascinante escucharle hablar.
Nuevamente, ha sido afortunado nuestro encuentro, su compañía ha hecho que esta noche en realidad sí se haya vuelto mágica para mí. Volver a verle y poder conocerle mejor ha sido una gran experiencia. Claro que no compartimos nombres ni nada, es obvio que él sabe quién soy yo debido a mi presentación. Pero es intrigante que yo no sepa nada de él.
Nos despedimos, sin una promesa de volvernos a ver, ni nada, solo una despedida. Estoy segura de que tal vez mañana él tenga que visitar a alguna joven o dar un paseo para conocer alguna y no, nos volveremos a ver.
—Hermanita, me has fallado, ¿qué hacías bailando con ese hombre? —Y aquí viene William con su interrogatorio.
—Pues bailar, ¿no lo viste?
—Qué graciosa, en serio. Habías jurado que no bailarías ni con nuestro padre, ni conmigo, cosa que sí cumpliste. —Mi padre solo me ve serio y mi madre sonriente, vamos ya en el coche camino a casa.
—Bueno, jurado como tal, no lo hice, solo dije que no lo haría, pero al final me animé, ya que estaba ahí, traté de disfrutar. —Trato de justificarme, no puedo decirles el motivo real del porqué me animé a bailar con ese caballero.
—Sí, claro, al final resultaste como todas las demás, que cayeron rendidas ante la presencia del Príncipe heredero de Austria.
—¡¿Qué has dicho?! ¿Príncipe heredero?
—Sí, ¿qué no lo sabías? Estuviste con él casi toda la noche, ¿y no sabías de quién se trataba? ¿Qué no se presentó? —Mi padre responde serio.
—No, bueno es que yo –Ay qué difícil es responderle a mi padre cuando te mira de esa manera tan seria y más cuando no tengo una respuesta, si le digo que no se presentó, dirá que es un grosero y no merece el desprecio de mi padre, pero tampoco puedo decir la verdad —Yo no pregunte, buen más bien no quise saber, solo me ayudo con algo y agradecí con un baile, pero es un caballero agradable y seguí la conversación. Pero nunca imaginé que se tratara del Príncipe heredero.
—Pues yo estoy feliz de que te hayas animado y que disfrutaras de la presencia de ese príncipe. Dios, mi hija, con un príncipe, nunca lo imaginé. —Mi madre dice emocionada y yo solo calló, porque yo tampoco lo imaginé, ni me lo esperaba. Que él fuera un príncipe.